LUNES 29 DE SEPTIEMBRE DEL 2003 / EDICION No. / ACTUALIZADA 02:27 a.m.





EL HUMOR DE




La vida de Renée

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. “Hoy, el hombre se encuentra con bastantes aprietos cuando no quiere ofender a una mujer, pero tampoco quiere dejar de ser un caballero. A veces no saben cómo reaccionar. Las mujeres logramos nuevas oportunidades, somos autosuficientes, luchamos por ser independientes”

 

Fabián W. Waintal

Todavía cuesta sacarnos de la cabeza a la adorable Roxie Hart de Chicago, aunque Renée Zellweger siga cantando en la nueva película Abajo el Amor (Down With Love) con Ewan McGregor. No habrá ganado el Oscar frente a Nicole Kidman, pero estuvo cerca, llevándose al menos un Golden Globe como Mejor Actriz.

Frente a la sensual mirada que acompaña con la suave forma de hablar, en medio de un reportaje en Beverly Hills, recuerda la imagen que sólo Marilyn Monroe pudo lograr en Hollywood. Semejante comparación plantea una particular polémica, pero no quedan dudas que Renée Zellweger ya logró imponer, con letras mayúsculas, un nombre tan difícil de deletrear.

—¿Le gusta que la comparen con Marilyn Monroe?

—No es para tanto. Igual es un elogio. A lo mejor me parezco por las pestañas postizas que usé en la película Abajo el amor, pero realmente no le presto atención a las comparaciones.

—¿Pero siente la presión de tener que estar siempre bien físicamente, por ser tan famosa?

—Espero que no. Realmente no me gusta que me vean solamente por el físico. Quiero seguir siendo una chica normal, que se prueba zapatos altos y posa provocativa frente al espejo. No me interesa la clase de trabajo que sólo viene por la belleza o depende de la imagen. No le encuentro ninguna recompensa. Espero no tener que preocuparme demasiado por mantenerme linda todo el tiempo. No quiero. Es demasiado trabajo. Además, con el maquillaje, soy alérgica a ciertos polvos. No quiero estar siempre perfecta. Sentarme en una silla para que me maquillen, es lo más difícil para mí. Cuando lo hago, pienso en lo que vivían las actrices de otras épocas, como Marilyn Monroe, que tenía que hacerlo cada día de su vida. Y agradezco al cielo que lo mío, pase también por otro lado, que nos valoran por algo más que una cara linda.

—¿Y es de cuidarse en las comidas? ¿Se fija demasiado en cómo se ve en el espejo?

—Para nada. Como bolsas enteras de ‘Doritos’ y mi café preferido es Starbucks. Los dulces, no me tientan. Y cuando filmando tuve que comer unos chocolates que me dieron, sin azúcar, no me cayeron nada bien. Si llego a tener problemas de estómago, ahora conozco la solución.

—¿Pero es verdad que va a volver a engordar para filmar una segunda parte de El Diario de Bridget Jones?

—Es algo de lo que siempre se habló. Hace tiempo que vienen publicando que engordo o que pierdo peso o engordo de nuevo. Y la verdad, me pongo triste cuando leo cosas así. ¿Sabes por qué? En mi trabajo no te tengo que gustar físicamente, sino en la forma en que presento un personaje de una película determinada. Amo a Bridget Jones y si tengo que interpretarla de nuevo, quiero ser tal cual como ella es. Quiero ser auténtica. Y lo bueno de ese personaje fue vivirla en todo sentido. No quiero hacerla de nuevo, si no puedo ser auténtica. ¿Cuál es el sentido? Es triste que el peso signifique que soy una persona diferente o que tengo un sistema de valores distintos por usar una talla más grande de jeans. No es el caso. Soy completamente diferente a Bridget Jones. Y en términos de saber si vamos a hacer otra película, todavía no puedo darte una respuesta. Estamos hablando, trabajando en el guión para lograr algo especial.

—¿Entonces está sola? ¿No sale con nadie?

