“Los presidentes son como leones enjaulados”
Ernesto Samper Pizano: ex Presidente de Colombia
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Una de estas mañanas visitó la sala de redacción de LA PRENSA el ex Presidente de Colombia, Ernesto Samper Pizano, cuyo mandato se ensombreció por el escándalo de financiación de su campaña electoral con dinero del narcotráfico. Después de un largo juicio fue absuelto de toda culpa, pero admite que “dineros sucios” ingresaron a su campaña. |
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Ernesto Samper Pizano LAPRENSA/U.MOLINA
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Eduardo Marenco Tercero eduardo.marenco@laprensa.com.ni
Aparentemente la historia no recordará con gratitud a Ernesto Samper Pizano. En el exterior no se olvida el proceso 8,000, la indagación judicial sobre la infiltración de dinero del narcotráfico para financiar la campaña electoral que lo llevó al poder en 1994.
Samper, quien en 1989 recibió cuatro balazos disparados por un sicario en el aeropuerto Eldorado de Bogotá, los que quedaron alojados en su cuerpo, se vio envuelto años después en una tormenta política que casi da fin a su mandato. Estados Unidos descertificó a Colombia el 1 de marzo de 1996 y le levantó la visa de ingreso al entonces presidente Samper, el 11 de julio de ese año.
Es alto, usa lentes gruesos, tiene frente amplia, cabello canoso, cejudo y de nariz ancha. Tiene voz nasal, con un tono bajísimo en ocasiones. Bogotano o “rolo”, en la jerga de los colombianos, Samper dijo que visitó LA PRENSA como “un deber de reciprocidad” después de haber sido mencionado en infinidad de ocasiones en reportes periodísticos.
En el ínterin de su visita al Diario, que tomó por sorpresa a todos, aceptó conversar sobre el famoso proceso 8,000 que casi lo saca de la Presidencia, aunque al final le tocó entregar el puesto en 1998 a Andrés Pastrana, el ex presentador de televisión al que derrotó en los comicios anteriores y quien le haría la vida imposible al acusarlo de recibir 3.7 millones de dólares del Cártel de Cali para el financiamiento de su campaña.
Su tesorero de campaña, Santiago Medina (q.e.p.d.), también señaló que se recibieron cuatro millones de dólares con su conocimiento. Sin embargo, el Congreso investigó a Samper y lo declaró inocente con 111 votos a su favor. El ex mandatario hizo famosa una frase pronunciada en el corazón de la tormenta política: “Aquí estoy y aquí me quedo”.
—Usted al final, ¿acepta o no acepta que conocía de la infiltración de dinero del narcotráfico en su campaña electoral?
—No. Desde el principio mencioné que yo no tenía ningún conocimiento pero estaba dispuesto a aceptar la responsabilidad sobre hechos de mi campaña en la medida que éstos fueran probados. No solamente fueron conocidos hechos que por supuesto yo desconocía, sino que recientemente la investigación dio un giro de 180 grados y se encontró que lo que había existido era una operación de cambio de dinero de parte de las personas que manejaron mi campaña por medio de la cual tomaron “los dineros sucios”, por así decirlo, los ingresaban a la campaña, mientras que por la otra ventanilla estaban sacando “dineros limpios” que nosotros mismos estábamos consiguiendo.
—Santiago Medina, ex tesorero de su campaña, hizo acusaciones graves en el libro que escribió. ¿Qué validez le da a su testimonio?
—Actualmente no le puedo dar ninguna validez porque está muerto. No quisiera yo entrar a polemizar con...
—¿Cuándo falleció él?
—Hace dos años, ¿no?
—¡Ah caramba! Pero bueno, ¿usted como político cómo vio ese proceso? ¿Pudo haber evitado que su campaña fuese infiltrada?
