Valiosas caricaturas
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Federico Dueñas
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Federico Dueñas fdp46@yahoo.com
No tengo el gusto de
conocer personalmente al diestro, agudo y mordaz caricaturista del Diario LA PRENSA, Manuel Guillén, después de escribir en las páginas de Opinión por más de doce años, en las que, por varias ocasiones los temas de mis escritos afortunadamente coincidieron con sus caricaturas. Pero de algo estoy seguro, las caricaturas de Guillén son ya parte indispensable de la cotidianidad nica. Son historia hábilmente “dibujada” del folclor y del especial humor político del nica. Seguramente el asiduo lector de LA PRENSA, uno de los primeros puntos de atención a los que se dirige cuando abre su diario, es en busca inmediata de la caricatura del día para reírse a plenitud, sonreír con morbo y satisfacción o para burlarse en abierta complicidad con el autor de la desgracia en que los desalmados políticos mantienen a este pobre “paisito”.
No es la manifiesta e indiscutible firme destreza en el hábil trazo de sus dibujos. No es la “oportunidad” y actualidad de sus peculiares imágenes sobre la nota de actualidad. No es la aguda ironía dibujada de sus excelentes etruscas críticas escenografías, netamente nicaragüense, done una palabra, una frase corta nos dice más que un ridículo émulo de Demóstenes ante la Asamblea. No es la dinámica, ni la habilidad del detalle chusco en los rostros, gestos, miradas, poses o figuras ridiculizadas de personajes y políticos ampliamente conocidos. Es el conjunto de todo “eso” sazonado de su genialidad increíble, plasmada en el papel lo que hace de Guillén todo un “PERSONAJE” (con mayúsculas deliberadas), e indiscutiblemente el mejor caricaturista del país hoy en día, como en su oportunidad lo fue AMO con su famoso “Nicasio”.
Supongo que las cotidianas caricaturas que gozamos de Guillén no son por obra de un movimiento mágico de Mandrake o la “iluminación” de un instante en Las Vegas, arreglada por Coperfield con magníficos trucos ópticos computarizados. En ellas hay, aparte de destreza y genialidad, un profundo conocimiento de la sicología del nica, un agudo observador detallista e incansable que colecciona actos, momentos y hechos, para plasmarlos en el papel con inimitable maestría, a manera de un don, de un regalo que el Señor obsequia a un mortal más, porque se le pegó su regalada gana y punto.
Ahora bien, ese don es el inicio, el comienzo de un laborioso proceso de depuración y perfeccionamiento que el “receptor”, en este caso Guillén, debe practicar arduamente, como un verdadero profesional, para producir obras especiales y dignas de apreciación, en cualquiera de sus manifestaciones artísticas. Dicen que el hombre es el único animal de la tierra que puede reír. ¿ Y, qué mejor manifestación de arte, como lo es el de hacernos reír todos los días? ¿Quién en su sano juicio se ríe o se mofa de sus tristes desgracias? ¡El caricaturista logra ese objetivo con el arte de sus monos! Él nos provee, al sacarnos una sonrisa de nuestra tragedia, de un alentador remanso, de un oasis de reposo mental en la voraz lucha por el pan nuestro en la mar de miseria a la que nos han llevado los trogloditas políticos con su desmedida ambición de poder y riquezas. Los privilegiados de la ironía como Guillén con sus caricaturas o León Núñez con sus flamantes artículos, son fabulosos paliativos contra la peste gobernícola-burocrática, de algunos los diputados inútiles y serviles, los magistrados y jueces partidistas ¿Por qué no reconocer a Guillén, Núñez y otros más, su valiosa contribución al bienestar social, cuando nos hacen reír, en vez de llorar nuestra propia desgracia?
El autor es empresario

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