—Es que nadie me lo pide. No sé por qué. Tampoco voy a parar a alguien que me guste para preguntarle “Disculpe... me pregunto si no se le cruzó por la cabeza invitarme a almorzar...” La verdad no soy de conocer gente nueva. Y cuando lo hago, tampoco me hablan de cosas normales. Yo no puedo darme el lujo de ir a un bar y volver a casa con el teléfono de un hombre para ver lo que pasa después. No puedo.

—¿Y con respecto al amor al prójimo? ¿Es verdad que está ayudando a recaudar fondos para investigaciones sobre el cáncer de mamas?

—Sí, sí. Participé en un maratón y fue increíble ver tanta gente que apareció para darle una mano a otras personas que ni siquiera conocen. Fue hermoso ver esa clase de bondad, especialmente en un momento donde la economía no permite que la gente ayude. Cosas así te devuelven la fe. Vivimos tiempos tan malos en los últimos dos años, que el evento hizo brillar a todo Times Square de Nueva York.

—¿Eligió las investigaciones del cáncer de mamas por alguna razón en particular?

—Para serte honesta, es algo que me motiva, porque hace dos años casi pierdo una amiga, por cáncer de mamas. Y me inspiró ver lo bien que le hizo las investigaciones que se logran gracias a las contribuciones de fundaciones así. Por eso se me ocurrió que era hora de poner manos a la obra, para agradecer de alguna forma.

—¿Siempre corre maratones parecidas?

—Siempre que puedo, sí. Es increíble, porque no se siente ningún esfuerzo. Te incentiva el motivo. Te hace apreciar las cosas, encontrando una razón para hacer el bien. Me gusta ver el nombre en las camisetas que lleva la gente, pensando en un amigo o una abuela que no sobrevivió; te da ganas de seguir, pensando que otro amigo y otra abuela, sí van a sobrevivir. Cada paso que daba, me acordaba que hoy puedo disfrutar de mi amiga Nancy, por todo el esfuerzo que hace esta gente. Antes había perdido a otro amigo de cáncer y verlo, fue algo terrible. Por eso me dio gusto calzarme y salir corriendo a agradecer. Es maravilloso pelear por una causa tan especial.

SUS JÓVENES DESEOS

Con jóvenes 24 años cumplidos el 25 de abril, Renée Kathleen Zellweger se crió en la tejana ciudad de Katy, con un difícil apellido que heredó del padre suizo, Emil Zellweger, además de la dulzura materna que legó de mamá Kjellfrid.

La actuación no viene de familia, porque el padre es ingeniero y la madre enfermera. El gustito artístico surgió en las obras estudiantiles que Renée protagonizó en la Escuela Secundaria. Y mientras tomaba clases en la Universidad de Texas empezó a buscar los primeros trabajos.

Era una completa desconocida cuando conoció a Matthew McConaughey y consiguió la primera oportunidad, cuando el director Cameron Crowe la prefirió a ella, por encima de Winona Ryder, Bridget Fonda o Marisa Tomei, para acompañar a Tom Cruise en Jerry Maguire.

Después, se dio el lujo de aparecer como contrafigura de Meryl Streep en One true thing y pasó la barrera del millón, cuando cobrando cinco millones de dólares con la comedia Bridget Jones’s diary (aumentando 10 kilos para filmar la película); duplicando la cifra (los dólares, no los kilos) a partir de Chicago y la nueva película Down With Love. “¿La viste? ¿Te gustó?” pregunta Renée entusiasmada, agregando sus propios comentarios: “A mí me encantó. Es inteligente. ¿No? Filmarla fue como pasar tres fines de semana seguidos”.

—¿Sueña con el éxito de una película cuando acepta un nuevo trabajo?

—No creas. Trato de no pensar en esas cosas. Cuando leo un guión me gusta sentir, imaginarme lo que vive el personaje. Y si busco un punto en común, elijo los personajes que imponen ciertos desafíos y cambian al intentarlo... o no, como el caso de Roxie Hart. Es el elemento que a mí me gusta.

—¿Y en el caso de la película Abajo el amor?

