LUNES 17 DE NOVIEMBRE DEL 2003 / EDICION No. 23275 / ACTUALIZADA 12:10 am





EL HUMOR DE




¡Mamá! no quiero ir a la escuela

Lic. Ernesto González Valdés*
revista@laprensa.com.ni

El asistir a la escuela usualmente es un evento agradable para los niños pequeños. Para algunos esto conlleva miedo o pánico. Los padres tienen motivo de preocupación cuando el niño se enferma debido a la tensión, “finge estar enfermo” o exagera síntomas físicos para quedarse en la casa y no ir a la escuela.

A menudo, el niño de entre cinco y diez años de edad que se comporta de esta manera está padeciendo un temor paralizante por tener que dejar la seguridad de la familia y de la casa. Es muy difícil para los padres hacerle frente a este pánico infantil, pero estos temores pueden tratarse exitosamente con ayuda profesional.

Este miedo irracional suele aparecer por vez primera en niños que asisten por primera vez a la escuela, en el caso de preescolar, sobre todo los que se incorporan con sus seis añitos al primer grado. ¿Qué enfermedades “aparecen” en el pequeñín o chavalito? Desde quejas de dolores de cabeza, de garganta hasta del estómago y justo “casualmente” antes de la hora de irse a la escuela. Y que si usted blandenguemente acepta, posiblemente el “bebé” de forma “mágica” se mejora cuando se le permite quedarse en la casa, pero reaparece a la mañana siguiente antes de ir a la escuela. En algunos casos, el niño se niega por completo a salir de la casa.

El negarse a ir a la escuela aparece generalmente después de un período en el que el niño o la niña ha estado en la casa en compañía de sus abuelos (y no es que tenga nada en contra de los suegros) por ejemplo, después de las vacaciones, o después de una breve enfermedad. Puede pasar después de un evento que le produce estrés, tal como la muerte de un familiar o de una mascota, un cambio de escuela o una mudanza a un vecindario nuevo.

Pero no necesariamente todas son astucias del pequeño o la pequeña, pueden existir causas, que deben preocuparnos a nosotros los padres, y por tanto debemos atenderlas. Por ejemplo: un niño que duerma solo en su cuarto puede conllevar a que se convierta en una persona insegura y por tanto busque apegamiento a sus padres, que en algunos casos se convierten hasta en la sombra de sus padres en el hogar. Otras causas pueden ser: dificultades para dormir, un miedo exagerado y un temor irreal hacia los animales, monstruos, o simplemente la oscuridad, (que cuando esto ocurre posiblemente debamos pensar en un especialista).

Por supuesto nunca debemos ir a los extremos, ya que el niño también puede desarrollar serios problemas escolares y sociales si deja de ir a la escuela y de ver a sus amigos por mucho tiempo. Es importante por todo lo anterior que en esto la familia haga un trabajo de equipo, entiéndase unirse la pareja: papá-mamá, la hermana mayor, en el sentido de acompañarlo a la escuela, mostrar cariño en que te recogeremos a la salida (aunque haya que pedir permiso a un jefe, que ojalá sea comprensible), para el retorno a casa, resulta vital, que esta problemática también la maneje la dirección del centro y sobre todo el profesor o profesora guía.

Que al llegar a casa hablemos acerca de cómo le fue en la escuela, que le preguntemos de sus amiguitos, —siempre sin atiborrarlos al respecto—; que en la propia casa tenga un espacio en la mesa del comedor para hacer la tarea, junto a sus hermanos y así poco a poco irá creando en el más pequeño de la casa, que la escuela es un lugar fabuloso.

* egonzav@uam.edu.ni
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