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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / DOMINGO 19 DE OCTUBRE DE 2003
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Cuento de Camino



Él ha sido siempre un gran trabajador, y por eso ha hecho plata. Cafetalero, y de los fuertes, se cuentan por miles de miles los quintales del grano de oro que ha exportado y que son los que cimientan su riqueza; una riqueza que hasta ahora, en la Nueva Era, algunos envidiosos cuestionan. Pero así es la vida, triunfa y todos verán la basurita en tu ojo.

Ya tenía sus millones cuando fue electo Alcalde de la capital. Se levantaba más temprano para atender los imponentes cafetales y después, diligente, honesto y eficiente, dirigía la Alcaldía. ¿Que si tomó de ahí algún centavo? ¡Por favor! Hasta la duda ofende. Más bien, puso de su propio dinero para darle a los capitalinos lo que éstos merecían. Nada ni nadie trabajó más que él. Jornadas de 18 a 20 horas de trabajo diario le dieron una doble bendición: por un lado, el voto nacional lo llevó a la Presidencia de la República; por el otro, los negocios seguían floreciendo, y había más fincas, más exportaciones, más y mejores negocios. Multimillonario era antes de haber cruzado en su santo pecho la banda presidencial.

Siendo Presidente le siguieron las bendiciones. Le llovían regalos: acciones, terrenos, ganado, maquinaria, trabajos de infraestructura etcétera. Pero la mejor lotería fueron sus nuevas nupcias. Se casó con una brillante catedrática nacional radicada en los Estados Unidos de América. Una guapa experta en educación con más de 20 best-seller publicados en más de 5 idiomas, y con consultorías millonarias. Y estas cosas la envidia no las soporta. Para gloria del país, se juntaron dos mentes brillantes, dos corazones ansiosos de dar y, ya no digamos, dos honestos y enormes capitales frutos del trabajo. Los dos eran millonarios en todo, antes de conocerse... y amarse.

Como hombre generoso es una leyenda. Siendo Presidente y de su propio dinero, sobrepasó el diezmo, lo que le hizo ganarse al clero católico, apostólico y romano. Inolvidable es aquel almuerzo de cierre de un ejercicio espiritual de la Arquidiócesis que agradecida y justamente llamó “El Presidente habla con su clero”. Y la buena suerte, o mejor dicho, las bendiciones seguían. Manos invisibles, iguales a las que manejan el dulce mercado, hacían transferencias a sus cuentas, y los negocios subían como humo blanco al azul celeste.

Terminó su período presidencial y fue recompensado inmediatamente como Presidente del Poder Legislativo. Hoy, como sólo él lo sabe hacer, está en retiro espiritual. Sus enemigos piensan que está preso, pero no: Está en profunda armonía con su ser interno y su enorme, ingente bondad, decidiendo en un postrer acto de amor si da todo, absolutamente todo a su Patria. Al final de cuentas, Él —que de por sí es un emprendedor— junto con Ella es más grande que el Sol. Si una vez se hizo millonario de la nada, hacerlo otra vez será una insignificancia. El hombre de bien y de trabajo honrado no tiene límites.

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