Teme a la fatiga de los donantes
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Henry Campos Dedemadyz, segundo comandante de bomberos voluntarios de la Dirección General de Bomberos.
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Emiliano Chamorro emiliano.chamorro@laprensa.com.ni
Henry Campos Dedemadyz es el gerente de ventas de la empresa Maseca, pero cuando los bomberos lo llaman no vacila en ponerse el casco y el uniforme. Desde los 16 años es bombero voluntario, influenciado por su padre que fue uno de los fundadores de los Bomberos en Granada en los años 30.
En el escritorio y en las paredes de su oficina se leen mensajes y recomendaciones sobre qué hacer ante un incendio u otro desastre.
Campos preferiría que los bomberos se unificaran, porque las diferencias entre ellos ha creado un ambiente hostil y conduce a que “la ayuda internacional se fatigue”.
Con un solo Cuerpo de Bomberos, opina, compartirían más conocimientos y trabajarían mejor en la parte operativa, para beneficio de la población.
Campos es un bombero sin salario. Lo hace por “salvar vidas, porque me nace ayudar”. Es el segundo comandante de los bomberos voluntarios de la Dirección General de Bomberos, institución adscrita al Ministerio de Gobernación.
Como bombero ayudó a los afectados por las erupciones del Cerro Negro y el maremoto del dos de septiembre de 1992, que arrasó con las costas del Pacífico de Nicaragua.
Los bomberos de tiempo completo tienen un salario de un mil córdobas por mes y “hacen su trabajo con amor”, explica Campos.
LAMENTA ABANDONO
Él se queja de que en Nicaragua ni el Gobierno ni la empresa privada “le ponen mente” a los bomberos, les ayudan poco, a pesar de que su labor beneficia a toda la sociedad.
Asegura que trabajan con equipos descartados, trajes usados contra incendios y camiones que, aún viejos, no los pueden comprar por falta de recursos.
El precio de un camión escalera es de un millón de dólares, aunque usado puede valer 100 mil dólares. “Resulta imposible comprarlo”, afirma.

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