VIERNES 10 DE OCTUBRE DEL 2003 / EDICION No. 23237 / ACTUALIZADA 02:59 am





EL HUMOR DE




Tántalo

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Luis Sánchez Sancho

 

Luis Sánchez Sancho
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A propósito de maldiciones y

castigos míticos (como el de Sísifo, del que escribí la semana pasada), en la mitología griega se cuenta también la leyenda de Tántalo, un rey legendario de Lidia (Asia Menor) que fue condenado por los dioses a sufrir eternamente por hambre y sed teniendo agua y comida al alcance de la mano, pero sin poder nunca alcanzarlas.

Tántalo era hijo de Zeus y Pluto, hija de Cronos y se casó con Dione (hija del Cielo y de la Tierra), con la cual procreó varios hijos, entre ellos a Pelop.

Tántalo era amado por los dioses, tanto que hasta lo invitaban a participar en sus festejos, en el Olimpo. Pero Tántalo era un pillo redomado: robó en el Olimpo Néctar y Ambrosía (bebida y alimento de los dioses) para repartirlos entre sus amigos; divulgó entre los mortales secretos de los dioses; juró en falso ante el dios Hermes, cuando éste lo interrogó sobre la desaparición del perro de oro de Zeus —que fue creado por la diosa Rea para que cuidara al dios supremo cuando era niño, y que Pandareo robó y lo confió a Tántalo para que lo guardara—; negó la divinidad del Sol (Apolo) asegurando que sólo era una bola de fuego; y raptó a Ganimedes, el príncipe frigio que era tan hermoso que Zeus, enamorado de él, se convirtió en águila para raptarlo y llevárselo al Olimpo.

Pero la peor fechoría de Tántalo ocurrió cuando los dioses, que andaban de viaje por el Asia Menor, se hospedaron en su palacio. Y Tántalo, para comprobar si los huéspedes eran realmente dioses, mató a su pequeño hijo, Pelop, y lo sirvió a sus invitados exquisitamente cocinado. Los dioses adivinaron de qué se trataba y no comieron la carne de Pelop, salvo Demeter, quien comió parte de un hombro del niño descuartizado pues no se dio cuenta de lo que comía porque estaba abatida por la pérdida de su hija, Perséfone, a quien Plutón había raptado y llevado a los Infiernos.

Zeus reunió los trozos del cuerpo de Pelop, le puso un hombro de marfil para sustituir el que comió Demeter, y lo resucito haciéndolo mucho más hermoso que antes. Y además Zeus castigó a Tántalo condenándolo a permanecer en un lago con el agua al cuello pero sin poder tomarla para calmar la sed (pues cada vez que abría la boca para beber, el lago se secaba), y con árboles cargados de racimos de frutas sobre su cabeza pero sin poder cortarlas para saciar el hambre (pues las viandas se desvanecían cuando trataba de agarrarlas).

El significado del mito de Tántalo —según los mitólogos—, además de la severidad del castigo que merece el parricidio consiste en que el hombre por su misma insensatez se priva de lo que tiene al alcance de la mano. También representa las frustraciones por las aspiraciones insatisfechas, y la dualidad contradictoria entre la voluntad de autonomía y el complejo de culpa del hombre.

Pelop, cuando fue adulto heredó el reino de Lidia y se casó con la bellísima Hipodamia (la que en otra versión se casó con Piritoo y durante su boda ocurrió la batalla fenomenal de los Centauros con los Lapitas).

Pelop fue un héroe epónimo (dio su nombre al Peloponeso, la península meridional de Grecia), y también fue castigado terriblemente por los dioses. Pero eso es otra historia.
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