Nuestro Mundo
Zona de regeneración
 |
|
 |
Cada año, el tráfico marino mundial navega por el Alborán, un sitio que sirve de regeneración para las especies como delfines, tortugas y ballenas |
|
|
|
|
Bijal P. Trevedi NATIONAL GEOGRAPHIC
El buque investigador, un queche o esquife de una sola cubierta, embarcación de 60 pies (20.88 m) de eslora, más parece pertenecer a piratas bereberes que a sus dueños actuales, científicos contemporáneos.
Ana Canadas y Ricardo Sagarminaga, matrimonio y equipo de biólogos marinos, rehabilitaron el pesquero noruego, el Toftevaag, para el estudio de los delfines, tortugas y ballenas que surcan el Mar de Alborán, la porción occidental del Mediterráneo entre España y Marruecos.
Este mar desempeña un papel crítico tanto para el delfín como para el hombre. Cada año, el 20 por ciento del tráfico marino mundial navega por el Alborán que es sitio que los investigadores han bautizado como “zona de regeneración” para la vida marina del Mediterráneo.
BIODIVERSIDAD MEDITERRÁNEA
Canadas y Sagarminaga, de la Universidad de Madrid, quieren saber qué sucede con los cetáceos en esta región tan intensamente transitada y a la vez rica en biodiversidad mediterránea.
“La distribución de la población del delfín en el Mediterráneo refleja en realidad la condición de salud del mismo mar”, explica Sagarminaga, coordinador del plan de conservación para la Sociedad Española del Cetáceo y capitán del Toftevaag.
En el Alborán, el delfín de punta roma nada en rebaños de aproximadamente 33 criaturas pero en ocasiones aumentan hasta 100, explica Sagarminaga. Sin embargo, en el este del Mediterráneo, al este de la isla de Sicilia, los rebaños apenas promedian ocho individuos.
Sagarminaga y Canadas, candidata al doctorado, esperan que su investigación ayude a persuadir al Gobierno español a establecer un Área Marina Protegida en la región norte del Alborán.
Tal denominación ayudaría a regular el tráfico comercial, la pesca y el turismo. Por igual, una AMP, Canadas así lo espera, ayudaría a que las florecientes poblaciones de mamíferos marinos “se desplacen y repoblen las regiones orientales del Mediterráneo”.
Canadas y Sagarminaga han estado obteniendo datos en el Alborán desde 1990, de hecho, han estado levantando un censo del delfín.
“Sea que las poblaciones hayan disminuido en definitiva o sólo distribuídose, es algo difícil de determinar”, aclara Philip Hammond, ecólogo marino y poblacional de la Universidad de Saint Andrews, en Fife, Escocia, quien es uno de los consejeros doctorales de Canadas. “Si hay alguien que pueda ayudar a resolver este asunto, es Ana, debido a la obtención de sus datos”.
ALNITAK Y EARTHWATCH
En 1990 Canadas y Sagarminaga llegaron al Mediterráneo para estudiar una tortuga marina que anida en las playas de Túnez. Posteriormente, empezaron a investigar la muerte en masa de delfines en una longitud que iba desde España hasta Grecia.
Para ayudar a sostener sus investigaciones, la pareja fundó Alnitak, una organización ambiental con sede en Madrid y desde 1999, Earthwatch ha estado financiando a Alnitak.
El Mediterráneo ha sufrido mucho debido a la pesca desmedida y a los efectos de la contaminación por hidrocarburos, metales pesados, diversidad de escombros, alcantarillado de aguas negras de sitios turísticos y por el ruido consecuente del tráfico marino.
Aunque la población de delfines del Mar de Alborán parece estar sana, estas criaturas podrían enfrentarse a una nueva amenaza, las pesqueras, cuyo enfoque actual es la sardina, pero no para consumo humano, sino para atún criado en granjas.
“No sabemos si esto se convertirá en un problema de comida para el delfín o si éste disponga de un espectro alimenticio más amplio del cual proveerse sustento y pueda así compensar por la merma”, indica Canadas.
En 1997 Canadas y Sagarminaga incluyeron en su investigación la bioacústica, utilizando un hidrófono —un micrófono submarino— para estudiar la comunicación entre delfines.
La pareja implantó estudios genéticos en 1999, por medio de los que recolectaron muestras de tejido de animales varados o de los que quedaban atrapados en las redes de los pescadores.
SONIDOS RÍTMICOS, K-K-K-K-K-K
Hoy día, a bordo del Toftevaag, con una tripulación de cuatro investigadores y hasta ocho voluntarios, Canadas y Sagarminaga han desarrollado una actitud de mayor acercamiento físico.
Cuando delfines curiosos empiezan a nadar alrededor del bote, el equipo lanza al mar un bote inflable. Los investigadores intentan alcanzar al delfín con una pértiga en cuya punta colocan una esponja e intentan rasparlo. Las escamas de la piel que quedan adheridas en la esponja se colocan luego en los tubos de análisis de DNA.
El Toftevaag también escucha a los delfines a las escondidas. Manolo Castellote, un investigador en bioacústica que se encuentra de visita, se acomoda ante la computadora con los audífonos puestos, y observa la pantalla que refleja imágenes digitales de los ‘clics’ del delfín “una especie de sonidos rítmicos, k-k-k-k-k-k,”, pronuncia.
Sin embargo, los sonidos hechos por el hombre opacan los de los delfines “es una especie de bip, bip, bip, que es la interferencia VHS de los barcos”, afirma Castellote. “El Mediterráneo es un mar acústicamente muy contaminado”.
“Todas estas especies usan la misma frecuencia de sonido que el de las máquinas de los grandes barcos”, informa Castellote. Y el sonido de las máquinas de alguna manera interfiere con la comunicación de los delfines o quizás ensordezca a los animales con ruidos de fondo intensos.
El Alborán puede ser ruidoso y caótico, pero los delfines prosperan en él, y Canadas y Sagarminaga quieren que esa vitalidad continúe, y, además, que se extienda hacia el este.

|