Personajes
Letanías a Catarrán (fragmento)
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Vicente Hurtado Morales. |
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Guillermo Rothschuh Tablada
Homenaje a Vicente Hurtado Morales
Catarrán es padre y maestro mágico de la tradición en Chontales. Sello de cera o tinta de nopal, sobre pretiles y paredes ha pintado: el musgo de sus dedos y la mugre de sus manos. Larga es la huella de su torzal. La sierpe del mayoral.
Catarrán es el Homo Faber. El primer actor que fabrica —con vigas de laurel— su plaza.
Catarrán: Deán antique o Peón antiquísimo, le ha salido un hongo en la frente y dos afluentes a los pies, por lo que anda y piensa —no como un monje nuevo— sino como un viejo Rey.
Catarrán es el abra que conduce a Belén.
Catarrán es el milagro en carne viva: sangre de sus hazañas sobrevive a la herida. Trasuda y sigue.
Catarrán es el rezo, la oración, la consigna.
Catarrán prefería en vez del aula, el rodeo, y en vez del ábaco, el pretal. Como su madre lo castigaba, sufrió el adagio en carne propia: tras cuernos palos, tras palos cuernos.
Catarrán no tiene teoría libresca sino una eficiente praxis en los trabajos del campo. Su experiencia es vasta, y los manuales —como las alas de ciertas aves— sobre nuestras cabezas pasan volando.
Catarrán hasta los treinta años bebió leche al pie de la vaca. Destete tardío, se le pusieron los huesos duros y las carnes blandas.
Catarrán mide —mejor que los barómetros— la presión del toro y la altura de Teseo. Valora la estampa pero también la trampa. 
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