—Al margen de la discusión estrictamente política yo creo que fue un episodio importante para que aparecieran una serie de realidades en Colombia. Durante muchos años Colombia y la política colombiana, tuvo relaciones directas e indirectas con el narcotráfico. Lamentablemente la politización del proceso, es decir la utilización del proceso sobre la financiación de mi campaña, terminó condenando a unas pocas personas convirtiéndolas en víctimas propiciatorias de estos hechos, sin que el país hubiera tenido la oportunidad de haber hecho una reflexión a fondo, sobre hasta qué punto la participación del narcotráfico en un país, en su economía, en su sociedad, puede alterar la vida del país, creo que esa reflexión colectiva nunca se hizo y hubiera sido una moraleja y un resultado importante de todo este proceso.
Sin embargo, ahí está para todos los países el ejemplo de Colombia, cómo si un país no toma los controles adecuados, si no toma las medidas preventivas necesarias puede prácticamente desbaratar su institucionalidad por cuenta de estas fuerzas criminales.
—¿Usted se siente responsable de no haber tenido los cuidados debidos?
—No. Mi responsabilidad llegaba hasta ganar la campaña y delegar en personas honestas. Y la responsabilidad la asumí combatiendo el narcotráfico, jamás en ningún gobierno se ha dado tal lucha contra el narcotráfico. Ésa era la mejor manera de demostrar a la comunidad internacional que si había habido alguna forma de financiamiento de mi campaña no había habido ningún compromiso.
—¿Usted llegó a conocer en algún momento a los hermanos Rodríguez Orejuela (del Cártel de Cali)?
—Nunca.
—El daño que se le produjo a Colombia, en el marco de la institucionalidad, fue inmenso, producto de este escándalo. Llegó un momento en que se le tildaba de “narcodemocracia”...
—No creo que tanto, ¿no?... Yo pienso que al contrario. Esto demostró que Colombia tenía la capacidad institucional de sortear una crisis de esta dimensión, jamás dejó de operar la justicia, no se interfirió la prensa, el congreso cumplió con su responsabilidad, se tramitó por los canales por donde debía tramitarse la solución de la crisis.
Quizás es una de las experiencias más importantes en materia de gobernabilidad. Pensamos que debemos ir a un sistema semiparlamentario porque tenemos unos presidentes que son como leones enjaulados, que tienen toda la responsabilidad pero no tienen ninguna capacidad de mando. Cada vez le quitamos más funciones y le hemos mantenido sus responsabilidades. Tenemos unos congresos absolutamente desvirtuados por la gente, desacatados por los electores.
En la medida en que lográramos ir a un sistema semiparlamentario, y esos cuadros de crisis se resolvieran apelando a figuras propias de un sistema semiparlamentario, como la disolución anticipada de las cámaras, la convocatoria a elecciones generales, el voto de censura constructivo; si hubieran existido esas válvulas de escape en mi gobierno, seguramente hubiera podido manejar muchísimo más fácil las dificultades que tuve que sortear preservando la institucionalidad.
—¿A usted le indignó en lo personal que Estados Unidos le levantara la visa de ingreso?
—¡Noooooo! Nada de los Estados Unidos ni me indigna ni me sorprende.
—¿Por qué no le sorprende?
—Porque sabemos cómo operan.
—¿Cómo logró librarse de ese embrollo judicial?
—No... el Congreso, la Corte Suprema, la Corte Constitucional, el Consejo de Estado y el Consejo Nacional Electoral, pues de todos, se produjo una absolución, que era lo que yo esperaba.
—Usted permaneció un tiempo fuera de Colombia, ¿cierto? ...dando clases.
—En España, cuando volví al sector privado... privado de carro, privado de secretaria, privado de mensajeros, de todo.
—¿Se sintió usted como exiliado?
—Nooo... Todos los ex presidentes deben tomar distancia... yo seguí el consejo de los tres sobres. ¿Usted sabe cuál es?
—No. Dígame.
—Uno cuando se va del poder tiene que entregarle tres sobres a su sucesor, yo se los entregué a mi sucesor, a Pastrana. El primer sobre dice: “Para abrir en la primera crisis: échele la culpa a su antecesor”. El segundo sobre es para abrir en la segunda crisis: “Vuelva a echarle la culpa a su antecesor”. El tercero, es para abrir en la tercera crisis: “Consígase tres sobres para entregárselos a su sucesor”. Yo hice eso. Le dejé los tres sobres (a Pastrana) y me fui. Lo que pasa es que él me echó la culpa en las tres oportunidades.
