LUNES 17 DE NOVIEMBRE DEL 2003 / EDICION No. 23275 / ACTUALIZADA 12:10 am





EL HUMOR DE




Migrantes nicas
Menos empleo en Costa Rica

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. Tiene más de diez años de estar indocumentada en Costa Rica y hace seis meses sin trabajo. Las oportunidades disminuyen para los nicaragüenses en el país vecino, mientras un obispo costarricense pide al Gobierno de Managua que dé cédulas a los migrantes, para ayudarles a mejorar su situación legal

Los migrantes nicaragüenses se encuentran en el mercado de Upala, de donde viajan a las comunidades aledañas.

 

Douglas Carcache
douglas.carcache@laprensa.com.ni

PRIMERA ENTREGA
UPALA, COSTA RICA.- A las nueve de la mañana Margarita Jiménez salió desconsolada de la oficina de Migración en Upala, porque le negaron el permiso laboral temporal que necesita desde hace seis meses, para conseguir un empleo aquí, como doméstica o jornalera en los plantíos agrícolas.

Ella es también uno de los 200 mil nicaragüenses que en Costa Rica necesitan la cédula de su país de origen, aunque en Managua el Consejo Supremo Electoral (CSE) se resiste a entregar pronto ese documento a los migrantes, a través de los consulados, como le ha propuesto la Cancillería.

Cuando un capataz de las bananeras de Limón supo que Margarita padecía de diabetes, en marzo pasado, la despidió por temor a que sufriera una cortadura y se enfermara más. Ahora vive en Cartago Norte, cerca de Upala, donde recibe atención y medicinas en los hospitales, pero tiene menos posibilidades de trabajar.

El obispo de Ciudad Quesada, Costa Rica, monseñor Ángel San Casimiro envió una carta al Gobierno de Nicaragua, en septiembre, pidiéndole que ayude a documentar a los miles de migrantes que, por falta de una cédula nicaragüense, están impedidos de hacer trámites para regular su estadía en suelo costarricense.


PERDIO AMNISTIA

Margarita tuvo la oportunidad de legalizarse en Costa Rica en el año 1999, cuando este país favoreció con una amnistía a los inmigrantes, y la desaprovechó, según explica, porque en la finca bananera Arenal Dos, donde trabajaba entonces, le impidieron ir a inscribirse a Puerto Limón, distante 80 kilómetros.

Si los nicaragüense que viven indocumentados en Costa Rica, poseyeran al menos una cédula de Nicaragua, tendrían una ventaja más para realizar cualquier trámite legal en ese país.

“Les ayudaría porque es un documento legal y válido para identificar a una persona, —afirmó el director de Migración en San José, Marcos Antonio Badilla—. Ayuda en cualquier proceso que implique la tramitación de alguna condición en Costa Rica, mejoraría los niveles o las formas para regularizar a los que están acá”.

Noel Gutiérrez Cortés, el compañero de vida de Margarita, es costarricense, pero ese vínculo aún es insuficiente para que ella obtenga la cédula tica, porque ni son casados ni tienen hijos en común.


COLMAN IGLESIAS

El vicecanciller nicaragüense, Salvador Stadthagen, dijo que sólo falta que el Consejo Supremo Electoral (CSE) entregue los formularios de cedulación para comenzar a documentar a los migrantes en el exterior, tanto en Costa Rica como en Estados Unidos, a través de las oficinas consulares.

El presidente del CSE, magistrado Roberto Rivas, sabe que la ley le obliga a cedular a esos nicaragüenses en el extranjero, sólo que prefiere cambiar antes el sistema de registro por otro moderno y documentar primero a los que viven dentro de Nicaragua, lo que requerirá una inversión de nueve millones de dólares.

“Ya tuviera dos güilas”, dice Margarita acentuando la tristeza de sus ojos, después de relatar que ha perdido dos embarazos a los tres meses de gestación. Si hubiera dispuesto de la cédula nicaragüense tal vez ya estaría casada.

Por cada diez fieles católicos que acuden a las iglesias de Ciudad Quesada, nueve son inmigrantes nicas, una razón para que monseñor San Casimiro insista en que las autoridades de Nicaragua les dé más apoyo.


MAS CONFIABLES

“Amor con amor se paga”, susurra San Casimiro después de meditar un poco, mientras conversamos en su oficina. Él trata de explicarnos que así como los migrantes ayudan a la economía de Nicaragua con remesas de dinero, el Gobierno nicaragüense tiene que respaldarlos, al menos facilitándoles una identificación de su país.

“Un nica lo que ansía es demostrar que él es fulano de tal y que quiere trabajar”, comenta el obispo costarricense. “Con esa cédula pueden iniciar su regularización, porque dicen que son nicaragüenses pero no lo pueden probar”.

El director de Migración costarricense, lo confirma: “Siempre les vamos a pedir certificados y antecedentes legales, pero si ya existe una cédula, es un documento confiable, les ayudaría”.

Margarita salió del poblado nicaragüense de San Jorge, Rivas, en el año 1991 y llegó indocumentada a la ciudad de San José, donde trabajó como doméstica durante dos años, hasta retirarse a Puerto Limón, en la región caribeña, porque en la capital empezaron a solicitarle identificación.

A la amnistía migratoria de 1999 acudieron 147 mil 938 nicaragüenses y es probable que la mitad ya estén otra vez indocumentados, por desatender la renovación anual de sus permisos, dijeron pastores evangélicos que les ayudan en trámites.


¿POR QUE COBRARLES?

Para el magistrado Rivas, dotar de cédulas a los nicaragüenses en el exterior es más complicado de lo que supone la Cancillería, porque, además de enviar los formularios a los consulados, habría que entrenar gente para que tomen la foto a los migrantes y les ayuden a “poner la huella dactilar”.

