La ciencia de la taxonomía, ¿y qué cosa es eso?
Antonio Mijail Pérez ampp@ns.uca.edu.ni
Cuando era estudiante del último año de biología y tuve que decidir a qué dedicaría mi vida profesional, dudé. A pesar que siempre me había ilusionado la idea de dedicarme a la taxonomía, había una enorme propaganda dirigida a los estudiantes de años finales de biología, bioquímica y otras carreras relacionadas, para que se dedicaran a una ciencia nueva muy prometedora: la biología molecular.
Después de escuchar diferentes charlas, cierta conferencista explicó en la facultad que uno de los problemas que tenía la biología molecular era la escasez de una buena taxonomía en los grupos de microorganismos que utilizan como sujeto de estudio.
La taxonomía es la ciencia que estudia, clasifica, nombra y describe la diversidad biológica o biodiversidad. Es muy peculiar porque requiere de un equipamiento moderno: microscopios de alta resolución con cámaras adosadas para dibujar, cámaras fotográficas y calibres digitales para la documentación en imágenes y la medición de estructuras biológicas.
También requiere de un trabajo “arqueológico” de búsqueda bibliográfica, de desempolvar viejos libros para completar la historia de una especie desde la primera vez que fue citada en alguna publicación.
Se dice que hasta el presente se han descrito aproximadamente 1.7 millones de especies diferentes de seres vivos y existen estimaciones de que podrían existir otros 30 millones de especies sin describir. Sin embargo, los expertos con que se cuenta para identificarlas y describirlas son pocos, en particular en los países del llamado tercer mundo, los más ricos en biodiversidad del planeta y donde se necesita urgentemente mucho trabajo sobre conservación y uso sostenible de la diversidad biológica. Algunos autores plantean que aproximadamente el seis por ciento de los taxónomos en activo viven en Asia, África y América Latina, el resto, un 94 por ciento, viven en Europa y Estados Unidos.
Las diferentes clases de animales, plantas, hongos y microorganismos se denominan “especies”, y para separar unas de otras se les da un nombre que refleja diferencias estructurales, anatómicas y genéticas en los hábitos, en el hábitat y en muchos otros caracteres. El nombre científico es una etiqueta que el taxónomo asigna al ser vivo y que debe ser diferente a las existentes. Esto es importante, ya que los nombres comunes a veces designan dos animales o plantas con el mismo nombre.
Existe en Nicaragua y en muchos otros países de América Latina, África y Asia, un serio problema que va más allá de la crisis de la taxonomía, que de tan grave ha dado en llamarse “el impedimento taxonómico”, que es el desnivel entre la producción de información básica respecto a los países del primer mundo. Este problema es grave debido a que nuestros países son altamente dependientes de la cooperación externa y los países donantes no apoyan el desarrollo de investigaciones básicas, porque las dan por hechas.
En la mayoría de convocatorias de investigaciones que se hacen en el país se establece claramente la no-aceptación de proyectos de investigación básica. Para subsanar de alguna manera este problema y vencer el “impedimento taxonómico”, en el más reciente taller de la Iniciativa Mundial para la Taxonomía, que tuvo lugar en Pretoria, Sudáfrica, en julio del 2002, se plantearon los siguientes lineamientos estratégicos: realización de estudios aplicados, elaboración de claves y guías de campo, capacitación de otros sectores y divulgación de los resultados vía Internet.
Estas estrategias pretenden acercar más los taxónomos a la sociedad, que no sean vistos como seres encerrados en laboratorios o haciendo recolectas en el campo para desarrollar proyectos de los que nunca se tienen noticias, sino como científicos que aportan soluciones a problemas muy cercanos a nosotros, como la búsqueda de alimentos alternativos, especies medicinales y especies transmisoras de enfermedades, modelos pedagógicos para estudiantes de diferentes niveles, entre otras.
Creo que con esta nueva perspectiva, más aplicada y más cercana a la sociedad, habrá más estudiantes de último año que se harán la pregunta que me hice yo en su momento, y tal vez tomen la misma decisión.
El autor es director del Centro de Malacología/ Diversidad Animal, Universidad Centroamericana.

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