Comodidad y seguridad: un anhelo permanente
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 | El ingenio para procurarse un techo seguro y protector ha permitido el desarrollo de soluciones magistrales: desde la admirable concha del caracol hasta nuestros colosales rascacielos |
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Imponentes y atrevidas construcciones caracterizan la arquitectura de las grandes ciudades. |
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Orlando Barrera R. info@laprensa.com.ni
Conseguir un refugio cómodo y seguro es una preocupación de todos los animales, y no privativa del género humano. Pensemos aquí, en los escondites, refugios, cuevas, nidos, madrigueras, túneles y enramadas que construyen los animales y nos daremos cuenta que la necesidad de abrigo y protección es una constante en todos ellos.
El hombre siempre se las ha ingeniado para construir albergues, más o menos provisionales. En su etapa de trashumancia, los utilizaba para pasar la temporada de recolección de frutos y luego los abandonaba. La mayoría de estos habitáculos eran apenas una sencilla adaptación de accidentes topográficos o de particularidades del paisaje. Su pericia apenas le daba para arrimar una roca a la boca de una cueva o levantar en el frente una mampara de piel.
Con la conquista de la agricultura y el gradual tránsito hacia el sedentarismo, el hombre comenzó la construcción de viviendas con un propósito más permanente y utilitario. La construcción de casas y edificios públicos con materiales durables es un indicativo del grado de dominio tecnológico y de consolidación y progreso de todas las civilizaciones.
En las antiguas culturas de Egipto y del Cercano Oriente predominaron las construcciones de una sola planta, con paredes de adobe o ladrillo cocido y rematados por terrazas. En Babilonia sus habitantes solían decorar con plantas y flores estas terrazas, lo que les mereció la fama y el reconocimiento por la hermosura de sus jardines colgantes.
En el Lejano Oriente, las casas tradicionales estaban compuestas de pabellones, galerías cubiertas, jardincillos y utilizaban con profusión la madera y aditamentos de barro.
En tanto, en las culturas mediterráneas, la vivienda respondía a un tipo constructivo muy similar a los anteriores. Generalmente, contaban de una amplia sala rectangular, con un hogar en el centro para preservar la lumbre y calentar la vivienda en las épocas frías.
La casa a través del tiempo
En Grecia encontramos un marcado contraste entre la arquitectura monumental de templos y palacios públicos y la extrema sencillez de la vivienda.
Los domus romanos estaban compuestos de dos cuerpos constructivos, consistentes cada uno de ellos de un patio central y varias habitaciones alrededor. Era frecuente el uso de mosaicos en los pisos y pinturas y murales en las paredes.
La casa medieval, que hacía parte de la unidad administrativa y territorial denominada manor, se caracterizaba por su fachada escalonada y por la gran profundidad de su planta constructiva. Habitualmente era de dos niveles. El inferior se destinaba para comercios y habitaciones y el superior se reservaba para almacén o bodega.
La decoración exterior de estas viviendas varía considerablemente a través del tiempo y de la zona geográfica. En el renacimiento se coloca más énfasis en la decoración de fachadas e interiores, siguiendo los cánones clásicos.
Durante el período barroco hubo profusión de adornos y se renovó el estilo arquitectónico de los techos, mediante el empleo de las mansardas, que consistían en una techumbre inclinada con buhardillas.
A su vez, la revolución industrial presupuso un avance significativo en los sistemas constructivos, tanto en el caso de nuevas técnicas como por la innovación en los materiales.
Hacia las tecnometrópolis
Hoy en día, la arquitectura y la ingeniería tienen que solucionar el apremiante problema de escasez de vivienda en los grandes centros urbanos, a la par que hacen frente a la ya crónica falta de materiales.
El uso de la madera ha cedido paso al empleo del cemento armado y del hormigón, lo que nos ha conducido a la proliferación de gigantescas junglas de concreto. Sin embargo, estamos lejos de solucionar el problema de hacinamiento y de falta de un techo digno para millones de personas en todo el mundo.
Este problema se ve agudizado por la falta de terrenos libres para levantar nuevas edificaciones. Ante ello, el hombre ha privilegiado la construcción vertical a la horizontal, lo que ha venido perfilando el surgimiento de las llamadas “tecnometrópolis”, que consisten en el levantamiento de verdaderas ciudades verticales dotadas de todos los servicios, comercios y oficinas. Todavía, está por determinarse el efecto que esto traerá sobre los seres humanos, tanto en lo físico como en lo espiritual. Por ello en nuestro país, aún podemos sentirnos privilegiados de contar en nuestras casas con patios y jardines.
Definitivamente el hogar seguiría siendo el sitio de refugio y de protección que el hombre ha buscado, desde tiempos ancestrales ante la enorme agresividad del medio que lo rodea.
Construcciones verticales
En la actualidad el problema de la
vivienda se ve agudizado por la falta de terrenos libres para levantar nuevas edificaciones. Ante ello, se ha privilegiado la construcción vertical a la horizontal, lo que ha venido perfilando el surgimiento de las llamadas “tecnometrópolis”. 
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