A la tía, mi guía, la maestra excepcional
A un aniversario de haber entregado su alma al Señor, la Profesora Lylleana RothschuhTablada
En esos mis arrebatos, según dicen propios de la edad de adolescente, y porqué no decirlo parte de la desatinada herencia de padre y madre, habías aparecido TÍA LYLLEANA, como esa luz que habría que conducirme por el sendero que inculcan los ROTHSCHUH, el de la perfección humana, sin un sorbo de guaro, sin un sorbo de cigarro, sin trasnochar, metidos en los libros, siendo excelentes estudiantes, dando el ¡Santito! con las manos juntas para obtener la bendición: ¡Buenos días de Dios! –como acostumbró la bisabuela Isaura, aunque en cosa de mujeres sean… un Vicente Fernández, me refiero a los hombres, porque de las mujeres he de decir que llevan en su sangre, el malgeniado e impositivo carácter de la ITA, María del Carmen, pero todas luchadoras, emprendedoras.
Fuiste esa luz que encendiste en tu inquieto sobrino, igual que fuiste la luz de la enseñanza que llevaste durante 41 años a centenares de chontaleños, ahora profesionales, ministros, diputados, empresarios y especialmente MAESTROS, como vos, con vocación, entrega, sacrificio y la sed de saber más para dar más, por eso fuiste merecedora de tantos reconocimientos y la distinción de Mejor maestra del Departamento.
Recuerdo que me decías: “Las cosas materiales no representan nada, uno puede o no tener dinero, lo que más vale para enfrentarte a la vida son los estudios, eso es lo que queda por siempre, eso te hace valer”. Te resumo TÍA LYLLEANA: respetuosa, intachable, íntegra y asida a tu familia, pegada a la ITA, que primero se nos fue y a la Tía Deyfilia, que llora silenciosamente el pedazo de su vida que perdió, pero que está cumpliéndote al velar por tus hijas y ese nietecito que extrañas desde el más allá.
Pero de los breves momentos que compartí tus enseñanzas, he de tener presente en lo que insististe: “Hay quienes dicen ser amigos y no lo son, uno debe saber identificar a los verdaderos amigos, a quien contribuye a tu formación y no al que te conduce a las vagancias que no dejan nada”.
Te fuiste cuando menos lo esperaba, pero dejaste cuajado en mi memoria tus consejos, como cuajó la vida de Uds. la ITA al moldear con sus alargadas y delicadas manos, en la rutina diaria ese rico producto extraído de la ganadería chontaleña, principal inspiración del Tío Guillermo. Te fuiste, pero estás por siempre entre los tuyos: tus hijos, tus hijas, esposo, hermanos(as), nietos, sobrinos y en la generación familiar. Una oración, un beso y mi infinito agradecimiento.
Oscar Conarys Paz Rothschuh

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