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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 18 DE OCTUBRE DE 2003
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Carnavaliada frescura teatral

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.Llevada a escena Monólogos de la Vagina en el Festival de Teatro Popular

Escena de la obra Monólogos de la Vagina llevado a las tablas por el Colectivo 8 de Marzo.

 

Isidro Rodríguez Silva

Indiscutiblemente la obra teatral “Carnavaliada” del Colectivo 8 de Marzo, basada en el libro “Monólogos de la Vagina” es una de las mejores puestas en escenas del Teatro Nacional por su calidad interpretativa, así como por su frescura escénica, pero sobre todo por su relación única con el público, convirtiéndolo desde su posición de espectador en una forma jactante en la participación y relación del hecho escénico.

Al iniciar la obra un inmenso carruaje negro es arrastrado por tres brujas, cuyos cuerpos bailan con las sombras de las antorchas en una alegoría de un aquelarre deslumbrante y fatal. Esto nos lleva a dos lecturas escénicas, la primera. Al rescatar el sentido carnavalesco, que es identidad del pueblo, ya que manifiesta la libertad expresiva de su ser, libre de todo el prejuicio social, dicho de otra manera, la magia del teatro le permite al Colectivo 8 de Marzo desnudarse de la hipocresía y la doble moral, para vestirse con el disfraz y la máscara en la representación de la verdad, de su ser femenino.

Sólo desde el sentido del carnaval, es en que puede desarrollarse las relaciones con sus flujos dramáticos entre el contenido y el sentido, entre lo escénico y lo real, entre el actor y el espectador, y es que sólo desde ahí puede comprenderse que el personaje de la obra sea la vagina de la mujer y que la puesta en escena sea el gozo orgástico de la sexualidad femenina. Es que sólo desde lo carnavalesco es que puede darse el Torovenado, o el surgimiento del Güegüense con su letal picardía, así también Carnavaliada, con su olor a vagina, punto de gozo pero también de violación y frustración.

La segunda lectura es el sentido del mito incorporado en la obra, y por lo tanto otro gran logro en el montaje de la obra. Y es que alrededor no sólo de la vagina, sino de todo el ser de la mujer se ha creado toda una mitología que la deforma para oprimirla. No existe ser más oprimido que la mujer, se le oprime para que deje de ser mujer, es decir, para que niegue su esencia de ser y de existir como tal. Es un hecho histórico y comprobado, la virginidad de la vagina se convirtió en la honra del hombre y la familia. Y por esa virginidad muchas mujeres murieron a pedradas o usaron odiosos cinturones de castidad.

Volviendo al caso de la mujer nicaragüense, a la vagina nica, para ser más específico, es más que deformada por la conceptualidad religiosa de lo bueno y lo malo, del pecado y la perdición. Una de las grandes deformaciones en el ámbito del mito religioso es que la mujer nica es bruja. Pero no es la bruja occidental concebida con poderes absolutos como las brujas de Macbeth, todo lo contrario es la “Chancha Bruja” que se convierte en “chancha” para espantar o en “Mona bruja” para robar gallinas o espantar a las esposas de sus amantes. En este mito, la mujer se mete en una pana y dice: “abajo carne, abajo carne” y toda su carne queda en la pana, se mete a otra pana y dice: “arriba carne, arriba carne” y se convierte en mona, hasta que el marido se da cuenta y por consejo del párroco del pueblo le hecha sal a la carne de la mujer y ésta no puede convertirse de nueva en mujer y queda convertida para siempre en mona. Una tía me contaba que en Tiscapa aparecía una bruja con un gran sombrero y en una lancha que vendía nacatamales hechos con carne de muertos. Entonces la bruja nica es mentirosa, ladrona, quita hombre y cochina, todo esto dentro del habla y de la mentalidad de lo nicaragüense.

En “Carnavaliada” el Colectivo 8 de Marzo rescata el personaje de la bruja, le quita las vestiduras de estos mitos que la deforman y la oprimen. Y nos presenta a la verdadera mujer, a una mujer rescatada por ella misma, a una mujer que se toca para darse cuenta que es mujer, a una mujer que se descubre para el gozo placentero, a una mujer que goza por primera vez su libertad de ser mujer.

El carruaje es desnudado y queda al descubierto el contorno de los labios del sexo femenino en cuyos telones rosas y violetas se insinúan la cámara carnal e interior de su vagina. Esto nos recuerda a las fiestas fálicas de los griegos, es decir, las fiestas dedicadas al falo, al pene del hombre. Las mujeres se desgarran los trajes negros para contar sus historias, sus experiencias, sus monólogos, que a como dice su directora Els van Poppel: “Nuestra propuesta es profundizar en la búsqueda de imágenes emocionales y simbólicas con el fin de despertar y evocar la creatividad e imaginación de las y los espectadores, dejándoles el sentimiento y el desafío de encontrar caminos que puedan dirigir hacia una transformación de la realidad, hacia la autonomía, particularmente la de las mujeres”.

Con una excelente actuación de Sandra Aceda, Marta Meneses y Migdalia Torres y con una acertada dirección de Els van Poppel, sólo nos resta felicitar a este colectivo de mujeres por enriquecer con su calidad interpretativa y su frescura actoral a la escena nicaragüense en el IX Festival Internacional de Teatro 2003, organizado por el Centro Latinoamericano de Creación e Investigación (CELCIT) filial Nicaragua y en el Festival Nacional de Teatro popular 2003, organizado por MOVITEP-SF (Movimiento de Teatro Popular Sin Fronteras).  
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Carnavaliada frescura teatral