Desorden y violencia en el transporte urbano
Resulta paradójico que Managua, situada en una ancha, plana y extensa faja de terreno, que va de oriente a poniente, tenga un tráfico tan desordenado, como peligroso. Entre todas las causas —que son complejas— que explican esta desagradable situación, como son factores económicos, sociales y culturales, dos son las principales. La primera es el acelerado crecimiento de la población capitalina que llega a ser el doble del promedio nacional cada año, o sea un incremento del seis por ciento. Esto significa que cada doce meses el número de habitantes de esta ciudad aumenta por lo menos doscientos mil almas.
Ello provoca una desmesurada demanda de servicios básicos, como agua, luz, disposición de basura, alcantarillado, alimentación, educación, vivienda y desde luego, transporte, que es el asunto que ahora nos ocupa y que los ingresos comunales y estatales no logran enjugar.
Si al universo poblacional anterior agregamos los miles de visitantes que concurren por el día a Managua provenientes de Masaya, Carazo y Granada, sin contar los demás departamentos de la República, tenemos una tremenda aglomeración de gente que presiona para abordar los medios de locomoción. Es verdad que la mayoría de ellos utilizan, por lo barato, buses destartalados e inseguros, sin embargo quedan suficientes pasajeros que utilizan taxis y automóviles privados que compiten desesperadamente con los vehículos de transporte colectivo y entre ellos mismos el acceso exclusivo a calles y avenidas, causando innumerables accidentes.
Esa demanda de transporte cada vez mayor, estimuló la compra de taxis, muchos de ellos con alto kilometraje de recorrido, que una vez chocados resulta su reparación mayor que el valor original. La verdad es que muchos de estos vehículos terminan devolviéndose porque los dueños no pudieron cancelar las mensualidades al banco financiado por los altos intereses. Eso explica la fila de automóviles en venta, expuestos en los patios de las firmas distribuidoras.
La pregunta de fondo es: ¿ha hecho alguna autoridad competente una estimación de cuántos taxis necesita Managua? ¿Tenemos en estos momentos superávit o déficit? Y ¿cómo establecer las tarifas de los diferentes medios de transporte ? Éstas son decisiones en que deben participar transportistas, Alcaldía y representantes del usuario.
¿Acaso no tienen derecho éstos a participar en los cálculos pues son al final los que pagan la tarifa? Ahora hay una Liga de Consumidores que debe ser invitada.
En otros países la solución son los taxímetros debidamente calibrados, donde se registra automáticamente lo que cada quien paga por su consumo. Otro problema importante es la intromisión de la politiquería en el manejo del transporte. Para empezar cada alcalde que llega porta su propia lista de placas adicionales que adjudicará a sus allegados. Un tope para entrar a “taxear”, se ha quebrantado repetidamente.
Quedan otros aspectos importantes del transporte por taxi. Por ejemplo convocar a una conferencia tripartita para establecer las tarifas y el número de placas autorizadas. Está también el certificado de buena conducta e identificación plena del conductor. Expuestos claramente enfrente del pasajero, lo mismo que el número de teléfono donde llamar. Por lo demás, es indispensable un seguro para pagar tanto los daños materiales como los de salud y vida, del propio conductor, sus pasajeros y terceros. Esas primas son calculadas matemáticamente de acuerdo con la magnitud y frecuencia de los riesgos y por tanto no pueden rebajarse, a menos que se disminuyan los reembolsos, lo cual invalidaría la compensación efectiva.
Hay señalar finalmente las manifestaciones callejeras de protesta. Es reprochable impedir la libre circulación de vehículos y menos agredir a quienes no participan de la huelga. Si quieren expresar agravios, que los formulen civilizadamente. Por eso hay que celebrar el acuerdo llegado el pasado lunes, que ojalá sea definitivo, aunque apenas es el comienzo de futuros ajustes. La Policía debe ser rigurosa deteniendo a los futuros agresores, acusándolos ante los tribunales. Una capital como Managua con más de millón y medio de habitantes no puede funcionar sometida a chantajes periódicos de quienes no quieren someterse al imperio de la ley.

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