Reportaje Especial
Hazaña de bombero: De la fiesta a la hoguera
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Entró solo y sin equipos a la casa en llamas, donde tropezó con la pareja agonizante. Los hijos también estaban quemados, aunque con más posibilidades de sobrevivir |
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Mario Montiel, es considerado un bombero heroico por sus compañeros y por los ciudadanos que ha salvado. LA PRENSA/R. CONATY
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Emiliano Chamorro emiliano.chamorro@laprensa.com.ni
Era el seis de octubre de 1991 y a las dos de la madrugada Mario Montiel venía de una fiesta. Al pasar cerca de Ciudad Jardín escuchó una explosión y su instinto de bombero le obligó a girar su motocicleta para ir a ver qué pasaba.
Una vivienda estaba envuelta en llamas por la explosión de un tanque de gas butano en la cocina. El bombero, con 21 años de edad entonces, dio vueltas alrededor de la casa y notó que en el costado sur había un pequeño espacio para entrar.
De una patada tumbó un latón, cerca del porche donde estaban los carros de la familia, y pidió a gritos a los vecinos, que miraban estupefactos, que llamaran a los Bomberos.
¡HORROR!
Ya dentro de la vivienda escuchó gritos desgarradores pidiendo ayuda.
Mario se topó con los cuerpos de un hombre y una mujer, quemados casi por completo. Uno a uno los tomó en sus brazos hasta sacarlos. Eran el rector de la Universidad Nacional Agraria (UNA), José Andrés Mejía, y su esposa Ileana Cano Taleno.
Estaban desnudos, sus vestiduras habían sido consumidas por las llamas. Tenían el 95 por ciento de la piel quemada, pero aún con vida. “Nunca lo voy a olvidar”, dice Mario.
El bombero también logró sacar a los cinco hijos del matrimonio Mejía Cano, con quemaduras graves en diferentes partes del cuerpo. Éstos lograron sobrevivir, pero no sus padres que fallecieron dos días después.
La vida de Montiel estuvo en peligro ese día cuando explotó un segundo tanque de gas y la onda lo lanzó por los aires hasta estrellarlo contra un portón. Quedó atontado, pero a los minutos reaccionó. Tenía quemaduras leves en su mano derecha y todavía pudo sacar a Brenda, una de las hijas del matrimonio Mejía Cano, quien tenía los pies quemados.
Está sentado en el Cuartel Central de la Dirección General de Bomberos, recordando la tragedia. Mario Montiel tiene ahora 33 años y le cuesta olvidar escenas que le han sacado lágrimas. Sus compañeros dicen que “nació para ser bombero”.
Es padre de siete hijos y quiere ser bombero hasta que muera. “Quiero seguir salvando vidas”, dice.
MURIERON EN MISIÓN
El 4 de enero de 2003, el capitán del Benemérito Cuerpo de Bomberos, Orlando Rivas Fletes, y el bombero adolescente Francisco Javier Collado, de 13 años, murieron en un accidente de tránsito, cuando se dirigían a una misión.
Ese día un bus de la ruta 162 desatendió la sirena de la unidad apagafuegos código 35, conducida por Rivas, y se cruzó la vía frente al edificio de la Asamblea Nacional, en Managua.
El 8 de junio de 2003 dos bomberos se ahogaron en las aguas del Lago Cocibolca, al hundirse la panga que los transportaba. Ninguno contaba con equipos salvavidas.
En este accidente falleció el capitán Manuel Mejía, con más de 50 años en el servicio bomberil, y Juan Masís. Sobrevivió el teniente César Urbina Selva. Ellos eran miembros del Benemérito Cuerpo de Bomberos de la ciudad de Granada.

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