LUNES 27 DE OCTUBRE DEL 2003 / EDICION No. 23254 / ACTUALIZADA 01:00 am





EL HUMOR DE




Apoyando el desarrollo de Nicaragua

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Anoop Singh*

Hace unos días el Directorio Ejecutivo del Fondo Monetario Internacional (FMI) realizó la tercera revisión del programa económico de Nicaragua y reconoció la perseverancia del Gobierno, que aún bajo circunstancias internas y externas difíciles, ha manejado de forma prudente la economía, avanzando también en las reformas estructurales, y colocando al país en un punto cercano a la culminación de la iniciativa HIPC. Estas políticas están sentando las bases para un crecimiento más acelerado y sostenible, que contribuirá a la reducción notable de la pobreza.

Todo observador de la historia reciente de Nicaragua difícilmente puede evitar impresionarse por la fortaleza y resistencia de esta Nación. La transición a la paz y a la democracia permitió la solución de problemas económicos muy severos, incluyendo la hiperinflación y la profunda contracción de la producción de finales de los años ochenta. Para mediados de la década de los noventa, la economía fue estabilizada y las reformas de mercado contribuyeron a una recuperación vigorosa de la actividad económica.

Sin embargo, el crecimiento económico ha disminuido en los últimos años de un promedio anual de más del cinco por ciento a finales de los noventa, a un virtual estancamiento el año pasado. Si bien los golpes externos jugaron un papel, como por ejemplo la gran caída en los precios internacionales del café, las políticas internas también fueron responsables, incluyendo la pérdida del control fiscal y monetario en el 2001, la crisis bancaria en el 2000-2001, y la resultante pérdida de confianza y reducción del apoyo internacional.

Al asumir el Gobierno en enero del 2002, la administración del presidente Bolaños se movió rápidamente para encarar estos problemas y corregir la dirección de la política económica. Se tomaron medidas para frenar el déficit fiscal (y al mismo tiempo se protegían los programas sociales), se devolvió la disciplina y el control del sector financiero, y se inició un proceso de combate a la corrupción, que tanto daño a hecho a muchos países. Este año se obtuvieron logros adicionales como la segunda reforma tributaria, la aprobación de un presupuesto prudente, la venta de los activos derivados de los bancos quebrados, y el refinanciamiento de la deuda con los acreedores internos. Para el FMI fue gratificante apoyar estos esfuerzos mediante el acuerdo económico de tres años aprobado bajo la modalidad concesional denominada servicio para el crecimiento y lucha contra la pobreza.

Estas políticas, que fueron difíciles pero necesarias, ya han producido resultados positivos. En particular, el crecimiento se está recuperando este año, y la inflación permanece bajo control y con una tendencia declinante en el futuro previsible. Además, la confianza en el manejo de la economía ha permitido la recuperación del crédito al sector productivo, y la posición externa del país se ha fortalecido significativamente. El programa fiscal se está cumpliendo, y el Gobierno ha hecho avances importantes en la reducción de las vulnerabilidades económicas al refinanciar los vencimientos de la deuda interna en el 2004.

Las perspectivas para Nicaragua han mejorado sustancialmente, con un crecimiento económico mayor proyectado para el año que viene y con un entorno internacional que apoyará este proceso de manera creciente. Esta situación otorga una excelente oportunidad para avanzar decididamente en la implementación de reformas orientadas a reducir más las vulnerabilidades, fortalecer aún más el crecimiento y reducir la pobreza.

Durante mi reciente visita a Nicaragua me reuní con el presidente Bolaños, el vicepresidente Rizo, el Gabinete Económico, miembros de la Asamblea Nacional, así como con dirigentes políticos, empresariales y de otros sectores. En estas reuniones pude escuchar con interés el debate sobre la estrategia de crecimiento. Me impresionó favorablemente el enfoque prudente y perspicaz del Plan Nacional de Desarrollo, el que otorga un énfasis adecuado a la estabilidad macroeconómica, la cual constituye un elemento fundamental para cualquier iniciativa que pretenda fortalecer el crecimiento e impulsar el desarrollo social. Nicaragua ya ha vivido cómo la inestabilidad macroeconómica no sólo destruye el crecimiento, sino que también aplica un gran costo a los pobres que son los que menos pueden protegerse de la inflación, la devaluación y la pérdida de empleo.

A pesar de los logros obtenidos, el Plan Nacional reconoce que no hay espacio para bajar la guardia y que el continuo fortalecimiento de las finanzas públicas es clave para la estabilidad macroeconómica. En particular, la administración de impuestos debe mejorar, así como también la calidad del gasto público. En el mediano plazo, la sostenida consolidación fiscal, el alivio de la deuda externa bajo la iniciativa HIPC y el apoyo concesional continuo de los donantes, especialmente a través de donaciones, serán necesarios para asegurar una dinámica sostenible de la deuda pública.

La experiencia en todo el mundo nos ha enseñado que las instituciones tienen un gran impacto en el desempeño económico. Su principal contribución es coadyuvar la actividad económica privada creativa, a través de la protección de los derechos de propiedad, el estado de derecho, y el control de la corrupción. Nicaragua se ha embarcado en un esfuerzo orientado a fortalecer el Poder Judicial, mejorar la gobernabilidad en los sectores público y privado, y fortalecer la disciplina en los sectores monetario, fiscal, y financiero.

Como resultado de las políticas económicas, Nicaragua enfrenta mejores perspectivas para un crecimiento robusto y duradero. El país también se está moviendo decididamente hacia el punto de culminación de la HIPC, cuyo logro constituirá otro hito en el camino de la recuperación. El Gobierno ha presentado una agenda de reformas integral y ambiciosa para los próximos años. El FMI está listo para colaborar con los nicaragüenses en la instrumentación de es agenda.

* El autor es Director del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI.
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