Los niños de Quezalguaque
Una de las frases comunes más conocidas y usadas es la de que los niños nacen para ser felices. Y es cierto. Sin embargo, paradójicamente el sector humano infantil es el más vulnerable de la sociedad, pues por obvias razones los niños no pueden defenderse por sus propios medios de las muchas amenazas y agresiones de la sociedad.
Según la UNICEF, que es el organismo de Naciones Unidas que atiende el problema de la infancia en el mundo, hay más de 600 millones de niños en la más absoluta pobreza, inclusive en países ricos como Estados Unidos (más de 25 por ciento) y España (más de 13 por ciento). Asimismo hay más de 1.2 millones de niños infectados por el sida y más de 300,000 fueron obligados a empuñar las armas en conflictos en los que dos millones de ellos perdieron la vida durante la década pasada.
Sin embargo hay que reconocer el mérito que honrosamente corresponde a la mayoría de padres y madres de todas las naciones, clases y estratos sociales, que aman a sus hijos y hacen cualquier sacrificio para protegerlos y asegurarles salud, educación y, en fin, la felicidad que es posible alcanzar. Así como también es necesario reconocer que hay padres y madres desalmados que con el pretexto de la pobreza o cualquier otro, mandan a sus pequeños hijos a mendigar y a trabajar en labores superiores a sus fuerzas, y hasta los venden en “adopción” y trafican con ellos a cambio de dinero u otro bien material. Inclusive hay despreciables individuos de ambos sexos y diversas condiciones socioculturales que promueven o practican la prostitución infantil, o trafican con menores y los envían a tierras lejanas, a Europa, por ejemplo.
Tales son los casos que están investigando ahora las autoridades de corrupción de menores en Managua y de niños de hogares muy pobres en Quezalguaque, Departamento de León, que fueron enviados a España al parecer de manera ilícita, y sobre lo cual LA PRENSA ha informado ampliamente, incluyendo un excelente reportaje de Elizabeth Romero (Mafia detrás del tráfico de niños) publicado el domingo recién pasado.
La adopción de niños de países y hogares muy pobres se ha hecho común en Europa, Estados Unidos y Canadá, donde las mujeres en general no quieren tener hijos propios sino que prefieren adoptarlos y al mismo tiempo ayudar a hogares muy necesitados de países tercermundistas. Y la verdad es que es loable esa disposición de dar cariño familiar a muchos niños, y asegurarles la posibilidad de crecer en excelentes condiciones de salud y educación, que aquí jamás podrían obtener.
No obstante también hay delincuentes que se escudan en supuestas adopciones con el fin de traficar con niños para abastecer la pornografía y la prostitución infantil, y en algunos casos hasta para que los asesinen y aprovechen sus órganos vitales para trasplantes.
Los trasplantes de órganos son ahora una terapia común y corriente en los países desarrollados, y permiten a muchas personas continuar vivas porque la muerte de otras cuyos órganos quedaron en buen estado es acompañada por la generosidad de sus deudos que los donan a quienes los necesitan de manera imperiosa. Pero la insuficiente donación de órganos para trasplantes médicos abrió la posibilidad de que se produjera un tráfico internacional de los mismos, en algunos o muchos casos de niños de países pobres que desaparecen misteriosamente o que supuestamente son adoptados pero que en realidad son asesinados para extraerles su órganos vitales y venderlos.
No estamos diciendo con esto que esa monstruosidad es la que ha pasado con los niños de Quezalguaque que fueron enviados a España. Éstos, al parecer, se encuentran bien allá, sólo que con dificultades de documentación legal y según se ha informado hasta podrían ser repatriados sanos y salvos.
Pero es necesario que las autoridades que tienen que ver con estos asuntos investiguen más a fondo, y no sólo el caso de los niños de Quezalguaque sino el de muchos otros que desaparecieron de sus hogares y de los cuales nunca más se supo nada. Los niños son los seres más queridos pero también los más indefensos, y las autoridades deben ocuparse más por su tranquilidad y seguridad.

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