La pesca y la escuela
Douglas Carcache douglas.carcache@laprensa.com.ni
Los niños costeños, además de educación bilingüe, necesitan un calendario escolar adecuado al trabajo de las comunidades de la región caribeña, para que culminen sus estudios primarios.
En el video “A song in the air”, sobre cómo transcurre la vida en la región caribeña nicaragüense, presentado la semana pasada, un hombre creole decía que para él la Autonomía no significa nada.
Hace más de 15 años aprobaron la Ley de Autonomía de la Costa Caribe y hasta este año la reglamentaron, pero en la vida cotidiana de la población ha significado poco, porque se suponía que con ella transformarían su vida, para mejor, y en la realidad se les nota peor.
Sin embargo los costeños, donde conviven seis minorías étnicas, tienen muchas esperanzas, porque saben que cuentan con dos recursos de mucho potencial, la pesca y el turismo, que podrán aprovecharlos para su economía en la medida que los habitantes autóctonos adquieran más educación.
Por ahora su reto es arrancarle al Gobierno Central una autonomía real en áreas elementales, como salud y educación, para dirigirlas según sus intereses, administrando el presupuesto. Así, el Ministerio de Educación tendría que darles las partidas de dinero que les corresponde y dejar que las inviertan para mejorar su sistema regional de educación.
Allí está la primera traba. El Ministro de Hacienda, Eduardo Montealegre, dice que la idea es descentralizar las actividades de los ministerios, pero a corto plazo ve difícil darle a los costeños el presupuesto que les pertenece para Educación.
Lo visible es que en las regiones autónomas, Atlántico Norte y Atlántico Sur, el Ministerio de Educación ha dejado sin atención al 10 por ciento de la población en edad escolar y en algunas comunidades ni siquiera hay escuelas.
Más triste aún es que, de los alumnos que entran a la escuela, el 60 por ciento deserta antes de concluir el año escolar, asegura Arcelia Jackson, quien lleva más de 20 años como promotora de educación comunitaria en el Atlántico Sur.
Cuando llegan las épocas de pesca, como esos días en que los chacalines salen de las lagunas costeras en busca del mar, los niños abandonan las escuelas y van con sus padres a pescar, porque ellos también tienen que ayudar al sostén de los hogares.
Por eso Arcelia insiste en que la educación en la costa caribeña tiene que ir de la mano con la vida de las comunidades, que además difiere entre los ramas de Rama Cay, los garífunas de Orinoco, los miskitos de Bismuna o los mayangnas de Musawas, cada población con su lengua y sus labores.
Habrá quienes por desconocimiento dirán que los costeños piden mucho, pero si revisan un poco se darán cuenta que las exportaciones de mariscos del último año le dejaron al país 94 millones de dólares y de ese total, el 65 por ciento, más de 61 millones de dólares, los produjeron las regiones autónomas del Caribe.

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