Forjadores de la Nación
Miguel Ramírez Goyena y su “Flora nicaragüense”
Jorge Eduardo Arellano
El más conocido de los hombres de ciencia en Nicaragua, al menos por su renombre, es Miguel Ramírez Goyena, cuyos apellidos bautizaron al Instituto Nacional Central, creado por decreto legislativo del 23 de enero de 1891. Para esa fecha tenía 34 años (su nacimiento databa del 5 de diciembre de 1857 en León, afirman unos: en San Caralampio, Nandaime, según otros) y era una reconocida personalidad vinculada a la enseñanza.
Surgido de las aulas del prestigiado Colegio de Granada, donde había asimilado la pasión por las matemáticas del profesor español César Sánchez, se le admiraba por su prodigiosa capacidad mental y pedagógica. De manera que tenía en su haber la reorganización del Colegio de Managua, inaugurado en acto público el 5 de marzo de 1878. Mejorado en su plan de estudios, este centro tuvo poco después un internado, gracias a los empeños de su director, Ramírez Goyena, quien implantó los métodos del Colegio de Granada. El de Managua, autónomo, recibía una subvención estatal, pero lo controlaba una Junta de Padres de Familia. Tal fue el origen del Instituto Nacional Central que, no obstante altibajos en su desarrollo, comenzó a denominarse Ramírez Goyena a partir de la muerte del sabio el 23 de junio de 1927.
Ramírez Goyena no sólo brilló por sus trabajos científicos —modestos e incluso obsoletos hoy día— sino por sus actitudes éticas. Después del hecho trágico de “La Gran Vía” en Granada, donde la Policía reprimió una manifestación antigubernamental causando varios muertos, el profesor de Botánica, Física y Química del Instituto Nacional de Oriente fue al telégrafo a poner su irrevocable renuncia al presidente Roberto Sacasa: “No puedo, no debo servir a su Gobierno”. Y se trasladó a Costa Rica, pero las inquietudes políticas de sus compatriotas le condujeron a Honduras. Allí por comisión de ese país hermano, instaló laboratorios de Física, Química y un Observatorio Astronómico, gracias a su dominio del inglés, francés y alemán.
Ésta, concebida por la juventud estudiosa, fue acariciada por años hasta que tuvo el estimulante apoyo del general José Santos Zelaya para ser una realidad útil y poseer un carácter pionero que hicieron de ella una obra meritoria, reconocida en el extranjero. Publicada en 1903. Ramírez Goyena sabía que era defectuosa, pese a su esfuerzo titánico de clasificación linneana aplicada en la descripción taxonómica de reino, clase, orden, familia, género y especie, resumidos en el concepto de “Reticlaorfatgees”. Dieciséis años más tarde, un naturalista alemán le escribía que en su libro sobre Orquídeas de Centroamérica había mencionado 57 especies de Nicaragua; en cambio, Ramírez Goyena describió 73.
El autor es historiador. Texto tomado y editado de su libro Héroes sin fusil

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