Entrevista
Federico Hernández, entre la literatura y la política
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 | El escritor, periodista y politólogo Federico Hernández,
a sus 28 años permanece soltero, es Diputado Propietario de la Asamblea Legislativa salvadoreña y ha publicado
varios libros entre ensayos, narrativa y poesía. En su reciente libro presentado en el Palacio Nacional de la Cultura, Apología del Cinismo, reúne parte de su poesía reciente, se abordan: el amor, el poder y la muerte |
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Marta Leonor González marta.gonzalez@laprensa.com.ni
En una visita relámpago al país, esta semana el escritor salvadoreño Federico Hernández Aguilar, presentó su reciente libro, Apología del Cinismo, poemas de su última cosecha, una muestra donde se reúnen los grandes temas de la literatura: el amor, el poder y la muerte. Con más de ocho libros publicados, la prensa salvadoreña lo ha llamado El cachorro de la derecha, evidentemente por su afiliación al partido ARENA, y su destacada participación desde muy joven en la política.
Es autor de varios libros; Con el Permiso de Ustedes (1997); El segundo verbo (Poesía, 1997); Inconclusiones (Cuatro ensayos filosóficos, 1998); Mordiendo la manzana (Poesía, 1999); Gotas (Aforismos y epigramas, 1999); Brusca prosa (Ideas, juicios y vislumbres, 1999), Once maneras de iluminar mi sombra (Poesía, 2000) y Juegos de Manos (Cuentos 2001).
Para él, la política y la literatura siempre van de la mano. A propósito de su visita, y la presentación de su libro, en uno de los salones del Palacio Nacional de la Cultura, conversamos acerca de su punto de vista de la literatura salvadoreña, la política y su creación literatura.
Mientras hablamos de esos grandes y polémicos temas; él es muy concreto, claro en sus planteamientos, proyecta mucha seguridad, repite de memoria sus versos, es jovial. La conversación inicia y yo sólo tengo hartas preguntas.
LA LITERATURA
¿Cómo te integras a la literatura? ¿Cuándo es que decidís ser escritor?
De niño tuve una gran maestra, mi abuela materna Ruth Salazar, una mujer extremadamente culta, me enseñó a leer, tengo una cuarteta que está inspirada en sus enseñanzas, me dijo; que leer no es sólo pasar la vista por las palabras, sino captar lo que estás leyendo. Murió en 1974, me heredó una de las bibliotecas más grandes de las que hay en el país. Creo que esos fueron mis inicios. Tuve conciencia de ser escritor cuando salió mi primer libro en 1997.
¿El entorno familiar de tu niñez determinó en tu carrera de escritor?
Mi infancia y adolescencia fueron muy comunes, no hubo mayores sobresaltos, fue normal en cuanto a la relación con mis padres y mi hermana, obviamente con muchos sobresaltos por la guerra, mi generación creció durante el conflicto armado. Nos tocó vivir cosas que probablemente muchos niños y adolescentes latinoamericanos no viven, es decir, acostumbrados a ver muertos en la calle, en medio de un enfrentamiento armado. Viví la muerte de un ser querido, cuando durante la guerra mataron a dos tíos y un primo.
¿Cómo ese contexto influyó en lo que escribís?
No influyó. Pero sí en la forma en la que veo el mundo, por eso soy un pacífico a ultranza. Ahora, no me refiero a los pacifistas que andan en el mundo “amor y paz”, sino que trato de hacer un pacifismo coherente, entendiendo que la paz es un resultado de múltiples condiciones, estoy trabajando para que esas condiciones en mi país existan.
No escribo sobre la guerra, no es un tema que me interese, además en un tema que ha sido tremendamente sobre explotado.
Si la literatura es sólo leer, leer y escribir, escribir. ¿Cómo es tu vida de escritor?
Es cada vez más complicado, cuando vas tomando actividades extraliterarias, hay menos tiempo para leer y escribir. Sin embargo, se hace el tiempo para escribir algo, aunque sea en la madrugada.
