Fórmula
Nicaragua está abocada a acontecimientos trascendentales en el corto y mediano plazo. Es innegable la presencia en la vida nacional de señales positivas: condonación de la deuda externa, honradez de la administración pública, etc., despegue de la economía y ordenamiento institucional.
Las épocas evolucionan como consecuencia del potencial y superación de los valores de la sociedad. Atrás quedó la magia e ilusión de la revolución sandinista, progenitora de antivalores. Atrás va quedando también el caudillismo, generador de actitudes inmorales.
El Gobierno libra una lucha feroz contra la corrupción, no contra persona alguna, y aunque el costo político es muy grande la nación entera sabrá recompensar la valentía de quienes sortean el problema que es catastrófico. Mientras la revolución sandinista languidece el tiempo está siendo aprovechado para sentar las bases del resurgimiento de una Nicaragua altiva y desafiante ante los retos de la vida moderna.
La fórmula edificante para una Nicaragua del futuro es: empresa privada y gobierno más cooperación internacional. Contradictoriamente, el Presidente de la República se ha puesto una piedra en el camino: la megapensión que empaña su credibilidad ante la ciudadanía.
Fernando A. Malespín Ferreti

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