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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 11 DE OCTUBRE DE 2003
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Elia Kazan: Esqueletos en el clóset

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.Kazan fue uno de los cineastas, ex miembros del Partido Comunista estadounidense

 

Franklin Caldera*

En 1999, en medio de una acalorada controversia, el director Elia Kazan (fallecido el 28 de septiembre de 2003) recibió un Oscar por toda su carrera, flanqueado por Robert de Niro y Martin Scorsese.

La controversia se debió a que en 1952, Kazan fue uno de los cineastas, ex miembros del Partido Comunista estadounidense, que aceptaron nombrar a antiguos camaradas ante el Comité del Congreso que investigaba la presunta infiltración comunista en el gobierno y la industria cinematográfica.

Las investigaciones se iniciaron en 1947. Comenzaba la Guerra Fría y la histeria anticomunista se avivó con el anuncio de los primeros experimentos nucleares de la URSS. Los marxistas estadounidenses comenzaron a ser percibidos como quintacolumnistas, después de gozar de cierta simpatía durante la II Guerra Mundial (en apoyo de la alianza de Roosevelt y Stalin contra Alemania, Hollywood produjo algunas películas pro-soviéticas, como “La estrella norteña” y “Misión a Moscú”).

Cuando Kazan dio sus declaraciones (en la segunda ronda de investigaciones), hacía cuatro años que los llamados 10 de Hollywood (guionistas y directores citados por el Comité) habían sido condenados a penas de hasta 1 año de cárcel por rebeldía ante el Congreso. Las ocho personas que menciono eran figuras de renombre (dos fallecidas) cuya filiación izquierdista era bien conocida, como el dramaturgo Clifford Odets, otro “testigo amistoso”, con quien pactó “delatarse” en sus respectivos testimonios. En todo caso, muchos consideraban que declarar ante el Comité equivalía a legitimar un organismo cuya constitucionalidad era cuestionada incluso desde el mismo gobierno.

Más que fuente de información, el “mencionar nombres” era un rito de expiación mediante el cual personalidades del cine identificadas como comunistas, podían reanudar sus carreras. La consecuencia más generalizada de no cooperar con el Comité era la inclusión en la tristemente célebre Lista Negra, que circulaba secretamente entre las compañías productoras y acabó con muchas carreras.

El giro de la cultura hacia la izquierda en los turbulentos años 60, hizo que las posiciones radicales se convirtieran en factor de prestigio en Hollywood; y quienes más millaje han sacado de las investigaciones parlamentarias de los años 40 y 50, son, irónicamente, los que respaldan regímenes totalitarios que sistemáticamente suprimen las voces disidentes.

Las protestas en torno al premio han oscurecido temporalmente el valioso legado de Kazan. Nació en Constantinopla en 1909 (su película “América, América” se inicia con las palabras: “Soy Elia Kazan, griego de sangre, turco por nacimiento y estadounidense, porque un tío mío hizo un viaje”). Fue miembro (como actor y director) del Teatro Grupo de Nueva York, y en 1947, cofundador del Actors Studio, en el que Paula y Lee Strasberg enseñaban el Método de Stanislavski, que mueve al actor a enriquecer su trabajo incorporando sus propias experiencias y emociones.

Los tres filmes de Kazan con Marlon Brando, “Un tranvía llamado Deseo” (51), “Viva Zapata” (52) y “Nido de ratas” (54), sobre la manipulación de los sindicatos de estibadores de Nueva York por elementos del hampa, marcaron la consagración del “Método” en el cine. Maestro en la dirección de actores (utilizaba la cámara como un “microscopio” para revelar en estas cosas de las que ellos mismos no estaban conscientes), dirigió a los tres más grandes exponentes del Método: Brando, James Dean (“Al Este del Paraíso”; 55) y Montgomery Clift (“Río Salvaje”; 60); y a dos ex alumnas del Actors Studio: Carroll Baker (“Baby Doll”; 56) y Lee Remick (“Un rostro en la multitud”; 57).

Destacan en su filmografía, “La luz es para todos” (47), denuncia del antisemitismo en EE.UU., “Esplendor en la hierba” (61; con Warren Beatty y Natalie Wood) y “El arrreglo” (69), sobre la crisis moral de un alto ejecutivo (Kirk Douglas). De su obra se desprende que Kazan nunca abandonó los ideales que lo llevaron a incorporarse al Partido comunista en su juventud (1934-36), lo que perdió fue la fe en el comunismo como vía para la realización de dichos ideales.



*Crítico de cine.  
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Defensor de soberanía