—Me encantó la feminidad de mi personaje, la personalidad que tiene, la energía, la moda...

—¿Cuántos vestidos realmente se probó, con la moda tan particular en esta película?

—Se sintieron como cien mil tres. Teníamos mucha curiosidad por ver diferentes combinaciones. Hacíamos reuniones, para hablar de lo que íbamos a hacer y yo pude elegir mi propio vestuario. Para cualquier mujer, es el mejor desafío. Y cambié de opinión, también como cualquier mujer. Pero fue grandioso cómo los sastres lograron réplicas de los mejores diseñadores de aquella época. Lo digo con entusiasmo porque me sorprende de verdad, lo que lograron. Es arte, un arte que yo no puedo lograr.

—¿Fue divertido preparar un personaje de la década del 50 y 60?

—Sí. Me encanta. Es lo mejor de mi trabajo, porque con cada película, aprendo algo nuevo preparándome para un personaje y desarrollo un lado personal que no conocía. Es la base de la experiencia y suma talento, en cierta forma. El hecho de prestar atención expone siempre cosas nuevas. Mi viaje a Transilvania fue genial. Si no fuera por el cine jamás hubiera ido a un lugar donde hay tantos cambios sociales. Investigar sobre un personaje es mi juego favorito. Lo amo. Me pierdo investigando.

—¿Es admiradora de las viejas comedias de Doris Day y Rock Hudson?

—Totalmente. ¿A quién no le gustan? Cuando las veo, no quiero que terminen, por lo divertido que son, el sentido de la realidad, la energía, el color, el humor tan inteligente. Y es divertido recordar los temas tabú de la época, viendo qué tan lejos podían tocar o mostrar en el cine. Me gustan, sí. Las descubrí hace poco y por eso hay muchas películas de Doris Day que todavía no vi, pero me gusta la típica chica romántica. Es como cuando iba al colegio y alguien me perseguía, en tercer grado, para hablarme de cerca, con un amor platónico que crece sin siquiera tocar al otro. Es lo mismo.

—¿Nota el cambio de la sociedad comparando los años 60?

—Son demasiados cambios. Es confuso, especialmente para los hombres, por todas las puertas que se abrieron para las mujeres y las tradiciones que cambiaron dramáticamente en los últimos 25 años. Hoy, el hombre se encuentra con bastantes aprietos cuando no quiere ofender a una mujer, pero tampoco quiere dejar de ser un caballero. A veces no saben cómo reaccionar. Las mujeres logramos nuevas oportunidades, somos autosuficientes, luchamos por ser independientes. Ya podemos pagar nuestras propias cuentas y no dependemos de un hombre que nos cuide en ese sentido. Las mujeres ya no necesitamos casarnos para crear una vida propia.

LOS ROMANCES

Aunque no lo reconozca, la belleza particular de Renée Zellweger es parte del éxito. Y como buena estrella de cine, Renée inundó páginas de revistas con sus romances famosos. Primero, al lado de Jim Carrey, cuando recrearon en ficción y realidad, aquel amor que protagonizaron con la película Me, Myself & Irene, terminando abruptamente en el invierno del año 2000, aunque planeaban casarse. Antes, había estado de novia con el director Josh Pate de su película Deceiver. Y soltera y codiciada, sólo tuvo la compañía del perrito Dylan, cuando filmó en Toronto la película Chicago.

Pero no es tímida a la hora de confesar su amor por el coprotagonista Ewan McGregor, aunque sea casado. “Somos amigos desde hace tiempo, pero yo soy su admiradora desde antes”. También se habla de un secreto noviazgo con George Clooney, pero los dos insisten en mantener una simple amistad. “¿Por qué voy a repetirte que no es mi novio si realmente lo fuera?”, plantea una sonrojada Renée, “sería la primera en decirlo. ¿Qué mujer no lo haría? No estoy saliendo con él y es una lástima, porque todas deberían salir con George Clooney. Es maravilloso y una persona muy querida en mi vida. Es mi mejor amigo”.
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