Todo comenzó con Silvia
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La mujer que conseguía las adolescentes, fue a su vez compañera sexual del misterioso “José” |
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La habitación número 25 del Motel Villa Amor era el lugar para las citas clandestinas entre “José” y las adolescentes que conseguía Silvia Espinosa. (LA PRENSA/C. Cortez)
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Ary Neil Pantoja aryneil.pantoja@laprensa.com.ni
Todo comenzó con Silvia. La joven de 19 años capturada en el motel Villa Amor el jueves pasado podría ser la pieza clave de la Fiscalía en la acusación contra Silvio Conrado, pues en su declaración, ésta relata cómo comenzó la historia que la tiene en el banquillo de los acusados.
Silvia Espinosa Jirón es quien presuntamente conseguía niñas de entre 13 y 17 años de edad a Silvio Conrado, prominente economista de filiación sandinista.
Y aunque Silvia en su declaración no menciona a Silvio Conrado, sí habla de alguien que ella conoció como “José”, quien era “gordo y canoso”. Asimismo, señala que el contacto entre ella y “José” era el conductor de éste, a quien sí identifica: Eduardo Julio González Guerrero, el conductor de Silvio Conrado.
El primer encuentro con “José”, dice Silvia, se produjo hace tres meses, luego que se lo recomendara una señora que le dijo era “un hombre que gustaba de estar acompañado”. Por ese encuentro, Espinosa asegura haber recibido 500 córdobas, aunque no especifica si tuvo o no relaciones sexuales con el “contratante”.
“Una mujer me llevó donde él y me dijo que era un señor que gustaba de estar acompañado. Fui a verlo al Motel Villa Amor. Él estaba en la habitación número 25; estaba sentado tomando y me preguntó si quería tomar algo, le dije que sí y tomé un trago de vodka. Después estuvimos bien tomados; él se me quedó dormido, me quedé despierta hasta que pasara una hora, lo desperté y le dije que ya me iba”, expresa Silvia detallando su primer encuentro amoroso con aquél misterioso hombre.
Espinosa se convirtió después en la persona que le conseguía a las menores de edad para satisfacer sus instintos sexuales. El conductor se encargó de mantenerla ubicada vía telefónica; aunque en otras ocasiones era la misma Silvia quien llamaba a “José” para decirle que ya le tenía “a las muchachas”.
Los encuentros siempre se producían en la habitación número 25 del motel Villa Amor. Uno de los empleados del motel que será citado por la Fiscalía como testigo asegura que “José” llegaba hasta tres veces por semana a rentar la habitación número 25 y que, en ocasiones, utilizaba la número 24. El empleado también identifica a González Guerrero como el conductor de la camioneta Toyota Land Cruiser placas 170-767.
El pago de los servicios sexuales Silvia siempre lo recibía de manos de González Guerrero quien después, junto a ella, se encargaba de buscar y trasladar hasta el motel a las jovencitas que conseguían para “José”.
Una a una, Silvia fue llevando a jovencitas a aquella habitación de motel. Ellas mismas detallan en sus respectivas declaraciones ante la Fiscalía las cosas que el hombre les obliga a hacer, desde sexo oral, hasta bailar desnudas, tocarse entre sí y bañarse juntos.
En la declaración, una de las menores afirma conocer que Silvia trabajó como bailarina en un club nocturno; además que ésta le conseguía las muchachas a “José”, quien cada vez las pedía más jovencitas, incluso, en una ocasión pidió que llevaran hasta de 11 años.
Lo que comenzó como un encuentro sexual ocasional entre Silvia y “José”, terminó en un contrato empresarial en el que Silvia recibía un sueldo por conseguir un producto para su contratante; además de un bono extra, pues en las declaraciones, las menores señalan que Silvia siempre se quedaba con 100 córdobas de lo que recibía cada una como paga por sus servicios sexuales.

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