LUNES 24 DE NOVIEMBRE DEL 2003 / EDICION No. 23282 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




La pornografía es indecente y degradante

Roberto Rosales

En nuestra sociedad hay una notoria contradicción en este tema o toda esta materia, pues si bien relega la pornografía a las zonas especiales de los video clubs, se valora muy positivamente el erotismo, tal como muestran los medios de comunicación, la publicidad o las modas. Por ejemplo, las transparencias y exhibiciones de las modelos en los desfiles de alta costura o desfiles nacionales, como lo mostró en primera plana un diario local hace algunas semanas, son un preciso indicador de este ambiente erotizado que multiplican los medios de comunicación. Hay personas que tienden a pensar que el erotismo es un valor cultural que puede llegar a ser un arte exquisito y sofisticado. Sin embargo, el erotismo prácticamente es un sinónimo de pornografía; afirmar lo contrario es un eufemismo.

Algunos hemos tenido la decepción ante una película del cine o de televisión que prometía ofrecer una buena distracción o mostrar algunos valores, y que tristemente es empobrecida con la inclusión de escenas pornográficas que no aportan nada a la película ni al tema. Y es que este recurso fácil es para lograr un mayor éxito comercial, explotando la sensibilidad y la intimidad del hombre. La influencia más negativa es que empobrece la imaginación de varones y de mujeres, hasta el punto de llegar a conformar reductivamente las relaciones entre ellos.

A la vez, encontramos signos positivos en las mismas personas que hacen cine. Andy García, conocido actor y productor cubano, responde a una periodista de El Semanal del 31-8-2003, suplemento dominical de varios periódicos españoles, ante la pregunta de las escenas con desnudos: “Prefiero interpretar las escenas de amor de la manera más elegante posible. Creo que el cine de hoy es demasiado obvio y prosaico. No es mi estilo y nunca lo será. Ver a dos personas desnudas haciendo el amor en una película carece de todo romanticismo. En el cine hace cincuenta años todo era más delicado y eso obligaba al espectador a poner en marcha la imaginación”. Agrega además el artista que la industria del cine de Hollywood tiene la falsa idea de que las secuencias eróticas venden, pero en realidad lo que vende es una buena película.

¿Cómo podemos sumarnos al esfuerzo para contrarrestar esta marea de la pornografía que nos está invitando a comportarnos como bestias y no como hombres? A esta interrogante responde el profesor Nubiola (cfr. Aceprensa 121/03) animándonos a “rechazar sistemáticamente la pornografía en todas sus formas y denunciar su carácter degradante tanto para las mujeres en ella utilizadas como para los consumidores”. Ante esta sugerencia se me viene a la memoria una práctica común en muchas familias en un fin de semana: ir a un video club a rentar una película. Hasta aquí todo va bien, pero, qué pasa cuando llegan al sitio y quieren alquilar el último estreno de Walt Disney… a veces hay que pasar por el estante de las películas “para adultos”, es decir las pornográficas.

Se ha perdido un mínimo de decencia y nos quedamos igual. Soy el primero en acusarme de no haber hecho nada, pero estamos a tiempo de escribir una carta al propietario, no porque seamos unos aguafiestas, sino porque queremos que se nos trate como personas. Como esto hay muchas otras cosas que tal vez no les hemos puesto cabeza. Otro ejemplo que puede quedar para la consideración del lector: las vallas publicitarias.

Pienso que no exagero al sugerir que nos preguntemos qué mundo queremos. No tengamos miedo a exigir unos medios de comunicación, cine y literatura, que contribuyan no simplemente el entretenimiento, sino a la educación del ser humano.

El autor es ingeniero mecánico industrial.
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