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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 27 DE SEPTIEMBRE DE 2003
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La Habana como suite

Foto  
.Diálogo con Fernando Pérez, director de la película Suite Habana.

Escena de la película Habana Suite.

 

Pablo Gámez*

Como su nombre lo sugiere, la película Suite Habana es una invitación y viaje muy íntimos a la vida diaria de los cubanos y a todo lo que la envuelve y determina. La crítica ha sido unánime al señalar que se trata de la mejor película producida en la Isla desde que se rodara Fresa y Chocolate. Fernando Pérez, su director, logra con Suite Habana un relato tierno pero también desgarrador, donde los personajes son reales y representan las caras del día a día de La Habana y Cuba. El único diálogo del que se vale Fernando Pérez es el que sale de la garganta misma de La Habana: sonidos, expresiones e imágenes que en ningún momento ocultan el desastre y decadencia a la que ha llegado la capital cubana y la vida de sus habitantes. Fernando Pérez fue ganador en el año 2000 del Goya al mejor largometraje de habla hispana con su película La vida es silbar.



¿Es acertado considerar a Suite Habana como un momento de intimidad en la Cuba de hoy?

Siento que sí. Es una película que no fue hecha como un espectáculo. Recoge momentos de la vida cotidiana, momentos muy simples y sencillos. Es una película que trata de reflejar la realidad tal y como es. Lo intenta hacer desde un punto de vista no altisonante, es decir, común: en este sentido es una película desdramatizada, como efectivamente usted me lo plantea, es un filme muy íntimo.

La crítica especializada considera que Suite Habana queda a medio camino entre el documental y la ficción. Es decir, un terreno no habitado que nos enseña una película de gran originalidad y profesionalismo. ¿Desde el inicio supo que Suite Habana no sería ni documental ni tampoco ficción?

Le confieso que desde el inicio estaba muy inseguro: no sabía realmente qué iba a salir de la propuesta que estábamos trabajando. Poco a poco fui pensando que la película tenía mucho de documental. Su punto de partida, de hecho, fue una idea documental, porque los personajes son absolutamente reales. Me explico: no hay nada que se haya cambiado. Todo es como ellos viven normal y cotidianamente. Pero la puesta en escena, la manera, la mirada, las imágenes, están hechas un poco al estilo del cine de ficción. Siento que en el cine contemporáneo los géneros del documental y la ficción van perdiendo un poco sus fronteras y va surgiendo ese nuevo lenguaje del cual Suite Habana también participa.



¿Hasta qué punto le fue ésta más positiva que negativa?

Por lo menos en mi caso toda creación artística parte de la inseguridad. Creo que no existen fórmulas para la creación artística, porque se trata de una búsqueda constante. Y una búsqueda en la que a veces uno ignora lo que va a ocurrir. Recuerdo la cita de un poeta hindú que decía: busco lo que no encuentro y encuentro lo que no busco. Es decir, que me dejo guiar muchísimo por la intuición. Y por lo tanto me gusta hacer un cine arriesgado. La incertidumbre, para constar directamente a su pregunta, es positiva, por lo menos en mi caso.



¿Por qué escoge la que nos enseña en el filme?

Al inicio estaba tentado a dar toda La Habana, en sus diferencias y en su totalidad. Sin embargo, sentí que no era capaz de hacerlo. La Habana son demasiadas cosas y al mismo tiempo una fuerza. Creo que se pueden hacer muchísimas películas sobre esta realidad. Poco a poco fuimos decantando la idea de que era esta Habana más común, más simple y representativa la que nos interesaba dar. Por otra parte es una Habana que por ser tan cotidiana no aparece mucho en los medios de comunicación cubanos ni en los extranjeros. Es una Habana que está ahí, que forma parte de nuestra realidad y es la que menos se representa.



¿No le parece que la mejor crítica que le pueden hacer como director de este filme es cuando los espectadores confiesan que lo que han visto en la pantalla no es más que un resumen de sus propias vidas?

Eso ha superado completamente mis expectativas. Para mí hay siempre una prueba de fuego cada vez que hago una película: se trata de la confrontación con el público cubano. Lo que sucedió en el cine Chaplin, en las cinco semanas que la película se exhibió, realmente superó todas mis expectativas. Creo que es un fenómeno que va más allá de la película. El público ha respondido con mucha emotividad e identificación. Con el tiempo tendré que asimilar por qué se ha producido esto. Ahora no tengo una explicación convincente. Lo único que sé es que la película es la responsable de este fenómeno. Por delante tenemos una prueba importante y es de cara a España en el festival de cine de San Sebastián. La película se enfrentará a un público que no es cubano. A partir de ese momento veremos si el efecto de encanto se conserva o desaparece. Digo que no es lo mismo ver Suite Habana en la sala del cine Chaplin donde se crea una energía por el público predominantemente cubano, a verla por un público totalmente europeo. Será interesante comprobar si se logra establecer el mismo nivel de comunicación, o, si será una nueva experiencia a partir de ahora.



Parte del secreto de Suite Habana se encuentra en los personajes. ¿Cómo llega a escogerlos?

Conocía a algunos de esos personajes. Suelo caminar La Habana. Es la ciudad que me gusta ver y compartir. Observarla para vivirla y hacer películas. A algunos de los personajes los conocía, quizás no personalmente, pero sí de verlos por las calles de mi ciudad, ya que se trata de personajes muy representativos. El saxofonista, por ejemplo, fue el primero que conseguí. Es amigo y vecino mío. La viejita que vende maní es un ejemplo de los muchos viejitos que usted encuentra en La Habana vendiendo periódicos y otro tipo de cosas para sobrevivir, porque la jubilación no les alcanza.



¿Considera que Suite Habana se aparta de la corriente principal de las recientes producciones del cine latinoamericano?

Me siento parte de un movimiento que es el cine cubano. Por lo menos el cine que se hace después de la revolución tiene una reafirmación de nuestra identidad. Nosotros no hacemos cine por ganar dinero, sino cine por establecer una comunicación y por expresar algo. Creo que eso es también lo que alimenta lo mejor del nuevo cine latinoamericano. Creo que lo define al cine de esta parte del mundo es también la diversidad y la búsqueda.

*Periodista Agencia Artgos Int.  
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