Nuestro mundo
Oasis de paz en Cachemira
Zoltan Istvan National Geographic
La pequeña ciudad himalaya de Leh, en el estado septentrional de la India de Jammu-Cachemira, cercana a la frontera con el Tíbet, se despierta a la entonación de oraciones musulmanas e hindúes radiadas desde la mezquita y templos principales.
Para las nueve de la mañana en las calles pululan vendedores, turistas y soldados. En otro sitio de Cachemira, un conflicto político de más de medio siglo de duración podría eclosionar en una guerra nuclear entre la India y Pakistán. Pero Leh, con su herencia budista dentro de un estado predominantemente musulmán, si apenas cae en cuenta.
“Aquí no existe la violencia”, menciona Tsewang Dorjey, guía conductor de turistas occidentales por los monasterios budistas en los alrededores de Leh. “Las luchas y los problemas están en Srinagar o Kargil, no aquí en Leh”.
A 11,500 PIES DE ALTURA
A una altitud de 11,500 pies sobre el nivel del mar, Leh domina un panorama de los Himalayas, copeteados de glaciares. El Dalai Lama mantiene una residencia de verano apenas en las afueras del poblado.
Durante siglos Leh y la región circundante de Ladakh formaba parte del Tíbet. La Ruta de la Seda pasaba por Leh. Con una historia profundamente enraizada en el budismo tibetano, los pobladores de Leh tienen una reputación de tolerancia y amabilidad hacia sus vecinos y visitantes.
DE NOCHE Y SIN MIEDO
Leh es uno de los pocos lugares de la Cachemira hindú en donde los soldados frecuentemente van desarmados, donde las gentes de diferentes antecedentes religiosos compran en las tiendas de unas y otras, y en donde los turistas occidentales caminan por las calles ya tarde de noche, sin miedo.
El conflicto hindú-musulmán se centra en la Llanura de Cachemira, cercano a Srinagar. A no más de cien millas de Leh, la gente de Kargil se preocupa por el intercambio de disparos a lo largo de la línea de cese al fuego entre Pakistán y la India.
Leh, arropada en una esquina del estado, es el hogar de una antigua y autóctona comunidad cultural tibetana budista. “Están cultural y geográficamente aislados del conflicto y han podido conservarse al margen”, hace saber Elliot Sperling, profesor asociado de estudios tibetanos de la Universidad de Indiana en Bloomington.
La población de Leh va en aumento. Actualmente son 27,000 habitantes, tres veces más que a mediados de los 80. Parte de la razón de ese crecimiento demográfico obedece a la inmigración de gente de negocios tanto hindú como musulmana que ya no quiere vivir y trabajar en localidades inestables de Cachemira.
COMIDAS Y NO BOMBAS
“¿Por qué tener un puesto de verduras en cualquier otro lugar de Cachemira?, se pregunta Mahmud Khan, musulmán dueño de un pequeño tenderete que se mudó a Leh desde Srinagar. “Aquí mis clientes se preocupan por la comida y no de las bombas que pueden explotar a espaldas de ellos”.
Durante los veranos, los turistas fluyen a Leh. Los hindúes de Nueva Delhi y de otros sitios de la India acuden a henchirse de aire fresco y seco. Budistas de cualquier parte de Asia acuden a explorar y a rezar en los monasterios de los siglos XVI y XVII, conocidos como “gompas”. Los turistas occidentales acuden a deambular por entre uno de los más bellos paisajes a nivel mundial para pasear.
“Leh es un magnífico lugar donde establecer campamento base para excursionar desde él entre los Himalayas”, afirma Kevin Davison, caminante inglés. “La gente del pueblo es muy amigable y sumamente realista”.
LOS ANTECEDENTES
Los problemas en Cachemira se originaron en 1947 cuando Gran Bretaña separó su imperio hindú entre India y Pakistán, en gran parte por densidad de población hindú y musulmana.
A los pocos meses de la división, la India y Pakistán ya estaban en guerra para la retención de Cachemira.
En 1949, las Naciones Unidas indicaron que la gente de Cachemira sostuviera un plebiscito para determinar el futuro de ese estado. El estado de Jammu y Cachemira, incluyendo la región de Ladakh, han permanecido en manos indias. Pakistán retiene Azad Cachemira, una pequeña sección del suroeste de Cachemira, y las Áreas del Norte, hogar del famoso K2.
No ha habido plebiscito.
Durante los últimos 14 años, los enfrentamientos bélicos se han intensificado entre la India y Pakistán al cobijo de terroristas islámicos activos con su “jidah” en contra del gobierno de la India y las tropas de éste en Cachemira.
Aun así, tanto Leh como la región de Ladakh permanecen siendo un oasis. “Creo que la perspectiva budista de tolerancia y amabilidad es parte de la razón por la que las cosas se mantienen estables en esta región de Cachemira”, sugiere Alex Gillespie, candidato al doctorado en psicología y antropología de la Universidad de Cambridge y que ha investigado la interrelación de los turistas y la gente nativa en Ladakh.
La geografía y el clima también ayudan a mantener la paz. Ladakh está muy alejada y es muy pobre en recursos naturales de modo que la Llanura de Cachemira, altamente poblada y exuberante, representa un trofeo más codiciado.
Los inviernos en Leh son tan crudos que fuerzan al aislamiento. La nieve por lo normal corta los caminos hacia el mundo exterior durante seis meses.
“Leh es uno de los lugares más seguros en donde estar en toda la Cachemira”, afirma un soldado hindú al que no se le permitió dar su nombre. “Cuando uno se encuentra en las líneas del frente, siempre sueña en un sitio como Leh”.

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