Nicolas, la fama Coppola
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“Los dos o tres primeros años se la pasaron cerrándome la puerta, los directores de casting me rechazaban... pensé ‘voy a intentarlo una vez más y si no consigo trabajo como actor, me meto en la Marina para escribir un libro”’ |
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Nicolas Cage y Penélope Cruz
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Fabián W. Waintal
Dispuesto a contarnos intimidades sobre un particular estilo de vida que rodea una famosa carrera en Hollywood, Nicolas Cage se desabrocha el negro saco de piel, para ponerse más cómodo. Habla en voz baja, con tranquilidad, repitiendo a veces las preguntas para ganar tiempo en alguna respuesta.
Se le nota serio, pero no tiene aires de grandeza. Al contrario, logramos robarle la primer sonrisa cuando le pedimos que por favor cambiara la cara de enojado “Cambiarla es algo que no puedo hacer. Así nací”.
En verdad, nació un 7 de enero de 1964, al sur de Los Angeles, en Long Beach, con un futuro artístico fácil de predecir, al lado de una madre coreógrafa Joy Vogelsang y un padre profesor de literatura, Augusto Coppola, que además tenía como hermano a Francis Ford Coppola. Claro. Para encontrar un éxito propio, es que decidió dejar sólo en los documentos el verdadero nombre de Nicolás Kim Coppola y eligió para su carrera profesional de actor, el apellido de un viejo personaje de historietas “El primer héroe de color” Luke Cage, dándole vida a un personaje todavía más famoso: “Nicolas Cage”.
—¿Se dedicó a la actuación por su tío Francis Ford Coppola?
—No. Había visto una película de James Dean, que me hizo decidirme por la actuación. East of Eden de Elía Kazan. Me encantó la escena donde Dean había conseguido los dólares para el cumpleaños y el padre lo rechaza. Nada me llegó más que esa escena. Ninguna canción, ninguna pintura. Nada me afectó tanto como lo que hacía Dean, en la película, para conseguir la aprobación y el amor del padre. Pensé que si podía lograr eso con una actuación, podía hasta cambiar el mundo, con un buen guión. Y fue por eso que me decidí por la actuación, por encima de cualquier otra profesión. Tenía 15 años.
—¿East of Eden había sido la primera película que vio?
—No. La primera película, la vi a los seis años, con Lon Caney, El Fantasma de la Ópera. Me acuerdo perfectamente porque la toma donde se saca la máscara, frente al órgano, me dejó impresionadísimo y no pude dormir por semanas.
—¿Consideró alguna profesión diferente antes de la actuación?
—Había empezado muy joven, pero los dos o tres primeros años se la pasaron cerrándome la puerta, los directores de casting me rechazaban. Una vez estaba muy enfermo y en el hospital pensé: “Voy a intentarlo una vez más y si no consigo trabajo como actor, me meto en la Marina para escribir un libro”. Al final conseguí un trabajo como actor y no necesité ir al mar, pero es una carrera que consideré seriamente. También quiero ramificarme más allá de la actuación. Tengo una compañía productora que quiero expandir todavía más, ya dirigí una película y seguramente lo volveré a hacer.
—¿Qué le debe a la actuación?
—Soy un apasionado por la actuación, porque me dio libertad y la oportunidad de construir en vez de destruir.
—¿Aprendió alguna lección en especial después de tantos años?
—Como actor, aprendí que la coreografía funciona. Mi meta es mantener el control cuando estoy descontrolado. Quiero decir que me gusta un guión donde pueda bailar, aumentando o disminuyendo con diferentes niveles de estrés; pero siempre en una forma que se sienta natural. Y prefiero el estilo de los actores británicos, buscándome a mí de afuera hacia adentro. Así lo planeo. Al menos, lo intento.
—¿Es evidente que le gusta más el drama que la comedia, en el cine?
—Mis sensibilidades tienden a ser más dramáticas, pero me gusta la idea de incluir momentos con cierto sentido del humor en el cine, así como me agrada algún momento dramático en las comedias. Me encanta cambiar estilos, sin darte lo que realmente esperas cuando me ves en una película.
—¿Por eso elige personajes tan extraños en vez de interpretar en cine a una personal normal?
—Es que a mí no me interesa ponerme una máscara, sino sacármela. No me importa la perfección, sino la imperfección porque es lo que se acerca más a la verdad. Quiero ver lo que se ve debajo de la máscara. Y será por eso que me atraen personajes tan extremos. Siempre busco nuevos desafíos. Pero también me gusta interpretar personas normales... no vayas a creer otra cosa.
—¿Qué tan normal es su vida? ¿Hay algo en particular que le gusta hacer cuando no trabaja?
—Cuando no actúo, me gusta estar en el agua, en un barco. Me encanta el océano, navegar, pescar.
—¿Es cierto que también le gusta cocinar?
—En verdad, me gusta cocinar pero soy pésimo en la cocina. Me da vergüenza porque todos en mi familia son excelentes chefs y yo no.
—¿Y cuando usted tiene que ir al cine, a qué actores le gusta ver?
—Entre mis héroes están Jack Nicholson, Marlon Brando, También admiro a los actores que ya no están con nosotros como Humphrey Bogart, Jimmy Stewart, Peter Sellers. Son aquellos actores que me inspiran por todo su talento.
