La educación terciaria y la pobreza
Carlos Olivares Faúndez
El mundo vive un cambio de tal magnitud que sólo podría tener como referente primario la revolución industrial. Este fenómeno que se ha denominado globalización juega un papel primordial, al cual ningún país está ajeno y que afecta de manera decisiva la forma de vida de los mismos y sus mecanismos de interacción. Entre las muchas definiciones de globalización me quedo con la de Knight & de Wit, que la definen “como el flujo de tecnología, economía, conocimiento, personas, valores, ideas, a través de las fronteras”. La globalización afecta a cada país de una manera diferente debido a la historia de cada nación, a las tradiciones, a la cultura y a las prioridades. En este contexto, sin lugar a dudas, la educación tiene un papel más que relevante para enfrentar con éxito los enormes desafíos que se le plantean a los países y en particular a aquéllos pertenecientes al denominado mundo en desarrollo, en los cuales la pobreza, muchas veces extrema, los tienen sumidos en un círculo vicioso que los aleja cada vez más de aspirar siquiera a una situación que les permita satisfacer las necesidades básicas mínimas de su población.
En este nuevo medio ambiente global, la educación y particularmente la educación terciaria no sólo es afectada en su forma y modalidades de operación, sino también y tal vez lo más importante, en los propósitos de la misma. Entre las dimensiones más críticas del cambio que vivimos, se encuentra el impacto convergente de la globalización, el incremento creciente del conocimiento como motor de crecimiento y la revolución de la información y las comunicaciones. La acumulación y capacidad de aplicación del conocimiento se ha transformado en el principal factor de crecimiento económico.
La educación terciaria ejerce una directa influencia sobre la productividad nacional la cual determina en gran medida el estándar de vida y la capacidad de los países para competir en el mercado global. Las instituciones de educación terciaria apoyan las estrategias de crecimiento económico basadas en el conocimiento y reducción de la pobreza al: a) capacitar a una fuerza laboral adaptable, incluyendo científicos, profesionales, técnicos, profesores de educación básica y secundaria, líderes empresariales y futuros gobernantes; b) generando nuevo conocimiento; y c) desarrollando la capacidad de acceder a las fuentes del nuevo conocimiento y ser capaces de adaptarlo al uso local. Estas instituciones son únicas en su capacidad de integrar y crear la sinergia entre estas tres dimensiones. El crecimiento económico sostenible no es posible a largo plazo sin la contribución de una educación terciaria de calidad y comprometida con el desarrollo y la juventud del país. Esto último es particularmente cierto en países con bajos ingresos y capital humano limitado.
Un aspecto que no puedo dejar de mencionar, es el papel que juegan las instituciones de educación terciaria en la entrega no solamente de conocimientos a sus estudiantes, sino también imbuirlos de las normas y valores éticos y morales que son esenciales para construir un capital social que se exprese en sociedades sanas y democráticas.
Es un hecho reconocido que, lamentablemente, en Latinoamericana, con excepciones, la calidad y pertinencia de la investigación, enseñanza y aprendizaje han tendido a declinar en las últimas décadas. Un reciente estudio encargado por un organismo multilateral señala graves deficiencias en infraestructura, sobrepoblación de estudiantes, bibliotecas obsoletas, equipamiento y materiales instruccionales insuficientes, planes y programas de estudios desactualizados, estudiantes secundarios pobremente preparados, cuerpos académicos con deficiente calificación, ausencia de rigor académico y escasas prácticas de evaluación de rendimiento.
Muchas instituciones de educación terciaria funcionan al margen de la creación de conocimiento o adaptación del mismo a solucionar los problemas económicos y sociales de los países en que se encuentran.
Frente a este problema estratégico, distintos países y diversas instituciones terciarias han implementado o se encuentran estableciendo mecanismos de aseguramiento de la calidad que se sustenten en la difusión, lo más ampliamente posible, del quehacer de sus instituciones de educación terciaria, el establecimiento de sistemas de evaluación y acreditación universitarios imparciales, independientes y transparentes, así como, nuevas modalidades para el acceso de las instituciones a fondos públicos.
De esta forma se intenta aminorar el efecto que la situación descrita genera en la sociedad, la forma de responder a los desafíos de la globalización, intentando aprovechar lo mejor de ella, para satisfacer, en parte, las necesidades que los países pobres y su población urgentemente requieren.
El autor es Coordinador del Proyecto Modernización y Acreditación de la Educación Terciaria del MHCP financiado por el BID.

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