—Ingrid Bentancourt fue en su momento una crítica muy valiente en contra suya. ¿Qué piensa de ella ahora que lleva más de año y medio en cautiverio?
—Vivo su drama como vivo todos los dramas de los colombianos que se encuentran secuestrados, soy solidario con el dolor que está viviendo su familia, creo que éste es precisamente el momento para deponer cualquier animadversión personal.
Es más, en un proceso por calumnias que inicié en París, antes que hubiera sido secuestrada, muy recientemente acepté que los abogados transaran ante la Corte de Apelaciones de París, porque no quería añadirle un sufrimiento más a la familia Betancourt.
—Por último, ¿ha logrado volver a Estados Unidos o no?
—No, no, no, no. Estoy muy ocupado visitando Europa, pero...
—¿Y piensa volver? ¿No añora volver?
—Hombré, a mí me gustaría volver a Nueva York, me gustaría volver a los sitios a los cuales tengo un cariño especial. Digamos que no me moriría por volver al Departamento de Estado o a Washington.
“No levantar banderas de guerra”
Ernesto Samper comparte la posición del gobierno colombiano de no admitir la competencia de la Corte Internacional de La Haya para conocer el diferendo con Nicaragua, alrededor de San Andrés y Providencia, porque a su juicio, la jurisdicción de la Corte excluye lo resuelto a través de tratados bilaterales.
Sostiene que Colombia tiene títulos históricos claros para mantener la soberanía sobre San Andrés y cayos adyacentes. Aboga porque el tema se zanje pacíficamente por aquello de que “buenos linderos hacen buenos vecinos”.
La relación entre ambos países, considera, está llena de “pequeños ruidos” como la mutua exigencia de visado para viajar de un país a otro, y el arancel del 35 por ciento establecido por Nicaragua a las importaciones provenientes de Colombia.
Dice que los sanandresanos son los que ellos llaman “raizales”, es decir, “sectores radicales” que por razones comprensibles aunque no compartibles, piensan que la isla debe volver a su situación primitiva para no destruir la naturaleza, independizándose tanto de Bogotá como de Managua. Sin embargo, asevera, tal idea es una “pretensión romántica” más que “una posibilidad real”. Reconoce que no es la única región necesitada de Colombia aunque asegura que en su gestión “fue ampliamente privilegiada”. San Andrés, asegura, tiene autonomía administrativa, servicios de salud competentes y un sistema educativo aceptable.
A su juicio, la apertura económica de los noventa acabó con la capacidad de comercio de San Andrés. Piensa que no es conveniente convertir la isla en un centro financiero internacional debido al peligro de lavado de activos del narcotráfico.
Con relación a la incursión de la Armada colombiana a aguas nicaragüenses, asegura que no hay interés en sectores militares colombianos de ocasionar un conflicto bélico con Nicaragua. “No hay una actitud hostil de los colombianos ni contra Nicaragua ni los nicaragüenses”, expresa.
Dice entender que se ha conformado una comisión binacional de ambas cancillerías para que esos incidentes se tramiten de forma rápida, “sin necesidad de levantar las banderas de guerra”.
El lío de la ingobernabilidad
El ex presidente Ernesto Samper visitó Nicaragua en el marco de la promoción de una cumbre de gobernabilidad a realizarse en Biarritz, Francia, en la que participarán quince ex presidentes junto a líderes y analistas sobre América Latina, en noviembre próximo.
En Nicaragua se entrevistó con el ex presidente Daniel Ortega, personeros de Gobierno y académicos.
Samper elabora un informe sobre la “teoría de la ingobernabilidad” en la región, determinada por lo que él llama “la patología de la globalización”, en referencia al flujo de drogas y las amenazas del tráfico de armamento y la presencia de células terroristas, como amenazas a nuestros países.
Al mismo tiempo, estudiarán el resultado de encuestas que revelan la insatisfacción de los ciudadanos con respecto a la democracia y la crisis de representatividad de los partidos políticos.

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