¿Apología del Cinismo, marca algo diferente al resto de tus otros libros?
Sí, saltos en cuanto a formas y me atrevo a decir que domino la forma, al menos el endecasílabo, el octosílabo, y el heptasílabo, formas que me han seducido desde niño.
LA POLÍTICA
¿Vos no estás escribiendo sobre la guerra, pero tus contemporáneos lo hacen?
Sí, es lógico, muchos lo hacen por añoranza de la guerra, a muchos les interesaría que hubiera conflicto en El Salvador, otros porque pretenden darse a conocer a través de una vivencia que no tuvieron, hay muchos poetas que se llenan la boca hablando de la guerra y jamás estuvieron en ella.
¿Dijiste que hay mucha gente que le gustaría que hubiera guerra?
Claro que sí, conozco más de una decena de intelectuales que darían un brazo porque en el país estalle otro conflicto bélico, ellos de alguna manera tuvieron preponderancia en medio del conflicto, una vez que cesa el conflicto y termina, ellos pierden como poetas, porque esa urgencia que les llevaba a escribir sobre la guerra, y lo hacían urgentemente ya no existe, se sienten desnudos sin motivos para escribir. En cambio, para otros hay otros motivos; una flor, un pájaro muerto, una nube que se estanca cerca de un semáforo, la realidad sea cual sea.
Alvaro Mutis planteó “El escritor debe dedicarse a la literatura y huir del canto de las sirenas del poder” ¿Qué decís al respecto desde tu visión de escritor y político?
Don Alvaro Mutis en eso está totalmente equivocado, me extraña de él que siempre estuvo cerca del poder, hay que ser coherente, creo que más intelectuales deberíamos de colocarnos en la política, estoy convencido de eso, lo veo con mi propia experiencia. Me acerqué al poder con muchas inquietudes, con muchas aprehensiones, dudas, y al mismo tiempo muy esperanzado, me interesaba entrar en la política, porque creo que hace falta pensamiento en la política salvadoreña y centroamericana.
Hace falta mucho criterio, sensibilidad, empatía que son características de los artistas. Nunca le he tenido miedo a verme destruido como poeta por el poder, porque no creo en eso, sino como tuviéramos a un Roque Dalton en política, a un Jorge Luis Borges, Pablo Neruda, y si están ahí vivos, palpitantes, esos poetas en su obra, se puede ingresar a la política y salir indemne como artista.
¿La experiencia nos ha dicho que a los intelectuales nunca les va bien en la política?
Me seduce el poder primero como intelectual, como sujeto de estudio, como objeto. Desde la política un intelectual puede hacer mucho por su país, si es honesto con él mismo y con el país, si tiene formación humanista que puede estar al servicio de sus ideas políticas, es mucho mejor.
¿Encontrás algún compromiso político en los escritores de tu generación?
Mi generación es del escepticismo y eso tiene que ver con la política, veo a mis contemporáneos a los de mi generación, los veo escépticos porque me veo solo.
En su mayoría mi generación abomina el poder, entiende el poder como lo entiende un intelectual superficial, que es un monstruo que te puede devorar. Una cosa interesante es que todos se quejan de la literatura salvadoreña, yo les digo qué van a hacer por cambiarla, de quejarse no van a comer, la política no se cambia a control remoto, se cambia.
¿Qué pasó con el pensamiento de Dalton en las nuevas generaciones?
Creo que los que pueden ser influenciados por él, son contaditos con los dedos de una mano.
¿Goza la literatura de El Salvador de buena salud, qué nombres podes dar?
(Risas). El organismo vivo de la literatura salvadoreña actual padece muchas enfermedades pero también mucha fortaleza. Carlos Clara, un poeta joven; Luis Alvarenga, un gran ensayista; Otoniel Guevara, un poeta importante; Carmen González Huget; David Escobar Galindo, siempre me sorprende como narrador y como poeta; Mario Noel Rodríguez, Ricardo Lindo, Alfonso Kijadurías que es fantástico, hay más poesía de la que había hace veinte años. 
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