Celulares y principio de precaución
David Manuel Orozco
Los teléfonos celulares son prácticamente un signo de nuestro tiempo y se han convertido en una “necesidad” para muchas personas. Se habla de que en Nicaragua hay ya más de 200 mil usuarios. Las coberturas han crecido, ofreciendo la oportunidad de hablar a más departamentos. Pero “no todo es oro” cuando se habla de celulares.
La instalación de numerosas antenas a lo largo y ancho de la capital, y ahora del país, puede representar un riesgo potencial al ambiente y especialmente a la salud humana. Si bien es cierto hasta ahora sólo se cuenta con evidencias parciales, hay estudios recientes que podrían estar anunciando riesgos asociados al uso de celulares y sus antenas repetidoras. Debido a estas evidencias, a lo reciente que es esta tecnología y a las inquietudes suscitadas en muchos países, la OMS ha recomendado profundizar y ampliar los estudios, que se supone concluirán alrededor del año 2010.
Lamentablemente no podemos esperar tanto tiempo. Hay que actuar ya. Nuestra salud y la de nuestro hijos e hijas podría estar de por medio. Con esto no quiero decir que debemos ver a las compañías de telefonía celular como enemigos. Mi planteamiento no es ése. Ellos están en todo su derecho de hacer negocios. El punto es que tal y como están las cosas, caben acciones preventivas hasta que el cielo se aclare. El principio de precaución nos dice que cuando se detectan efectos potencialmente peligrosos de un fenómeno o producto, y no se dispone de suficientes datos que permitan excluir la posibilidad completa de riesgo, se deben tomar acciones que nos permitan un nivel apropiado de protección del medio ambiente y de la salud.
Algunos dicen que “no hay nada demostrado”. Pero sobre esto hay que decir, sencillamente, que si bien no está totalmente demostrada con suficiente certeza científica la capacidad de afectación que sobre el ser humano pueden ejercer las ondas de baja frecuencia (o microondas), tampoco está demostrado lo contrario.
En nuestro caso, creo que una de las primeras medidas de precaución a considerar debe ser la instalación de las antenas a distancia considerable de las viviendas. Seguidamente deben hacerse estudios de impacto ambiental y de salud, serios y profundos. Los resultados de estos estudios deberían alimentar una reforma a la Ley de Medio Ambiente que, según dicen los entendidos, no regula adecuadamente el tema de los celulares. Y si las empresas pudieran asociarse para emplear todas las mismas antenas, sería genial. Ellos y nosotros ahorraríamos. Usando la razón y la inteligencia todos saldremos ganando.
El autor es sociólogo.

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