Prosa
La espera
Francisco Valle
Como un limonero derribado por el viento, sueñas a la orilla del sendero; una bandada de gorriones baja de las lomas y picotea tus senos, dejando las pisadas en la hojarasca de tu cuerpo; entre los dientes aprietas un lirio, una llama; yo desciendo también de la montaña, hostigado por el invierno; en este claro del bosque, al pie del día sin retorno, trato de levantarte pero pesas demasiado y la cabellera se te esparce por el suelo entre la querella del agua y el consuelo de los ciervos; el rocío sobre la corteza de los álamos refleja los rayos del sol y te ilumina la sombra de la muerte. Detenida en mitad del arroyo con los brazos en cruz y el pecho sin ropas bajo el cielo, cantas el canto de la madrugada, la romanza de la desposada; sobre tus labios de madera chorrea la espuma del mar, serpea por el cuello y cae en silencio hasta tus pies. Y así viví eternamente, esperando. 
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