El Gobierno de Nicaragua captaría unos 17.5 millones de dólares, si cedularan a 500 mil migrantes en Estados Unidos y 200 mil en Costa Rica, porque a cada persona le cobrarían 25 dólares por el documento.

El obispo de Ciudad Quesada, que todos los días atiende problemas de inmigrantes, preferiría que las autoridades de Nicaragua liberaran a estos ciudadanos de algunos cobros, en esos trámites. “Así como pedimos que nos liberen de la deuda externa, ¿por qué no dejar de cobrarles a estos hermanos..?”

De un día para otro, el salario de Margarita se redujo en 35 por ciento, por trabajar sin ningún permiso de las autoridades ticas. Ganaba 12 mil colones (34 dólares) por semana en San José, pero se fue a Limón por ocho mil semanales (22 dólares) en 1994. En cambio, sus esfuerzos aumentaron porque a las bananeras llegó a laborar en la fonda, a veces de la una de la mañana hasta las ocho de la noche, preparando la comida de los obreros.


REVISAN CONVENIO

El embajador de Nicaragua en Costa Rica, Mauricio Díaz, sólo espera la orden de cedular a los migrantes, para montar un consulado móvil, con la anuencia de las autoridades ticas, que facilite su registro en sitios alejados como Sixaola, Sarapiquí y Upala, en las mismas plantaciones agrícolas donde trabajan los nicaragüenses.

Los migrantes llenarían la hoja de solicitud y la entregarían a los agentes consulares, “pero quien determinará a quién le dan cédula es el Consejo Supremo Electoral”, explicó el secretario general de la Cancillería nicaragüense, Armando Boza.

Dotar de cédulas a los migrantes es un asunto de derechos humanos, opina Boza, quien parece dispuesto a presentar un recurso de amparo ante la Corte Suprema de Justicia en Managua, si el Consejo Electoral incumple la ley en ese sentido.

Las fincas de Upala, donde cultivan naranjas y otras frutas para la exportación, pagan ahora un promedio de 2,400 colones (5.8 dólares) por día a los trabajadores de campo, pero sólo Noel, el compañero de Margarita, ha podido conseguir empleo. Para ella ha sido difícil durante seis meses.

Norma Ortiz, funcionaria de Migración en Upala, explicó que a ningún nicaragüense le pueden dar permiso laboral en estos días, porque “el convenio no está normado”. Se refería al reglamento que discuten las autoridades de los dos países, para que los trabajadores nicas entren por temporadas sólo a levantar las cosechas.


MAQUINA LOS DESPLAZA

Noel comenta que en las zonas rurales alejadas, los nicas indocumentados ya sólo consiguen trabajo mediante contratistas, “pero éstos pagan menos y sin seguro”.

El desempleo abierto entre los inmigrantes en Costa Rica ya llegó al 8.8 por ciento este año, informó el Ministerio del Trabajo de ese país.

Las autoridades estiman que el 80 por ciento de los extranjeros son nicaragüenses y es probable que más de 25 mil estén en la desocupación, ya que la fuerza laboral nica ha sido calculada en 300 mil personas.

El último censo realizado en Costa Rica, en el año 2000, indicó que había en ese país 226 mil 374 nicaragüenses establecidos, pero diferentes especialistas costarricenses estiman que para entonces ya existían allí unos 350 mil nicas.

El aumento del desempleo entre los inmigrantes, se debe en parte a la caída de la producción de café en siete por ciento, entre el 2002 y el 2003, y a la de banano en seis por ciento.

Además, en los plantíos de caña de azúcar sólo contrataron, durante la última zafra, a cuatro de cada 10 jornaleros que habían trabajado en el corte anterior, porque los empresarios introdujeron una nueva maquinaria capaz de sustituir a 120 obreros.


MAS COLOMBIANOS

Monseñor San Casimiro confirmó que el empleo ha escaseado en Costa Rica y la pobreza ya afecta al 20 por ciento de la población. “Aunque se quisiera, no se puede satisfacer las necesidades de todos los que vienen —dijo el obispo—. Se ha incrementado el ingreso de (migrantes) colombianos, chinos y ecuatorianos”.

Sólo en el año 2002, la población colombiana refugiada pasó de 3,900 a 7,600 personas, indican informes oficiales.

Las inmigrantes nicaragüenses trabajan más en el sector informal en Costa Rica, como domésticas, por lo que seis de cada diez se ubican en zonas urbanas y el resto en áreas rurales, detectaron investigaciones de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso).

A la once de la mañana llegó al mercado de Upala el bus que esperaban Margarita y Noel, para regresar a Cartago Norte. Era 15 de octubre del 2003 y ella, con 40 años de edad, se despidió mascullando su problema: “No puedo ni regresar a Nicaragua, por falta de una identificación”.


BUEN INGRESO

200 mil migrantes podrían requerir cédulas nicaragüenses en Costa Rica.

500 mil nicaragüenses que viven en Estados Unidos, también carecen de cédula, calcula la Cancillería.

2 millones de dólares anuales recauda el Ministerio de Hacienda por los cobros que hacen todos los consulados de Nicaragua.

600 ó 700 mil dólares provienen de servicios legales que brindan los consulados, como poderes, fe de vida y autenticación de documentos.


AUN GANAN

En Costa Rica, el ingreso promedio de los inmigrantes nicaragüenses es de unos 253 dólares, cifra inferior en 30 por ciento al ingreso promedio de la población costarricense, pero superior en más del 17 por ciento al ingreso promedio en Nicaragua, calculado en 204 dólares por el Banco Central, afirma el sociólogo tico, Carlos Castro Valverde.


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