Cierva de un sueño
Carola Brantome
Se liman aún las ansias de mi armadura a tu paso. Cabalgadura que me apremia y hunde mi pie a la altura del agua, sombra que me turba, que me come, y me quema de ansias en el despeñadero duro de mi sueño. Hasta la cumbre de mi arborescencia subí, acosada por corriente de crecida espuma, y fue tan fuerte el misterio de la luna que desgarró carne y seda la rosa mortal al entreabrirse a la primera fuga. Abundante de árboles que forman espesura en rapto llevada fui por un artificio, altura que escalé, conocedora sin duda del oficio, de no mezquinar palabra, y pulir cada sentido en el yunque da la herrería del suplicio. Ahora, llevo mi sueño desgañitado por valles en que velo como cierva blanca, ajena. Ahora soy ¿apenas indescifrable son? ¿Palabra muda? Si fue verdad que existió esa entrevista blancura, no estuve loca, ni calé en vano mi verbo, mi verso ardido, mi tono digno de mayores trinos. Hoy, el crepúsculo lleva colores vivos, doy un paso más de vida, y en vez de ir por el bosque perdida, loba en fin, aúllo al filo de la luna llena. 
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