VIERNES 10 DE OCTUBRE DEL 2003 / EDICION No. 23237 / ACTUALIZADA 02:59 am





EL HUMOR DE




El maestro nicaragüense, su pobreza sin pereza

Ma. Luisa Ortega C.

Después de ver las noticias en un Canal de

televisión en las que presentan los ayunos que hacen los maestros de Boaco por reclamar un justo aumento salarial, e inmediatamente presentan lo que se recetan los ex presidentes y vicepresidentes como “pensión vitalicia”, nos da una indignación terrible por la gran injusticia que por años se comete en contra del sector magisterial del país.

¿Cómo es posible que un maestro gane lo equivalente a 62.50 dólares mensuales, mientras que un ex presidente gane 10,400 dólares al mes? ¿Sabe usted cuántos años tiene que trabajar duramente un maestro para ganar esa cantidad de dinero? Nada más y nada menos que 14 años de su vida, y eso sin comerse un cinco de ese dinero.

El maestro con su salario prácticamente está en la indigencia? Una persona es considerada “pobre” si con sus ingresos no cubre lo equivalente a dos canastas básicas (una canasta básica cuesta aproximadamente 2,700 córdobas, para no ser pobre su salario debe ser por lo menos de 5,400 córdobas mensuales). El “pobre extremo” el que con sus ingresos no puede cubrir por lo menos una canasta básica; y el “indigente” es el que no cubre ni la mitad de una canasta básica. Si hacemos la cuenta con 950 córdobas que gana un maestro sólo puede cubrir una tercera parte de la canasta básica, entonces es más que un indigente; mientras que un ex presidente puede con sus ingresos cubrir casi 58 canastas básicas al mes.

Como ni siquiera tiene qué comer... imagínese si tendrá para comprar sus cosas personales, o un simple electrodoméstico. Un maestro para poder comprar un televisor de 350 dólares, tendría que ahorrar todo su salario casi seis meses; mientras que los ex presidentes con su pensión vitalicia podrían comprar en un mes casi 30 televisores. Un maestro que sueña con su propia vivienda, si se propone comprar una casa de 8,000 dólares, tendría que trabajar casi 11 años para poder obtenerla; mientras que un ex presidente compraría al mes una de esas casas y todavía le sobran 2,400 dólares.

Ahora pongámonos en los zapatos de un maestro. Se tiene que levantar de madrugada para prepararse en su casa, agarrar el bus y estar a las 6:45 a.m. en la escuela; fresco, con disposición mental y preparado para la jornada. Por supuesto que se va sin desayunar, pero aún así tiene que aguantar físicamente para dar atención individual a los alumnos —que por lo general es una cantidad supernumeraria de casi 50 por aula—. A la hora del recreo el maestro ya está agotado, pero en algunas escuelas tiene que cuidar el recreo y no puede descansar. Después del recreo tiene que seguir en las clases y seguir “motivado”.

Como su salario no le ajusta tiene que tener dos trabajos y por la tarde tiene que atender otro grado. Entonces a la hora del almuerzo le sirve para trasladarse de trabajo, medio comer si acaso lleva un “morralito”, o si pasa por su casa come rápido porque en la tarde le espera otra larga faena.

Cuando son las 5:00 p.m. ese maestro aún sobrevive y saca fuerza para llegar a su casa y atender a su familia, ver la novela de las 7:00 p.m., y a las 8:00 en punto ponerse a planear las clases de los dos grados, a eso se suma si tiene que revisar exámenes o hacer algún informe de rendimiento académico, etc. etc. Se viene acostando como a las 11 de la noche supercansadísimo.

En esto se expresa que después de todo el maestro trabaja con motivación y dedicación. Pone su empeño para que cada alumno comprenda los conocimientos, y que a la vez se le formen hábitos y destrezas que le servirán en el futuro. Es una vida de pobreza sin pereza.

La autora es maestra y sicóloga.
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