VIERNES 5 DE SEPTIEMBRE DEL 2003 / EDICION No. 23202 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Iglesia Católica y homosexualidad

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René Grimaldi

El 31 de agosto recién pasado LA PRENSA publicó un artículo del escritor Mario Vargas Llosa, que ridiculizaba el reciente documento de la Santa Sede titulado Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre las personas homosexuales (3 de junio del 2003), llamándolo “cavernícola”.

Según Vargas Llosa, “parece increíble que después de Freud y de todo lo que la ciencia ha ido revelando al mundo en materia de sexualidad” la Iglesia mantenga sus posiciones anacrónicas. Sin embargo, el autor no aporta más datos “científicos” que la anterior afirmación para arremeter gratuitamente contra la Iglesia Católica y contra dicho Documento aprobado por el Papa Juan Pablo II.

Quizá es conveniente saber que actualmente está en duda la vigencia del psicoanálisis de Freud, según el estudio Decadencia y caída del imperio freudiano (1988) de H. J. Eysenck, profesor de Psicología de la Universidad de Londres, así como en la obra de J. J. López-Ibor, titulada La agonía del psicoanálisis (1951). De todas formas, la crítica más fuerte a las ideas de Freud se debe a R. Allers, en The successful error (1941), traducida al castellano como El error que tuvo éxito.

Por otra parte, si bien es cierto que en 1973 la Asociación Psiquiátrica de Estados Unidos excluyó la homosexualidad de la categoría de desórdenes mentales, resulta que actualmente el doctor Robert Spitzer —psiquiatra que permitió la decisión de dicha Asociación— se ha retractado de sus conclusiones y ahora asegura que los homosexuales son enfermos que tienen un problema y sí pueden cambiar (Cfr. Revista Palabra, junio-2001). Será por esto que en 1998, el señor John MxKellar —homosexual canadiense— afirmó que “el mayor logro científico del siglo XXI no será el remedio contra el sida, sino más bien el descubrimiento de las verdaderas causas de la homosexualidad y del método para corregirla” (Aceprensa 124/98).

Además, estudios recientes no han encontrado una base genética de la homosexualidad, tal como lo afirmó el profesor George Rice, de la Universidad Western Ontario en Canadá (Revista Science (23-IV-99). De todas formas, aunque existiera una base genética de la homosexualidad, ésta sería una de las tantas alteraciones que se deben ayudar a corregir, tal como se desprende del capítulo Psicopatología de la sexualidad del psiquiatra J. Schlatter, en una interesante obra escrita por médicos y profesores europeos, titulada Medicina pastoral (EUNSA, 2002).

Volviendo a la calificación de “cavernícola” del Documento, habría que leerlo para ver si efectivamente merece dicha denominación. De hecho, el texto —divido en 4 capítulos— es respetuoso para con las personas homosexuales, recordando la doctrina tradicional de que los hombres y mujeres con tendencias homosexuales “deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Tales personas están llamadas, como los demás cristianos, a vivir la castidad” (n.4), pero a la vez enseña que “la inclinación homosexual es objetivamente desordenada, y las prácticas homosexuales son pecados gravemente contrarios a la castidad”. Es decir, distingue claramente entre la persona, su inclinación y los actos homosexuales.

Respecto a equiparar al matrimonio, el Documento enseña que eso pertenece a la ley moral natural, y que en las grandes culturas del mundo existe la conciencia de que el matrimonio no es una unión cualquiera entre personas humanas, sino algo distinto (nn.1-2).

De hecho, en el matrimonio dase una comunión de personas en el amor que implica el ejercicio de la facultad sexual, la cual está ordenada a la fecundidad: esto sólo se da entre personas de distinto sexo, sin importar la religión que profesen.

En este sentido, el n.4 enseña que “no existe ningún fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia. El matrimonio es santo, mientras que las relaciones homosexuales contrastan con la ley moral natural. Los actos homosexuales, en efecto, cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso”.

Por razones de espacio, invito al lector a leer por su propia cuenta el Documento, que en los siguientes capítulos trata otros aspectos igualmente importantes para la guarda de las buenas costumbres y del bien común en la sociedad.

El autor es sacerdote católico.
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