DOMINGO 30 DE NOVIEMBRE DEL 2003 / EDICION No. 23288 / ACTUALIZADA 2:30 am





EL HUMOR DE




Daniel Ortega:secretario general del Frente Sandinista
“No soy de emotividades ni de resentimiento”

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. El optimismo estalló en pedazos esta semana, cuando se conoció que una juez sandinista ordenó el traslado a su casa del reo Arnoldo Alemán. El hecho puso en evidencia el inicio de una nueva ronda de acuerdos entre liberales y sandinistas. En un lado de la mesa Daniel Ortega, tal vez el principal artífice, quien confirma que las reformas que se avecinan son profundas. Y del otro, Arnoldo Alemán, de quien Ortega dice es “un marrullero y tramposo” en quien no tiene confianza

 

Fabián Medina
fabian.medina@laprensa.com.ni

PRIMERA ENTREGA
La vida política de Nicaragua ha cambiado a ritmo de vértigo en los últimos días. La posibilidad de un nuevo pacto entre liberales y sandinistas aflige a más del 70 por ciento de la población, según una encuesta realizada por M&R Colsultores esta semana. Tras estos acontecimientos que han puesto al país en vilo está Daniel Ortega, el líder del Frente Sandinista, que desde ya anuncia su quinta participación como candidato presidencial, y quien se niega a aceptar la paternidad de esta crisis. “La crisis se origina por la injerencia norteamericana”, insiste.

La profundidad del “repacto” que se ha puesto en marcha apenas se vislumbra, cuando Ortega habla de “reformas profundas” que incluyen lo que él llama “redimensionar” las instituciones del Estado y establecer un régimen parlamentarista que traslade mucho del poder que tiene el presidente hacia la Asamblea Nacional.



—¿Usted se ha comunicado con el doctor Alemán?

—En estos días tuvimos una comunicación, precisamente cuando estábamos en el hotel, en la conferencia (viernes). Era para ver la unificación de las elecciones.



—¿Cara a cara?

—Por teléfono.



—Nos dijeron que usted lo visitó en la cárcel el día anterior a su liberación.

—Nos hemos estado comunicando telefónicamente.



—¿Qué tan grande es el paquete de reformas que están acordando?

—Aquí ha habido una grita de gente que se autodenominan representantes de la sociedad civil, aunque no sé quién los ha electo a ellos. Y han insistido en que es necesario hacer reformas en los poderes del Estado. Y aquí tenemos que tomar decisiones. Si queremos hacer reformas al Poder Judicial, al Poder Electoral, a los poderes del Estado, necesitamos respetar la institucionalidad. La manera más sencilla de hacer esto es recurriendo a la Asamblea Nacional, que es a quien le corresponde hacerlo por ley. Y como esas reformas demandan 56 votos, hay que recurrir a los partidos que tienen los 56 votos.



—Esta negociación es un dame que te doy. Ustedes ya consiguieron la unificación de las lecciones... ¿Qué le va a dar el Frente Sandinista a los liberales?

—La unificación de las elecciones no sólo era un interés nuestro, sino también de los liberales. Esto de posponer las elecciones debería ser interés de todos, porque nos estaríamos ahorrando 418 millones de córdobas.



—¿Por qué se les ve a ustedes ahora tan austeros, tan puntillosos, y en el pacto pasado no tuvieron esos mismos criterios cuando se agrandó el Consejo Supremo Electoral, la Corte Suprema de Justicia, la Contraloría, significando un gran incremento en el presupuesto.

—Si la reforma que se hizo con el PLC implicó gastos, no se resuelve esto gastando más, sino al contrario, busquemos cómo si eso está redimensionado, si eso está provocando demasiado gasto, hay que reducirlo. Hay que buscar cómo actuar positivamente y no amarrarnos al error que se cometió.



—¿Usted reconoce como un fracaso las reformas, el pacto, cómo se conoce popularmente?

—No, no. Yo creo que fueron necesarias. Le dieron tranquilidad al país. Le dieron la oportunidad al país de un tránsito pacífico en las elecciones, a pesar que nosotros cuestionamos esa elecciones. Incluso crearon condiciones para continuar el camino para la condonación de la deuda. Porque la condonación de la deuda tiene un largo recorrido. Se arranca con el gobierno de la señora Chamorro, toma más fuerza con el gobierno del doctor Alemán, y está culminando con una extraordinaria gestión que nosotros reconocemos, un trabajo muy abnegado, de parte del presidente Bolaños. Ese acuerdo que llamaron pacto le dio estabilidad al país.



—¿No ve algunos desaciertos de esos acuerdos?

—No fueron perfectos. Pero eran los acuerdos que se podían tomar en ese momento. Creo que es importante que estemos convencidos que es necesario redimensionar estas instituciones en correspondencia con la realidad económica y social del país, por un lado, y redimensionarlas desde el punto de vista política para que tengan mayor credibilidad.



—¿Eso significaría achicarlas?

—En el caso del Consejo Supremo Electoral.



—¿Estas reformas piensan hacerlas ahora mismo?

—Tenemos que abordarlas en todo este período. Sobre todo el próximo año.



—¿Usted cree que se mantendrá el acercamiento con los liberales tal como está planteado ahora?

—En esto nunca está dicha la última palabra. Somos adversarios políticos.



—¿Se arrepiente de algo en la conducción que ha hecho del Frente Sandinista desde el noventa para acá? Digo, a la luz de la piñata, el pacto y este repacto...

