LUNES 17 DE NOVIEMBRE DEL 2003 / EDICION No. 23275 / ACTUALIZADA 12:10 am





EL HUMOR DE




Choferes de buses

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Adolfo Bonilla*

Hay que revisar y corregir cada uno de los aspectos del sistema vial, pero se puede comenzar por los choferes de autobuses, ya que éstos son un blanco visible y un punto neurálgico en el engranaje del transporte colectivo urbano de la capital.

En este sentido, lo primero que se tiene que exigir del chofer es que aprenda a manejar un bus de pasajeros. No basta con tener una licencia para manejar vehículos motorizados, puesto que conducir una unidad que transporta personas humanas requiere de habilidades especiales.

Por ejemplo, debe saber cómo iniciar la marcha del vehículo y frenar sin que le cause mucha conmoción a los pasajeros, ya que en la actualidad es un continuo zangoloteo al que se somete a los infortunados pasajeros, desde que se suben a la unidad hasta que se bajan. Es costumbre generalizada de los conductores de buses manejar como si fueran solos y manejando una motocicleta, porque se cuelan por todos lados y ejecutan cualquier maniobra temeraria. Es problema de ellos arriesgar su propia vida, pero no tienen ningún derecho a poner en peligro a todas las personas que depositan su confianza en ellos ni a los que inadvertidamente transitan en los alrededores a pie o en otros automóviles.

Uno de los factores que influyen para que los que viajan en un autobús se mantengan en constante zarandeo, es que el chofer hace toda clase de maniobras bruscamente porque no sabe o no le interesa aprender cómo cambiar de carril, cómo aventajar a otro vehículo en la vía o cómo aumentar o disminuir la velocidad sin que le cause incomodidad innecesaria a los viajeros.

Normalmente se esgrime como justificación de todos estos desmanes el cumplimiento de un itinerario impuesto por las empresas de transporte colectivo; sin embargo, es mi criterio que nada debe estar por encima de la seguridad y comodidad del pasajero. ¡Así de sencillo! Ya es hora de que entremos a trabajar de lleno para forjar una sociedad civilizada en Nicaragua.

La forma en que se transporta a los ciudadanos en estos armatostes constituye de por sí una falta total de respeto a la dignidad de las personas, y eso sin tomar en cuenta la arrogancia de estos señores frente a los usuarios.

Por otra parte, de permitírsele al chofer encender la radio, debe ser de estricto cumplimiento que la mantenga con el volumen al mínimo, ya que este aparato distrae la atención de la tarea de conducción; y si el volumen se mantiene al máximo, el conductor no está en capacidad de escuchar otros sonidos del tráfico y ni siquiera puede oír la solicitud de “parada”.

Para comenzar a darle la categoría que un servicio de este tipo debe tener, es necesario dotar al conductor de uniforme; de esta manera comenzará el chofer no sólo a proyectar una imagen de respetabilidad ante el público, sino también a respetarse a sí mismo. Una persona que no se respeta a sí misma jamás podrá respetar a los demás.

Por supuesto que hay mucho más que comentar sobre este asunto, pero con sólo lograr estos aspectos mínimos significaría un gran logro en los anhelos de la población que utiliza el transporte colectivo. No obstante, hay muchísimos otros aspectos de este tema sobre los que habría que seguir machacando, para iniciar al fin un proceso de modernización de este indispensable servicio a la población capitalina.

* El autor es periodista y escritor.
mosanbon@ibw.com.ni
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