VIERNES 10 DE OCTUBRE DEL 2003 / EDICION No. 23237 / ACTUALIZADA 02:59 am





EL HUMOR DE




El debate sobre la hispanidad

Cada 12 de octubre, cuando se conmemora el arribo de Cristóbal Colón a tierras americanas, se reabre el debate sobre el Descubrimiento, la Conquista y la Colonia, reabriéndose también viejas heridas que no terminan de cicatrizar.

Desde siempre los pobladores de Nuestra América, como le llamó José Martí, han estado divididos en dos bandos: los que sacralizan y los que satanizan el dominio español; son los constructores de las dos leyendas, la blanca y la negra, que presentan en forma radical y sin apelaciones, o el lienzo inmaculado que representa la belleza de la acción de colonizar cristianizando y de cristianizar colonizando, o el lienzo ensangrentado por la brutalidad de los conquistadores que destruyeron culturas y teogonías, vida y hacienda, en nombre de un imperio y una civilización.

De la Leyenda Blanca surgió en el Siglo XX un hispanismo conservador y recalcitrante, representado después de la guerra civil española por las ideas de un nacionalismo franquista y por un Estado confesional y una Iglesia política, ambos, complementarios y correlativos, más propios de la Edad Media que del tiempo en que aparecieron.

De la Leyenda Negra ha surgido y cada vez se acentúa más, un anti hispanismo que niega lo hispánico y reivindica, en forma explícita o implícita, un indigenismo radical que desconoce la realidad mestiza indo hispana de nuestros pueblos.

Ambas formas por extremas son perspectivas erróneas de enfocar el problema. Los hechos para existir no necesitan devotas confirmaciones ni furibundas negaciones. Simplemente existen, están ahí, y exigen para ser comprendidos el análisis racional y sereno que no omite críticas ni desconoce realidades. La historia no se construye suprimiendo el pasado, sino superándolo, tampoco el futuro es posible si se pretende ser otra cosa de lo que se es y se ignora origen y raíz.

Por eso es necesario examinar en forma racional y crítica el significado de la hispanidad, en un momento en que hasta en la misma España se le considera un concepto superado y la denominación Hispanoamérica ha sido sustituida por la de Iberoamérica, más moderna y por lo mismo desprovista de las cargas ideológicas que el hispanismo arrastra consigo, sobre todo en España.

En todo caso volver por la Hispanidad no significa en ningún momento reivindicar la Leyenda Blanca o el nacionalismo franquista; significa únicamente no aceptar que lo hispano sea descartado por una calificación ideológica de uno u otro signo.

Hispanoamérica o Latinoamérica, concepto este último que proviene de Francia y como es más usual denominarla, marca un momento crucial pero no único y exclusivo en la formación de nuestra identidad, caracterizada por ser un proceso de incorporaciones sucesivas. Además, nuestra incorporación a la latinidad se produce a través de nuestra hispanidad. Somos latinos por hispanos.

En este sentido, habría que recordar la hispania fecunda de Rubén Darío y el concepto de hispanidad de la Generación del 98, principalmente de Maeztu, Ganivet y Unamuno, que buscaban en la hispanidad, las esencias de España en medio de una sensación de decadencia acentuada, sobre todo, por la pérdida de las últimas colonias en América en ese mismo año.

Es necesario comprender que nuestros males han provenido siempre de un rechazo cultural. Del mismo modo que fue negativa la actitud del romanticismo hispanoamericano de negar lo hispánico, lo indígena y lo negro (Sarmiento, Alberdi, Echeverría), como condición para sumergirse en la modernidad, igualmente negativo sería rechazar la latinidad, en aras de una idea de hispanidad (que por demás es parte medular de esa latinidad) cerrada sobre sí misma. La idea de hispanidad debe estar abierta no sólo a los múltiples afluentes que han formado nuestra identidad plural, sino, sobre todo, al futuro, con todas sus promesas y riesgos.

La unidad en la diversidad es lo esencial de nuestro ser, si acaso es permitido hablar de esencias en la siempre mutable marea de la historia. Por ello la hispanidad debemos entenderla como base de nuestra identidad sobre la cual incorporar todos los aportes que la enriquecen (lo indígena, lo africano, lo español, lo francés, lo europeo) y como una actitud de apertura al mundo de las ideas y de los cambios, y al diálogo de las culturas.
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