Hombre de negro
Vestido completamente de negro, en el canadiense Hotel Delta Chelsea, recién llega de presentarse en los Festivales de cine de Toronto y Venecia. Y viajó solo, sin pareja. Apenas si deja que lo fotografíen con la jovencita actriz, Alison Lohman, que lo acompañó en la película Matchstick Men.
Para nada quiere que lo asocien con alguna mujer, desde que se separó de Lisa Mary Presley, con un cortísimo matrimonio que no llegó al aniversario. Es un tema que no quiere discutir, igual que el anterior divorcio con la actriz Patricia Arquette después de 6 años de casados y un hijo en común llamado Eston (10). “Si no hablé cuando me casé, menos voy a hablar ahora”, se excusa.
Pero en el trabajo no le va tan mal como en el amor. De hecho, no habíamos visto tan buenas actuaciones de Nicolas Cage, desde que ganó el Oscar por Adiós Las Vegas. Queriendo repetir el éxito de Adaptation, recorre festivales con la película Matchstick Men, donde se muestra como un hipocondríaco estafador y un pésimo ejemplo para la hija adolescente que acaba de descubrir.
—¿Llegó a cruzarse en la realidad con un estafador parecido al de la película Matchstick Men? ¿Lo estafaron alguna vez?
—Sí y te puedo asegurar que era un tipo muy pero muy, muy bueno.
—¿Aprecia al personaje, aunque sea un criminal?
—Sí. Yo aprecio mi personaje y conozco una persona bastante hipocondríaco como él. Es un doble, que se parece mucho en sus tics. Para la filmación, le preguntaba cosas. Y con el director, hablamos de presentar este personaje con amor, pero sin mostrarlo demasiado ridículo, mostrando también las frustraciones. Por eso me gustan las escenas donde hace lo imposible por ser buen padre.
\—Pocos actores en Hollywood tienen una carrera como la de Nicolas Cage. Pocos, muy pocos, también varían tanto en los sueldos como él.
—En 1986 llegó a cobrar cinco millones de dólares por la película Valley Girl, pero en Adiós Las Vegas apenas si le pagaron 240,000 dólares (y un Oscar). De a poco, fue subiendo de nuevo. Primero, cuatro millones con The rock. Seis millones con Face Off’. 16 millones por Snake Eyes y pisó el techo de los 20 millones con las películas Gone in Sixty Seconds’ y Windtalkers, pero volvió a bajar el cachet con Adaptation por dos millones (y otra nominación al Oscar).
Disfrutando la fortuna a su manera, maneja una Harley Davidson y un Lamborghini que solía ser del Sha de Irán. Y mientras sueña con traer un verdadero castillo europeo a Estados Unidos, se construyó el suyo, en las afueras de Los Angeles. Ni piensa vivir en un rascacielos, porque sufre de vértigo y otro de sus secretos es el tatuaje que esconde en la parte trasera del hombro izquierdo, con el dibujo de un lagarto con un sombrero.
Apasionado por la música, suele escuchar clásicos como Bach, algo de jazz y también David Bowie o U2. No se considera un buen cantante, pero si prestan un poco de atención, se darán cuenta que Nicolas Cage casi siempre tararea alguna canción, en alguna escena de sus películas.
—¿Cuál será la próxima película que va a filmar?
—Es una película de aventuras. Se llama National Treasure (Tesoro Nacional) y trato de encontrar el mapa de un tesoro que era de la época de la Guerra de la Independencia.
—Parece saltar entre las superproducciones y el cine independiente. ¿Cómo compara el cine comercial de las grandes superproducciones como Con Air, The rock con el cine independiente de Adiós Las Vegas y Adaptation?
—Para mí, el cine independiente es como un laboratorio donde me permito hacer cosas que otras películas no me dejan. Pero siempre transfiero en las superproducciones, lo que aprendí en las películas más chicas. Y hasta ahora me dio buenos resultados.
—¿Nos puede dar algún ejemplo?
—Seguro. En 1989 había aceptado filmar una pequeña película independiente Vampire’s Kiss (Beso de un Vampiro), que acepté básicamente para poder comprarme un Corvette. Pero pude experimentar con ideas expresivas como las del cine mudo. Ahí me comí una cucaracha de verdad. En serio. Y cuando me ofrecieron la película Face Off, quince años después, me pareció una buena idea, utilizar el estilo de actuación que había hecho en Vampire’s Kiss. Y lo hice. Sólo transferí lo que había aprendido en mi experiencia de cine independiente en una superpelícula de acción. A mí me sirvió.
—¿El título de superestrella se entromete con su trabajo de actor, en cuanto a la calidad de cine que el público quiere que haga y el cine que usted realmente quiere hacer?
—Es una pregunta bastante profunda porque es el tema con el que peleo a diario. Por ejemplo, los estudios me piden que de reportajes en televisión y no me gusta, porque no quiero aparecer falso. Ese tipo de situaciones te pone automáticamente en una situación falsa y artificial. Es una constante el planteo de mantener la integridad, sin perder el misterio.
Jack Nicholson siempre me dice: “No precisas hacer TV” (imita un perfecto Nicholson). El lo logra, pero yo no. No puedo. Hasta le pedí que hable con mi publicista. De verdad, te digo. Fuimos juntos al Oscar y Jack me llevó por la puerta de atrás, para evitar la alfombra roja y fue directo a mi publicista para decirle “Nic ya no necesita hacer televisión”. No sé, pero es algo con lo que todavía estoy lidiando. Algún día podré desaparecer y me verán solamente en alguna cena de beneficencia o en el cine, nada más.

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