José Andrés Urtecho
Defensor de soberanía
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 | Edición que fue presentada En el Salón de las Banderas de la Cancillería esta semana |
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Orient Bolívar Juárez*
En los anales de la historia republicana de Nicaragua y de sus conflictos internacionales, José Andrés Urtecho Lebrón (1870-1938) es sin duda el diplomático nicaragüense que con mayor hidalguía, patriotismo y coherencia histórica defendió en el siglo XX los derechos territoriales de nuestro país en el Mar Caribe, desde su alto cargo de Ministro de Relaciones Exteriores, hecho que adquiere mayor dimensión y trascendencia por haber actuado en una época de las más funestas de nuestra historia en tanto que Nicaragua estaba sojuzgada desde 1912 por la intervención norteamericana.
José Andrés Urtecho, un nombre seguramente desconocido para las actuales generaciones, quizás porque no blandió la espada, fue político, diplomático, académico y escritor. Nació en Rivas. Fue el hijo mayor del Gral. Don Isidro Urtecho, reconocido combatiente de la Guerra Nacional y “uno de los mejores escritores nicaragüenses” de su época, según don Pío Bolaños. De su padre heredó su elevado sentido de patriotismo, así como su talento literario, pues además de sus escritos diplomáticos, escribió diversos ensayos, discursos, oraciones fúnebres, perfiles biográficos, remembranzas históricas y prólogos.
Ingeniero de profesión, José Andrés Urtecho estudió en West Point y en la Universidad de Pennsylvania. Fue durante el segundo período conservador que Urtecho llegó a ocupar varias carteras ministeriales. Fue Ministro de Relaciones Exteriores durante tres gobiernos: el del Gral. Emiliano Chamorro (1917-1920), don Bartolomé Martínez (1923-1924) y Don Carlos Solórzano (1925).
Fue durante este último gobierno, que el ingeniero Urtecho tuvo una actuación sobresaliente en defensa de la soberanía nicaragüense, no en los campos de batalla portando un fusil, sino con la pluma y su talento. En 1925 el gobierno de Colombia tenía acreditado en Managua al doctor Manuel Esguerra con la misión primordial de impulsar sus planes de apropiación del archipiélago nicaragüense de San Andrés y Providencia. Fue en procura de ese objetivo que Esguerra presentó al Gobierno del Presidente Solórzano, un Memorándum, mediante el cual Colombia daba a conocer los fundamentos en que basaba sus pretensiones para despojar a nuestro país de sus más valiosos territorios insulares en el Caribe.
Ante la alarmante exposición de Colombia, el Canciller Urtecho replicó cada uno de sus doce puntos, mediante una brillante exposición en la que refuta de manera contundente la tesis colombiana y deja bien sentada la tesis de Nicaragua, apoyándose en el principio de derecho internacional americano del “Utis Possidetis Juris”; señalando que nuestra pertenencia de San Andrés se deriva de la Real Cédula de 28 de junio de 1568; observando el carácter limitado al ámbito militar, de la Real Orden de 1803; interpretando correctamente el Tratado del 15 de marzo de 1825; poniendo muy en claro que las notas de los cancilleres Salinas y Castellón no constituyen ningún reconocimiento de derechos a favor de Colombia; aclarando que la soberanía de las islas caribeñas nicaragüenses no fueron sometidas al Laudo Arbitral de 1900 del Presidente de Francia, Emile Loubet; sosteniendo además, que la no figuración del archipiélago de San Andrés en mapas ni geografías, no altera para nada su situación jurídica respecto al derecho de Nicaragua y que su alegada posesión de casi cuatro siglos, es una completa falacia.
Fue en el contexto de esa controversia que la Cancillería a su cargo publicó cuatro obras de capital importancia para la defensa de la soberanía nicaragüense en el Caribe: la primera en 1924: “Memorándum Explicativo de la Controversia entre Nicaragua y Colombia sobre el dominio de las Islas de San Andrés”. (Managua: Tipografía Alemana de Carlos Heuberger, 1924. 95, 95 p. Ed. Bilingüe inglés-español). En esta obra, Nicaragua fundamenta histórica y jurídicamente sus derechos sobre el archipiélago de San Andrés y Providencia; La segunda es “Réplica del Ministerio de Relaciones Exteriores de Nicaragua al Memorándum que sobre la cuestión Mosquitia presentó al excelentísimo señor presidente de la república, don Carlos Solórzano, el Ministro Plenipotenciario de Colombia, doctor don Manuel Esguerra. (Managua: Tip. Progreso, [1925]. 114 p.). La tercera es, “Estado actual de la cuestión de límites entre Nicaragua y Colombia/ República de Nicaragua, Ministerio de Relaciones Exteriores. (Managua: Tip. Progreso, 1925. 27 p.). Y la cuarta fue: Nicaragua y Colombia, últimas comunicaciones sobre la cuestión Mosquitia entre el Ministerio de Relaciones Exteriores y la Legación de Colombia. (Managua: Tip. El Progreso, 1925, XV, 153 p.).
La digna actuación de José Andrés Urtecho como Canciller entre 1917 y 1925 y sus extraordinarios trabajos de recopilación y sistematización histórica y jurídica para la defensa de nuestros derechos sobre el archipiélago nicaragüense de San Andrés y Providencia, ante las pretensiones de Colombia y las presiones norteamericanas, no conocen precedentes en nuestra historia diplomática, llegando a constituir el punto de partida o sea la base fundamental en que descansan los estudios posteriores realizados por distinguidos juristas sobre la materia. De modo que su apreciable legado histórico-jurídico, como bien reconoce el Dr. Alejandro Montiel Argüello, han servido muchísimo en los juicios internaciones de Nicaragua en la CIJ de La Haya.
Por su notable contribución a Nicaragua, José Andrés Urtecho es, indiscutiblemente, uno de los valores nacionales del siglo XX a quien le corresponde un lugar prominente, junto a los grandes exponentes de nuestra diplomacia como José de Marcoleta, el “Padre de la Diplomacia Nicaragüense”, Sebastián Salinas, Hermenegildo Zepeda, Gregorio Juárez, Anselmo H. Rivas, Pedro Zeledón, Rosalío Cortés y Adolfo Altamirano.
En ese sentido, constituye una justa reivindicación de su nombre, la compilación que recientemente ha hecho de su obra completa, Aldo Díaz Lacayo, bajo el título: “Archipiélago de San Andrés/ legítimos derechos de Nicaragua a la luz de la justicia y la historia”, la cual ha sido publicada con prólogo de su digno sucesor, el doctor Norman Caldera, Canciller de la República, 78 años después de la actuación de este insigne patriota, cuya obra y ejemplo es de permanente vigencia para los nicaragüenses.
*Historiador Asociado 
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