MARTES 7 DE OCTUBRE DEL 2003 / EDICION No. 23234 / ACTUALIZADA 02:30 am



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EL HUMOR DE




Fiallos Gil y la autonomía universitaria

El 7 de octubre de este año 2003 se cumplen 39 años de la muerte del doctor Mariano Fiallos Gil, declarado Rector de la Autonomía Universitaria, por Acuerdo del Consejo Nacional de Universidades del 26 de mayo de 1994.

Como todos los años en esa fecha en el Paraninfo de la Universidad Nacional, en León, la comunidad universitaria rinde tributo a la memoria de uno de los nicaragüenses más ilustres del Siglo XX.

Mariano Fiallos Gil fue un pensador notable que dejó testimonio de la profundidad de sus ideas en numerosos escritos, principalmente en Humanismo beligerante, auténtico testimonio de la razón militante y compromiso moral del intelectual con las ideas de su época y de todas las épocas.

En esta obra el autor reafirma su vocación, tomando posición al lado de las ideas que reconocen en el humanismo el sentido esencial de la historia. Por ello frente a la desolación de Séneca que dijo: “Cuántas veces estuve entre los hombres habría de retornar menos humano”, Fiallos Gil prefirió siempre la generosidad de Terencio expresada en aquella sentencia: “Hombre soy y nada de lo humano me es indiferente”.

Admiró la tolerancia de Erasmo en cuyo pensamiento están las bases de la cultura de Occidente y la convicción de Fray Bartolomé de las Casa en la defensa del indio. “Es el humanismo más tremendo y combatiente de nuestra América —dice— y con él se abre la historia. Es la semilla de esta agitación y vitalidad que padecemos agónicamente y que da la medida de nuestro vigor”.

Pero sin duda su obra cumbre fue la universidad. En ella realizó su vocación de maestro y en ella sus ideas adquirieron realidad y se hicieron historia. “A la libertad por la universidad”, dice el lema que él creó para la nueva universidad, para la institución que él mismo forjaba entre sus manos con vocación de alfarero.

Desde ahí vio y soñó el espacio de la libertad, el ámbito de las ideas y el pensamiento libre, la república alternativa en la que pudiera respirarse un aire nuevo y renovado, depurado de los humores de la política militante.

Pero la libertad, enseñó siempre, no es una práctica irresponsable, sino un ejercicio riguroso y serio que impone disciplina y compromiso moral. Ni el freno que impida expresar las potencialidades creativas del ser humano y los derechos fundamentales de las personas, ni el desenfreno que transforme la libertad en libertinaje y en una práctica irrespetuosa y violenta.

Escuchemos su voz: “No formar un ámbito aparte; no ser arrogantes, ni rebeldes sin causa. Saber que somos una élite y por lo tanto con muchos más deberes que derechos, más obligados, severos, virtuosos y disciplinados, con disciplina de espíritu y no de paso doble”.

También afirmaba: “Lo esencial es el ser humano en sí, y no la ciencia o el Estado. La universidad es humanidad; es universalidad cuando es una institución que por su propio carácter tiende a la unidad del hombre”.

En todos sus escritos, en la palabra y en la acción, estuvo ante todo presente su profunda convicción humanista. Es imposible percibir la universidad, tal como él la entendía, sin ese rasgo esencial de su propia personalidad.

Mariano Fiallos Gil cumplió con el desafío de su tiempo. Le correspondieron tiempos difíciles. Era rector cuando ocurrió la masacre estudiantil el 23 de julio de 1959. La Guardia de Somoza disparó contra una manifestación matando a cuatro estudiantes e hiriendo a más de un centenar. Condujo la situación con dignidad ejemplar e hidalguía. La universidad fue el ámbito para poner a prueba sus convicciones y lo hizo sin estruendo pero con persistencia y firmeza.

Cada época tiene sus propios desafíos y las personas que deben actuar en diferentes momentos son responsables de los resultados que de las actitudes de todos, autoridades, profesores y estudiantes, resulten.

La universidad y los universitarios de hoy enfrentan sus propios retos. Modernizar la universidad, hacerla cada vez más eficiente y actual, buscar paulatinamente, sin precipitación pero sin pausa, las transformaciones que la realidad nacional e internacional, le demanda y asumir con profundo sentido de responsabilidad todos esos desafíos.
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