“La filosofía para todos en la educación de Nicaragua”
Juan Bosco Cuadra
El jueves 20 de noviembre pasado, el doctor Juan Bautista Arríen, el doctor Alejandro Serrano Caldera y yo dictamos tres conferencias en el Instituto Martín Luther King de la Universidad Politécnica de Nicaragua, con motivo de la celebración del Día Internacional de la Filosofía proclamado por la UNESCO desde el año pasado.
Aunque no puedo ser juez y parte para hacer un juicio de valor objetivo sobre lo que dijimos los tres, voy a exponer algunas ideas que tocamos en común.
En primer lugar, hablar de filosofía es decir muchas cosas sobre ella. Existen tantas ideas como reflexiones sobre la importancia que tiene esta ciencia para la coyuntura actual, que quizás nos quedemos cortos cada vez que queramos abordarla.
El mundo del pensamiento es tan vasto, tan complejo y tan diversificado, que toda una vida es incapaz de clarificar, precisar y determinar sobre lo que debemos saber para mejorar nuestras condiciones humanas de hoy y del futuro próximo.
La filosofía siempre se ha visto como una ciencia, oficializada por unos cuantos especialistas que no siempre nos ofrecen un producto asequible y comprensible a la razón y al sentido común.
Sabemos que hoy en día la ciencia y la tecnología están sufriendo un fuerte revés al mostrar que, por sí solas, son incapaces de resolver los problemas que más aquejan a la humanidad.
En el Editorial de LA PRENSA del 20 de noviembre se denuncia la falta de alma que tiene la educación en Nicaragua. En particular hace referencia a la ausencia de la filosofía en los quintos años de secundaria.
Actualmente, en el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes no sólo estamos recuperando esta asignatura, sino también que ya estamos implementando un “programa filosófico” que abarca desde preescolar, primaria y secundaria. Queremos, en pocas palabras, recuperar el patrimonio de nuestra cultura occidental desde la más tierna edad hasta la adolescencia.
Personalmente me escandalizo al escuchar ciertas críticas, bastantes tontas por cierto, de que los filósofos, al enseñar filosofía, queremos hacer filósofos.
La verdad de los hechos es que la sociedad está pidiendo lo que nosotros en nuestros escritos, conferencias y clases siempre enseñamos: a pensar por uno mismo, tener autoestima, conducir nuestra vida en un marco de valores, a tener sensibilidad social, despertar nuestras capacidades creativas, y una serie de conocimientos muy útiles para la vida.
El nombre de mi conferencia llevaba por título “La Filosofía para todos en la Educación de Nicaragua”. En ella traté los tópicos más importantes que a lo largo de los siglos han sido los que más han ocupado el tiempo de los más grandes pensadores que han existido. El ser, Dios, la verdad, el bien, el conocimiento de uno mismo, la comprensión de la naturaleza o cosmos, la inteligencia, la sociedad, la cultura, la política, etc.
El doctor Serrano, abordó la “Filosofía desde la perspectiva del nuevo siglo XXI.” Insistió mucho en la “desconstrucción” de los paradigmas de la modernidad y develó los nuevos que actualmente están apareciendo. Entre ellos, mencionó la industrialización y el mercado internacional como fruto del fenómeno de la globalización.
El doctor Arríen, nos ofreció una conferencia sobre la “Filosofía de la UNESCO” en el marco de la realidad y coyuntura actual. “La cultura de Paz –dijo– no es la ausencia total de la guerra sino de todo tipo de violencia, sea esta, familiar, personal o social”.
La idea de la UNESCO, en lo personal la considero excelente y a la vez muy oportuna.
También el Papa Juan Pablo II, en su Encíclica “Fides et Ratio” revaloriza el papel que tiene la filosofía, no sólo a la luz de la fe, sino también del bien del hombre desde el punto de vista de su naturaleza y de su razón.
La filosofía debe en cada pueblo, recuperar toda la pulverización y atomización que ha producido la cultura de la ciencia y la tecnología. Necesitamos hacer una ingeniería del ser humano a fin de recuperar su alma que es lo que propiamente hemos perdido. Pero no un alma inspirada por una ideología, sea de derecha o de izquierda o por cualquier otro interés mezquino, sino el alma del ser humano tanto en su condición personal, como social.
Bastó una obra literaria llamada El Principito, de Antoine Saint-Exupery, para levantar, no solo la moral perdida de Francia después de la Segunda Guerra Mundial, sino también su espíritu, ya que dicha obra contenía todas las aspiraciones y deseos de un pueblo sufrido y humillado por la invasión y devastación de los nazis.
Éste es el gran reto de la Filosofía al inaugurar el presente milenio.
El autor es asesor del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes.

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