Niños
Me encuentro bastante preocupado por el caso de los niños de Quezalguaque. Ya ha transcurrido más de un mes después del supuesto hallazgo de tráfico de niños a España, y toda la euforia inicial se ha convertido en violación de los derechos humanos individuales y de familia a los supuestos involucrados; atropello a la dignidad de un sacerdote católico del que no hay necesidad de hablar bien porque sus obras lo han hecho; señalamiento de algunos profesionales del derecho que han hecho uso de la fe pública de la que han sido investidos, transcribiendo la voluntad de los que han solicitado sus servicios.
Lo triste del asunto es que muchos piensan ahora que no es recomendable hacer el bien ni a moros ni a cristianos. El presente caso refleja que aquéllos que directa o indirectamente han tenido que ver con este asunto tenían la motivación especial de ayudar al desvalido, al más pobre, al sin futuro. Qué orgullosos deben haberse sentido ab-initio al pensar que estaban haciendo una buena obra: que estaban participando en la proyección de una familia sin horizontes, pero ahora la misma participación los convierte en cuasi criminales de horribles delitos.
Hoy no es recomendable hacer el bien a los demás pues a la postre es hacerse el mal a uno mismo. Espero que los encargados de administrar justicia, si hay un caso, actúen estrictamente conforme a derecho, dando con responsabilidad a cada quien lo suyo y a Dios lo que es de Dios.
Juan Cisneros Baltodano

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