Los medios y la cultura jurídica
Guillermo Rothschuh Villanueva guiller@ns.uca.edu.ni
El ciudadano del SIGLO XXI está siendo conformado bajo los auspicios de los medios audiovisuales y fundamentalmente de la televisión. Para Giovanni Sartori la televisión está creando a un nuevo sujeto: el homo videns, cuyos cimientos se sustentan en una premisa simple y descarada: veo luego existo. En las antípodas de esta concepción se ubica Fernando Savater. Sus tesis sobre los alcances de la televisión resultan más benevolentes. Apegado a los axiomas de Neil Postman, el filósofo español certifica que la revolución provocada por la televisión en la familia, “no estriba en que la televisión no eduque lo suficiente sino que educa demasiado y con fuerza irresistible; lo malo no es que transmita falsas mitologías y otros embelecos sino que desmitifica vigorosamente y disipa sin miramientos las nieblas cautelares de la ignorancia que suelen envolver a los niños para que sigan siendo niños”.
Después de las tesis de Gramsci sobre el poder educativo de los medios; las fundamentaciones de la escuela francesa acerca de la existencia de las escuelas paralelas, el aparato educativo formal y el aparato educativo informal, constituido por los medios; los desarrollos conceptuales de Armand Mattelart; las tesis de Javier Esteinou y las constataciones alarmantes de Sartori ¿un apocalítico en estado puro? ya nadie pone en tela de juicio la capacidad educativa de los medios. Las dudas surgen acerca de la manera en que los medios llevan adelante el proceso educativo. El error de ciertos especialistas —los llamados contenidistas— ha sido pedirle a los medios que asuman una función casi parecida a la que asume el aparato educativo formal.
Los medios educan a su manera. ¿Acaso la serie de televisión Ally McBeal enseña menos de lo que uno puede aprender en una disertación académica sobre temas jurídicos en una aula de estudios? La falta de dominio escénico en una época de dominio mediático es ostensible. La cobertura de los juicios orales en Nicaragua por los medios audiovisuales, ha puesto en evidencia a unos fiscales noveles que salen reprobados ante las cámaras de televisión, frente a la desenvoltura de los actores mediáticos a las que nos tienen acostumbrados las series televisivas sobre temas jurídicos. Los medios a través de distintas aproximaciones al conocimiento de la realidad jurídica a la vez que informan, ejercen una función pedagógica. Nada más que su labor educativa es más plástica, más flexible y casi siempre lúdicas, lo que les proporciona una enorme ventaja sobre el aparato educativo formal.
La contundencia de esta realidad obliga a jueces y magistrados a salir al encuentro de los medios. Apropiarse de sus lógicas y dominar sus lenguajes se convierte en una exigencia de los tiempos. Tienen que conocer sus lógicas de producción y sus diferentes filtros técnicos, políticos e ideológicos. Su tendencia al esquematismo, su maniqueísmo recurrente y la personalización obscena. Los medios mediante la puesta en escena de la realidad jurídica realizan una tarea pedagógica. Aunque en muchas ocasiones privilegien el entretenimiento y lo espectacular no por eso dejan de ser menos efectivos en su tarea educativa. En una referencia explícita a las relaciones entretenimiento-educación, Maxwell McCombs, al pasar revisión veinticinco años después sobre la pertinencia de la agenda-setting, explícitamente expone que la línea divisoria trazada entre información y entretenimiento resulta artificial. Para avalar su tesis McCombs explica que “cuando la comedia televisiva Designing Women subraya la importancia del uso de preservativos en la prevención del sida, el efecto puede ser tan fuerte como todos los items noticiosos acerca de los informes del cirujano general y los anuncios de servicio público en su conjunto”.
Todo apunta en Nicaragua a la necesidad de replantear el diálogo establecido entre medios y tribunales. Un cambio de esta magnitud pasa por la necesidad de delinear una política de comunicación para que la ciudadanía pueda tener una visión más integral de los propósitos y objetivos del Poder Judicial en su intención de cimentar una cultura jurídica en el país. Una política de comunicación que siempre será más que una política de relaciones públicas y mucho más que el carácter reactivo que asume el Poder Judicial cada vez que tiene que afrontar hechos y situaciones planteadas a través de los medios. Establecer una política de comunicación amplia y plural que permita un diálogo fructífero entre jueces, periodistas y medios. Lo pretendan o no, los medios impulsan a través de sus prácticas y rutinas periodísticas cotidianas, una cultura jurídica. Cabe preguntarse, ¿es la más adecuada?
El autor es decano de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Centroamericana (UCA).

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