Remembranzas
 |
|
|
El lustrador. Acrílico sobre tela, 2001. Erick González. |
| |
Mario Urtecho
A Carlos Mario
A veces me descubro distante de mi casa, de mi tiempo y de mi gente aunque ni ésta, ése o aquélla me pertenecen, pues la verdad es que no somos dueños de nada. Entonces me veo reconstruyendo el boceto de un gesto, el detalle de un rostro, el rostro mismo o buscando la coherencia de mil fragmentos donde se oculta una sonrisa o juntando sonidos para revivir palabras, frases, conversaciones o desgranando el alfabeto en busca de sentimientos con letras arropados en las cartas que escribí durante toda mi vida.
A veces me sorprendo solfeando notas, desbrozando sonidos en busca de la pista que me conduzca a la carcajada liberada, articulando vocales, trascendiendo a la palabra, a conversaciones interminables o a las que nunca empezamos. ¡Cuántas preguntas sin respuestas naufragando sobre la cresta de la tempestad, arrasadas por la borrasca de la vida en invierno, cuando llueve hacia adentro y el alma se inunda con sus propias lágrimas anegando las esperanzas y los sentimientos sin que nadie lo sepa o a nadie le importe.
A veces me asombro olfateando olores que van y vienen sobre el lomo del aire, tratando de identificar entre ellos aquellos que en días y noches interminables los tatuamos sobre la tersura de nuestras pieles y revivo la carne dada y poseída en la interminable y prolongada intensidad de un suspiro y busco en mis sensaciones la caricia disfrutada, los labios entreabiertos, la ofrenda del ritual, el deseo incubado dentro de pupilas dilatadas, galopando respiraciones jadeantes y entrecortadas, la leche y miel disfrutada por lenguas fulgurantes sumergidas en dadivosas fuentes.
A veces también me veo desplegando planos de antiguas ciudades a las que me asomo y recorro sus calles y avenidas, visito sus parques, descanso en sus bancas bajo árboles centenarios y frondosos, acompañado por el canto de miles de pájaros que hace mucho tiempo dejaron de existir. También me he percatado abriendo las páginas de viejos álbumes de fotografías en las que el tiempo y la gente quedaron atrapados en una edad infinita y hablo con la gente de conversaciones inconclusas y de secretos inconfesos.
A veces me sumerjo en las lagunas de la vida a pescar caricias y recuerdos quizás para sobreponerme a las incomodidades de la húmeda soledad de mi ataúd...
Junio 18/2003 
|