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El mural de Grottammare: “La paz multicolor es el camino”

Foto  
.Artistas plásticos nicaragüenses pintan mural en Italia

La paz quiere caminar sobre el mundo con cuatro iconos de la paz: Rigoberta Menchú, Gandhi, Madre Teresa y Nelson Mandela.

 

Arnulfo Agüero

Una vez más, la creatividad se manifestó en el mural “La paz multicolor es el camino”, de Grottammare, Italia. El muralista nicaragüense Reinaldo Hernández, junto a Jesús Castro y el curador italiano Mauricio Governatori, además de pintar el mural, también impartieron un curso de arte mural latinoamericano en silicato líquido, a un grupo de 15 italianos, y quienes posteriormente pintaron un mural de 15 metros cuadrados en lo alto la comuna de Grottammare, Italia.

Mural que posterior, ya terminado fue inaugurado por el alcalde Luigi Merli en homenaje a la paz simbólicamente el 11 de septiembre, “el nuevo concepto de la paz debe de ser multicolor y no blanca como se conoció en las guerras mundiales y locales del siglo XX”, y ésta además debe ir acompañada de la justicia económica, la tolerancia y el diálogo para que ésta cohabite en este marco de equilibrio pluricolor, verdaderamente democrático.

Esta contemporaneidad del color también lo podemos ver en las actuales manifestaciones internacionales por la paz, en vez de banderas blancas se están ondeando banderas de todos los colores; con este nuevo arco iris de colores fríos y calientes, la lucha por la paz se ha globalizado también dentro del arte mural de cooperación internacional entre Italia y Nicaragua.

Y es que la historia misma, enciclopédica o de basílica, nos enseñaron que la paz fue inventariada —e institucionalizada por místicos y políticos— como la emblemática palomita que mandó Noé, después de pasado el Diluvio. Las banderas blancas antes y después de las guerras mundiales y locales. Los puños con banderas revolucionarias. O en el caso de la pintura —para citar una encargada por la ONU— el monumental óleo cubista de “Guernica”. Éste ilustró el concepto del horror de la guerra. Esta fue pintada por Picasso, inspirado en la población de Gernika, bombardeada por los alemanes en 1937. Hoy este concepto de basílica y del horror, ha sido modificado, llevado a la gran autopista de la paz pluricolor al retomar como iconografía universal los rostros de cuatro luchadores por la paz y el pensamiento clave de uno de ellos, el líder de la paz espiritual de la India, Mahatma Gandhi, con el cuál titularon esta obra mural colectiva: “No hay camino para la paz. La paz es el camino”.

Las otras figuras emblemáticas son Nelson Mandela, Rigoberta Menchú y la Madre Teresa de Calcuta. Hay que destacar dado el tema, que recientemente que una mujer iraní, Shirin Evadí, fue galardona con el Premio de la Paz —de entre 165 candidatos, entre ellos el ex presidente Vaclac Havel y el Papa Juan Pablo II— exactamente por promover un ideal de tolerancia que apunta a reformas democráticas, de derechos humanos y culturales en el mundo islámico. Y es que la paz debe ser activa y tolerante porque es el sentido universal del equilibrio de la vida: sentimiento y eje de motivación de esta obra mural de singular importancia alegórica internacional.

Para el maestro Hernández, la humanidad en su historia nunca ha tenido un momento de paz, los conflictos siempre han estado presentes debido a nuestra naturaleza humana; pero es esta misma naturaleza la que debe de luchar por hacerla nacer y preservar constantemente. Por ello es que desde su propio camino de arte público monumental, ha diseñado una serie de alegorías alusivas al tema. Así vemos que de su epicentro simbólico, surge un niño como metáfora de la esperanza mundial expresada en catorce idiomas. Este es acompañado por un árbol, simbolizando la vida. De esta manera la palabra paz es escrita en árabe, chino, francés, alemán, polaco, ruso, griego, etc.

Hay que destacar que este mural fue pintado en la pequeña comuna de Grottammare, destino turístico de personas de diversos idiomas y razas, que provienen de Europa del este. Otros elementos alegóricos que contienen la composición mural, son las dos figuras femeninas, o madres de la paz aludiendo el día y la noche; la primera en azul trata de calmar al universo, y la segunda en roja a la humanidad, ambas están intercaladas por vivos colores. También podemos apreciar dos integraciones culturales. Uno es una imagen indigenista y las otras son las pequeñas alas, retomadas de la pintura bizantina, cristiana y mística. Otro elemento cosmogónico muy importante, y que es proveniente de la cultura mesoamericana, son las volutas que significa el habla. Este sugiere el mensaje que la paz sólo se logra dialogando. Los granos de maíz en forma de flores están dispersos en toda la obra, ilustran la justicia económica y alimentaria que debe de existir entre países pobres y ricos. Sobre este planteamiento estructural y de actitudes imperiales, es oportuno señalar lo que el Concilio Vaticano II, afirma en algunos pasajes del documento “Gaudium et Spes”, que entre las causas de injusticia deben desaparecer las “excesivas desigualdades económicas”, el “deseo de dominio”, el “desprecio de las personas”, la “envidia, la desconfianza, la soberbia y las demás pasiones egoístas”. Y sobre el nuevo y antiguo concepto de paz mundial, éste también se ajusta perfectamente a los preceptos del cristianismo que está sintetizada en la palabra hebrea “shalom”; que es quizás la más rica al respecto y expresa la plenitud que debe ser alcanzada por cada persona. “Jesús proclamó bienaventurados a los que construyen la paz, porque serán llamados hijos de Dios” (Mt. 5,9). Por su lado Mahatma Gandhi, conocido entre sus compatriotas indios como Mahatma (en sánscrito, ‘alma grande’), es un inconfundible símbolo del pacifismo mundial, agigantado tras su asesinato cometido el 30 de enero de 1948. Gandhi valoró que el concepto de “resistencia pasiva y ‘desobediencia civil” eran inadecuados para su lucha y acuñó la palabra: “satyagraha” que en sánscrito es “abrazo de la verdad”. Estos ideales de paz fueron vistos por el ex presidente mexicano Benito Juárez (1806-1872), hijo de indio zapoteca, como “El respeto al derecho ajeno es la paz”. Cabe recordar que de estas tierras convulsas surgieron los tres grandes muralistas que hicieron resucitar la pintura mural: Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros. A gran vistazo sus obras constituyen composiciones de vivos colores, que conmemoran la rebelión del pueblo contra los sistemas violentos, el mestizaje, y la unión entre indígenas americanos y españoles. Sus ideales también apuntan hacia la naturaleza humana con sus contradicciones y búsqueda de la divinidad, todo ello dentro de un marco de monumentalidad sin tiempo, por el arte la vida y la paz de la humanidad.  
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El mural de Grottammare: “La paz multicolor es el camino”