Conversación de fin de semana
León Núñez
Viajé el fin de semana pasado a Chontales con la esperanza de que los ex analistas políticos de Acoyapa, tal como me lo habían prometido, pusieran en escena el Diálogo entre Rizo y el médico de don Enrique.
Me dijeron que esta obra teatral no la habían estrenado, en primer lugar porque no habían encontrado a los actores que representaran apropiadamente a los personajes, y en segundo lugar, porque habían empleado su tiempo estudiando la tentativa de golpe de Estado —un “golpe técnico”— que supuestamente había encabezado el doctor Rizo, tentativa que, por cierto, para el ingeniero Bolaños, más que un golpe técnico había sido un frustrado golpe de figureo.
En vista de que el tema del “golpe técnico” había pasado de moda, y teniendo en cuenta que no había ninguna obra de teatro que representar, les manifesté a mis paisanos —reunidos en el atrio de la Iglesia de Acoyapa— que quería escucharlos conversar sobre algunas cosas que pudieran interesar a mis lectores.
De lo primero que conversaron fue de dos acoyapinos que de diputados suplentes pasaron a ser diputados propietarios. Se trata de Nasser Silwany Báez y Donald Lacayo Núñez, diputados suplentes de William Ramírez Solórzano y de Agustín Alemán Lacayo, respectivamente.
Uno de los presentes dijo que en Acoyapa no había constituido ninguna novedad el “fenómeno” de que el ingeniero Silwany y el doctor Lacayo, apenas comenzando el siglo XXI, hayan ocupado el lugar de Ramírez y Alemán; que el fenómeno no era nuevo porque en el siglo pasado tres de los diputados propietarios que murieron en el ejercicio de sus cargos, también habían tenido como suplentes a tres distinguidos acoyapinos.
Alguien, que participó en esta conversación, que según él, es un experto en leer el futuro, expresó que los decesos de los diputados propietarios “estaban escritos” —que ya se sabía en Acoyapa que iban a suceder— y que por esta razón, los fallecimientos de don William y don Agustín bien podrían formar parte de una “crónica de dos muertes anunciadas”.
Por otro lado, este clarividente quiso destacar que la “mala sombra” no solamente abarcaba a diputados propietarios que tuvieren suplentes nacidos en Acoyapa, sino también a cualquier Presidente de la República que llegara a sufrir la desgracia de tener como vicepresidente a un acoyapino.
Todos los que conversaron sobre este tema, después de hablar en broma y en serio de que quizás al doctor Rizo le hubiera gustado haber nacido en Acoyapa, estuvieron de acuerdo en pronosticar que de hoy en adelante iba a ser imposible que en futuras elecciones, un candidato a diputado propietario vaya a aceptar que su suplente fuera alguna persona originaria de Acoyapa.
Seguidamente se estuvo hablando de que es probable que los nuevos diputados propietarios vayan a hacer algo por el progreso de la tierra que los vio nacer. Se dijo que históricamente ningún diputado había hecho nada por Acoyapa, ni siquiera Emiliano Chamorro que fue Presidente de la República.
Ahora se tiene la esperanza, expresó uno de mis coterráneos, que estos diputados propietarios acoyapinos sigan al menos el ejemplo de la diputada Mirna Rosales, de Juigalpa, que en forma equitativa, transparente e inobjetable reparte en concepto de becas, entre estudiantes pobres, los recursos que asigna la Asamblea Nacional a cada diputado para que ayude a su comunidad.
También platicaron, como contraste con la conducta ejemplar de doña Mirna, del caso del diputado —que no quisieron decir quién es ni de dónde era— que paga el salario a sus trabajadores con “becas”, es decir, con recursos que le asigna la Asamblea Nacional.
Se habló incluso de que el tal diputado tenía también “becada” a una muchacha que le tiene un hijo de tres años, la cual firma todos los meses, sin ser estudiante, una constancia de cinco mil córdobas de la “beca” que recibe. No hay duda que la “creatividad legislativa” de este diputado de transformar “financieramente” las becas en pensiones alimenticias es realmente impresionante.
Por último se conversó sobre algo insólito, pero que me aseguraron que era cierto, de que durante la semana que acababa de pasar había sido muy comentado en Acoyapa el “percance” que sufrió un acoyapino, residente en Managua, cuando encontró a su mujer en su casa, en la cama, con otro hombre: un oficial de la Policía Nacional. Dijeron que mi paisano, indignado por la infidelidad de su mujer, la empezó a insultar lo mismo que al policía. Entonces éste, mientras se ponía los pantalones, le advirtió de que no siguiera ofendiendo a la autoridad, pero como lo siguió ofendiendo, el policía, ante tan persistente falta de respeto a su investidura o a su desvestidura no tuvo más remedio que golpearlo, ponerle las esposas y llevárselo detenido.
En el momento en que yo empezaba a hacer preguntas para conocer más detalles de este “incidente”, se terminó la reunión, pues en ese instante salía de la Iglesia la procesión, y mientras los ex analistas políticos de Acoyapa se encaminaban a integrarse al desfile religioso les pedí que, por favor, cumplieran pronto con lo que me habían prometido: la escenificación del diálogo entre Rizo y el médico de don Enrique, diálogo del que muchos lectores me han estado pidiendo con urgencia su publicación.
El autor es jurista y escritor.

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