LUNES 8 DE SEPTIEMBRE DEL 2003 / EDICION No. 23205 / ACTUALIZADA 12:58 pm





EL HUMOR DE




Vendieron lo que les donaron taiwaneses

Foto  
. Una mujer reconoce que dio por menos de 300 córdobas el zinc y el cemento

Ramona López, líder comunal del barrio capitalino Acahualinca.
LA PRENSA/R. CONATY

 

Edith Pineda
edith.pineda@laprensa.com.ni

Hay agradecimiento y descontento entre los habitantes del barrio Acahualinca, que el mes pasado recibieron donaciones de la fundación taiwanesa Simple Ayuda, ya que ahora tienen la posibilidad de mejorar sus viviendas, pero consideran que la cooperación les llegó por una vía incorrecta.

En total 148 familias recibieron tres láminas de zinc y cuatro bolsas de cemento, pero Ramona López, líder de la comunidad, dice que los donantes no canalizaron la ayuda por medio de los representantes de la comunidad y, a su criterio, eso impide que muchas de sus necesidades no sean tomadas en cuenta.

Las familias del barrio, en los alrededores del basurero La Chureca, dicen que recibieron la donación, pero en muchas de las casas el material todavía se encuentra sin uso, otros ni siquiera lo conservan y alegan que la pobreza los obligó a venderlos.

Un ejemplo es el caso de María Natividad Alarcón, quien reconoce haber vendido por menos de 300 córdobas el material recibido. Argumenta con la voz entrecortada que su hijo de nueve años es uno de los pequeños de ese sector que, debido a la exposición a diversos gases tóxicos, presenta altos índices de plomo en su sangre.

Por eso ella se decidió entre conservar el material y la salud de su pequeño. “Preferí dejar de poner un pedazo de techo en la casa por conseguir un poco de dinero para salvar a mi hijo”, dice María.

Hoy lunes una delegación de Simple Ayuda llegará a Acahualinca, con el propósito de constatar la utilización de su donativo y para conocer de los mismos pobladores sus principales necesidades que, según Ramona López, sigue siendo la vivienda digna.

En los alrededores de La Chureca habitan casi 500 personas, de las cuales más de la mitad son niños. A ellos se les puede ver hurgando entre los desperdicios del basurero en busca de papel, cobre, aluminio, plástico o vidrio para luego venderlo a precios que van desde 2.50 córdobas por un quintal de aluminio, hasta 50 córdobas que pueden conseguir por un quintal de plástico.

Ramona dice que han tenido ciertos roces con quienes hace un tiempo “se han tomado la representación de este barrio sin habitar en él”. Se refería a un pastor evangélico que dirige un colegio en la zona y al que LA PRENSA no pudo contactar el fin de semana.
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