—No, no. El arrepentimiento no resuelve nada. Es muy cómodo el arrepentimiento. Hay que tomar en cuenta los resultados que se han tenido. Se han dado los pasos que era posible dar. Lo que fueron las leyes que defendieron el derecho de los campesinos a ser beneficiados, lo que llaman la piñata, lo que fueron los acuerdos con doña Violeta, lo que fueron los acuerdos con el doctor Alemán y los que hemos ido tomando con el presidente Bolaños, han sido acuerdos necesarios para el país, donde el Frente ha tenido sus costos. Hemos pagado costos. En todo esto hemos pagado costos.



—¿No es un error su reiterada participación como candidato electoral del Frente Sandinista?

—Más bien me llama la atención la preocupación de mis adversarios, porque si mis adversarios no consideran que Daniel Ortega no es el mejor candidato para el Frente, habría que quedarse callado y dejar que el Frente siga con Daniel Ortega para que siga perdiendo. Lo que pasa es que se dan cuenta que la representatividad que tiene Daniel en el Frente, es un acumulado que no se puede trasladar. El liderazgo no se traslada. Si nosotros nos hubiésemos ido con otra candidato, quién sabe si hubiésemos llegado al 30 por ciento de los votos. Por eso nuestros adversarios apuntan a liquidar la figura de Daniel Ortega, porque se dan cuenta que en este momento histórico es la fuerza aglutinante del sandinismo, que le garantiza al sandinismo la posibilidad de tomar nuevamente el poder.



—¿Ya está decidido a participar en la nueva campaña electoral?

—Yo siempre he estado dispuesto a librar esta batalla en cualquier lugar y espacio. Y entiendo el papel que me toca jugar en esta etapa de la historia. Tengo la responsabilidad histórica de luchar por llevar nuevamente al Frente al gobierno. Creo que las condiciones son cada día más favorables. Esta situación que estamos enfrentando ahorita nos trae costos. No lo niego. Algunos compañeros que no pueden entender se pueden afectar por todo lo que está pasando, sobre todo por el peso de la campaña que el Gobierno promueve en los medios de comunicación. Paga mucha plata el Gobierno en los medios de comunicación para tratar de confundir. Nosotros vamos a superar este momento. Y vamos a continuar este proceso de acumulación de fuerza”.



—Usted ya habrá oído a los que dicen que Daniel Ortega tiene obsesión por volver a ser presidente.

—Son opiniones y yo tengo que respetar todas las opiniones.



—A propósito de opiniones, en una entrevista, hace varios años, Bolaños decía que se le revolvía el estómago sentarse a la par de Daniel Ortega. Luego dijo que Daniel ha cambiado...

—A mí nunca se me ha revuelto el estómago. No soy de emotividades ni de resentimiento. Nunca se me ha revuelto el estómago sentarme con don Enrique, así como él decía que yo he cambiado, yo diría más bien que no me conocía.



—Bueno, con los últimos acontecimientos debe haber cambiado nuevamente su opinión.

—No sé. No creo... Es como que yo cambiara mi opinión sobre don Enrique...



—¿Cuál es su opinión sobre don Enrique?

—Pienso que don Enrique es una persona llena de buenas intenciones. Se lo reconozco y se lo admiro. Es una persona muy tenaz en los objetivos que se plantea. Pero tiene una enorme debilidad: no tiene equipo. Lo veo muy solo. Lo que tiene después son círculos de influencia: unos que le tiran por aquí, otros que le tiran por allá.



—¿Y de Arnoldo Alemán qué opinión se ha formado?

—El doctor Alemán... Yo he reconocido en él la virtud de haber organizado el partido liberal. Me parece que ha actuado con una falta de tacto. Una falta de cuidado. Ha tenido mucha fuerza en cuanto a liderazgo, pero es muy atropellante. Muy marrullero. Incluso en una ocasión yo le dije que es como el bujoncito de barrio, con todo el respeto que merece. Yo no tengo una confianza ciega con el doctor Alemán. Todo lo que se pueda acordar con él yo siempre (lo reviso) con pinzas. Él es un tramposo. Un marrullero.



—¿Tiene más confianza en Bolaños?

—El ingeniero Bolaños me ha parecido una persona... confiable. Sí, confiable. Yo he perdido bastante la confianza (que le tenía por) que si consideraba que ya no iba a platicar con nosotros, lo hubiera dicho, pues. No nos vamos a molestar por eso.



—¿Cuáles son los peores escenarios que ustedes han vislumbrado en esta crisis?

—Creo que sería absurdo pensar en un estado de emergencia. Se ha hablado hasta de traer los Cascos Azules... ¡Una locura! La solución es buscar el diálogo entre la Asamblea Nacional y el Ejecutivo. Y respetemos el Poder Judicial. ¿Qué tiene que estarse metiendo el Poder Ejecutivo con el Poder Judicial?



—¿Con o sin la participación del Ejecutivo van a encaminar estas reformas?

—Sí, ya hemos tomado la decisión de avanzar en esta dirección. Estamos arrancando con la reforma que es compartida. Yo estoy seguro que el Presidente apoya esta reforma de unificar las elecciones.



—¿El Frente Sandinista va a insistir en un régimen parlamentarista que le quite poder al Ejecutivo?

—Yo pienso que Nicaragua necesita eso. Si queremos terminar con la amenaza de los caudillos, tenemos que acabar con el presidencialismo. Se puede hacer una reforma profunda para traerle más poderes al Parlamento, pero a la vez crear asambleas o congresos del pueblo donde esté representada la sociedad civil. Que sea esto la contraparte del poder municipal. Que la Alcaldía esté subordinada a esa asamblea. Y que a la vez haya asambleas departamentales que se pueda compartir las tomas de decisión que van al Parlamento nacional.



—¿Cómo podríamos confiar los nicaragüenses en que este repacto no será nuevamente una repartición de poderes?

—Nosotros estamos planteando un acuerdo entre las principales fuerzas políticas, donde también se tome en cuenta al Ejecutivo.
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“No soy de emotividades ni de resentimiento”