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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 4 DE OCTUBRE DE 2003
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Las fotografías de Martha René Scheneegans

Foto  

Miembros de la comedia bailete de Moros y Cristianos de las festividades religiosas del patrono de Boaco, Santiago Apóstol. Los bailantes captados por Martha René Scheneegans. 2003.

 

Armando Incer

Allá por los años 40, unos periodistas preguntaron a doña Chepita Toledo de Aguerri cuál era el invento o adelanto más práctico de esa época, y la gran educadora chontaleña respondió que, a su real saber y entender, era la fotografía.

No recuerdo las razones que adujo, pero me parece que se relacionaban con el hecho de que su actor directo era la mirada, el lado humano de la actividad.

¿Hacía ella referencia a que el fotógrafo hace visible la palabra, el objeto de nuestra admiración o sorpresa?.

Si es así, la gran maestra nos recordaba el hecho de que el fotógrafo debe saber mirar y no contenerse con el sólo hecho de ver, que es poner en práctica el sentido de la vista. Mirar, en cambio, se refiere a las ideas que surgen, a la imaginación puesta en marcha, a los sentimientos que deseamos aflorar, a la fe.

El fotógrafo debe estar atento, esperando una revelación del espíritu y hasta entonces deberá hacer clic para abrir el obturador de su lente.

Vemos con los ojos, miramos con el alma.

Sabemos, desde que estamos en la escuela primaria, que el animal ve y que el ser humano mira y eso lo hace diferente.

Quien ve realiza una acción sencilla, como es abrir los ojos y moverlos; en cambio quien mira, piensa y siente.

Es lógico deducir que en una foto el artista deposita sus fulgores. La fotografía gana si adivinamos que es la manifestación de un anhelo y no la reproducción de un hecho.

El artista debe tener la capacidad negativa de olvidarse de sí mismo y sumergirse en las situaciones y cosas para hacerlas bellas.

El poeta mexicano Salvador Novo escribió el poema titulado Retrato de un niño, que dice así:

En este retrato
hay un niño mirándome con ojos grandes:
ese niño soy yo.
Y hay una fecha: 1906.
Es la primera vez que me miré intensamente.
Por supuesto que hubiera querido
que ese niño hubiera sido más serio,
con esa mano más serena,
con una sonrisa más fotográfica.
Esta retrospección no remedia, empero,
lo que el fotógrafo, el cumpleaños,
mi mamá, yo y hasta tal vez la fisiología
dimos por resultado en 1906.


En este poema, Novo cita al fotógrafo en primer lugar, como el autor principal, el más obligado.

Con una cámara en la mano, Martha René Shennegans se siente comprometida a dar de sí lo mejor para exponerlo hoy en la Biblioteca Fernando Buitrago Morales, de Boaco. Comparte con nosotros su visión de la patria en estas bellas páginas a todo color: una infanta estrenando un vestido, la profunda mirada de un hombre preocupado, las frutas del mercado, las tortillas, etc. cada una de las fotos tiene una virtud cardinal y su propia gracia objetiva, porque en ellas Martha René nos muestra sus fulgores.

Le agradecemos y sonreímos por haber venido a participar en nuestros viernes culturales.

Sonreímos a la hermandad de su pelo, al trabajo de su alma, a la apertura de su lente. El corazón, despacio, se lo damos para hacer más duradero el sentimiento, sabiendo que lo recibirá como fragancia y aleteo.  
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La gemela de Sofía


Las fotografías de Martha René Scheneegans


Breve elogio del diccionario