Narrativa
La muerte del chocoyo
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Yves Tanguy (1900-1955) Sin título, Fundación Ortiz-Gurdián. |
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Gilberto Bergman Padilla*
La algarabía de los estudiantes de veterinaria en el Campus de la Universidad de Ciencias Comerciales en Nagarote era contagiante, por primera vez los estudiantes iban a operar, se trataba de castrar a 17 toretes y el más entusiasta era yo, pues esperaba que los testículos me los llevaran a mi casa para comérmelos bien asados en una parrillada. De pronto de un árbol se desgajó una enorme culebra, no podía ni moverse del suelo, ya que acababa de engullirse un hermoso zanate.
Capturaron a la boa y la metieron en un saco, la trajeron a Managua, le hicieron una urna de vidrio y así se convirtió en la mascota de los estudiantes de veterinaria, los estudiantes la alimentaban con pollitos, ratones y pajaritos, etc. En lo personal me disgustaba ver semejante culebra que cada día crecía y crecía. Cuando la encontraron medía metro y medio y en tres semanas ya alcanzaba los cuatro metros.
La boa fue bautizada con el nombre de Lisboa, en las oficinas de la Facultad de Ciencias Agrarias, además de tener a Lisboa tenían en el pasillo dos hermosos chocoyos que también eran alimentados por los estudiantes. Como todos los sábados el Decano de la Facultad cerró sus oficinas dejando suficiente alimento a Lisboa y a los chocoyos.
El lunes a la mañana cuando llegó el Decano a su oficina se encontró con un espectáculo dantesco, en el pasillo y dentro de la jaula de los chocoyos con su barriga hinchada, y bien dormida, estaba Lisboa, quien se había engullido a uno de los chocoyos.
Inexplicablemente la boa con una astucia digna de un humano forzó la cobertura de la urna de vidrio logrando salirse, y quién sabe cómo se salió de la oficina, se fue al pasillo y con la cabecita levantó el pestillo de la cerradura, se introdujo en la jaula comiéndose a uno de los chocoyos.
El Decano con mucho cuidado metió la mano en la jaula de los chocoyos, apretó el pescuezo a Lisboa la sacó procediendo a ponerla en su urna de vidrio, y aseguró con alambre la cobertura.
Al quedar solo el chocoyo, optó el Decano por llevárselo a su casa, notando que en una de sus patitas sostenía una pluma del chocoyo muerto. Durante 5 días el chocoyo no soltó la pluma, no comió ni tomó agua, al sexto día lo encontraron muerto.
El Decano, al ver al chocoyito muerto, sintió un odio terrible hacia la serpiente y agarrando un cuchillo se fue a la oficina dispuesto a matarla, abrió la cobertura y le tiró una cuchillada pero falló el golpe partiendo en dos la urna, la boa aprovechó que estaba rota y en un santiamén se escapó y se metió debajo de un escritorio. El Decano se asustó pues empezó a pensar que Lisboa se vengaría, entonces optó por reconciliarse con Lisboa, desde su escondite la culebra le contestó:
Ni yo puedo alimentar hacia ti buenos sentimientos viendo la urna en que vivía, ni tú hacia mí contemplando la jaula de tu chocoyo muerto.
Moraleja: “no es tarea fácil deshacer grandes odios”.
*Rector de la Universidad de Ciencias Comerciales. 
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