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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 27 DE SEPTIEMBRE DE 2003
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Minicuentos
La malinche de Monimbó

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Bayardo Quinto Núñez

— Qué crueldad, maldad querían cometer, le comentaba Flavio a Donald. Servía de intérprete... Fue el símbolo de la traición, pero cuando desconcertada por haberse enamorado del arte del intelectual echó pies atrás. Era el corifeo del mal, quiso acabar con todo.

Todo fue orientado para poner silencio con un ademán y recitar el réquiem al excelente amigo y poeta, pero no tuvo suficiente valor para acabar con la poesía y la pintura. Todo se frustró y la poesía y la pintura continúan imperando, todavía no hay fallido.



Mis condolencias

Don Guadalupe viajaba hacia los juzgados en un taxi color negro, y al pasar por una esquina de la ciudad, una dama de buena estatura, ojos color almibarados, tez blanca, vestía pantalón y blusa negra con rayitas blancas.

La dama abordó el taxi y sabrosamente le comentaba a su amigo taxista, que se había quedado viuda, que su marido se había muerto.

— Pero cómo es eso, preguntó el amigo taxista.

— Bueno, es que él me abandonó por otra mujer más joven que trabaja como empleada de una familia adinerada, contestó la dama.

— Te dejó a vos que sos una profesional egresada de la universidad, inquirió el amigo taxista.

— Yo también soy viudo, replicó Guadalupe, y a usted distinguida y bella dama le ofrezco mis condolencias, pero no visto de negro como usted. Los tres se lanzaron tremenda carcajada...



Con sangre

El reloj tiempo se ha esmerado en actuar en algunos casos a favor y otros en contra de las personas nobles. Pero qué pasó. Fue condenado a muerte, recibe la cruz. Cae, por primera vez. Encuentra a su madre. Cirineo, ayuda. Impresión de la Santa Faz. Cae, por segunda vez. Consuela a las mujeres. Cae, por tercera vez. Es desnudado. Clavado, muere y bajado y puesto en su Santo lugar. Ese fue y es el destino del mundo del cual nos servimos, acabar con lo bueno a cambio de lo Protervo, qué ironía de la vida, ¡verdad!, le expresó Zorayda a Zaida.

— Quiere decir que aquí en la Tierra somos Cristo sin Cruz, le inquirió Zaida a Zorayda.

— Pues claro, acaso no vez que esta vida está repleta de sufrimientos que nunca acaban, y estamos como condenados a cargar esa cruz simbólica, en este caso es el sufrimiento por la vida y sus quehaceres, replicó Zorayda. Qué dilema de la vida.  
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La malinche de Monimbó