DOMINGO 16 DE NOVIEMBRE DEL 2003 / EDICION No. 23274 / ACTUALIZADA 12:00 am





EL HUMOR DE




“Dios busca un verdadero profeta para la causa de su reino”

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Santos Amador Mairena*

Una espesa y oscura nube envuelve la nación. Nos sobresalta la incertidumbre de qué ocurrirá hoy. Ésta es la pregunta cotidiana de todo un pueblo que se encuentra en total desesperación, somos víctimas de un sistema que ha destruido los valores donde el respeto a la palabra y el compromiso no tiene ningún valor.

El respeto a los demás es una vieja referencia, la solidaridad y la compasión se han quedado agotadas en el transcurso del tiempo. La verdad y la honradez son cuestionadas como una actitud de tontos, que no se juegan el todo por el todo, para aprovechar cualquier circunstancia que se le presente en la vida, ya que después no habrá otra oportunidad que le permita asegurarse el futuro. Es irónico, pero la mentira toma fuerza y se legitima como una verdad absoluta y el fin justifica los medios.

La mentira es una vieja herramienta usada por todos los que, queriendo emerger en la vida social, económica, política y religiosa, la usan para proteger sus intereses, son aquellos capaces de vender su alma al diablo con tal de sobresalir constantemente. Por eso cuestionan la cosa económica, pero mucho de estos críticos hicieron sus capitales al amparo de esas oportunidades que critican. Es más, sus capitales los tienen en bancos extranjeros facilitando oportunidades para otros pueblos, y no a sus connacionales.

Por otro lado encontramos inversionistas nacionales que la primicia de sus intereses está sobre la persona humana, no pagan salarios dignos que permita a los obreros cubrir sus necesidades elementales, todo esto sucediendo en un gobierno que presentó un plan de desarrollo donde al pueblo se le venden ilusiones, ya que al terminar su período constitucional, saborearemos el trago amargo de un gobierno que pasó sin pena ni gloria.

La comunidad internacional ha propuesto tantos planes económicos que en la práctica somos experimentos en probetas de ensayos de proyectos económicos que nos han hecho más dependientes y pobres, y con menos oportunidades de desarrollo humano. Estos planes económicos son el viacrucis que lleva al pueblo a la muerte, como pasó con Cristo en el Gólgota, asesinado por el imperio romano.

Hace pocos días dirigentes políticos de gobierno y empresarios de este país despidieron con grandes honores al señor José Miguel Máiz Carro, quien se hizo merecedor de una placa de reconocimiento por los cobros ilegales que durante su administración realiza la transnacional Unión Fenosa.

Los nicaragüenses están de luto todos los días porque mueren cientos de ellos al no tener la misma oportunidad de salir adelante por encontrarse en desempleo, con terribles cargas tributarias, sin un sistema de salud que atienda sus mínimas necesidades de prevención, o curación. No hay medicina, los trabajadores de la salud y los maestros tienen salarios miserables. La niñez en su totalidad se encuentra sin oportunidad de ir a la escuela, sus padres carecen de recursos para comprar útiles escolares y uniformes, las tarifas de los servicios básicos, agua, luz, teléfono y la canasta básica han aumentado considerablemente hasta convertirse en un gran dolor de cabeza para todos los ciudadanos.

Se trata de garantizar la seguridad ciudadana construyendo cárceles como solución a la inseguridad ciudadana. La realidad es que el pueblo nicaragüense necesita trabajo, educación, salud y recursos económicos que le permita salir adelante. En este contexto se necesita una voz profética, la Iglesia no ha jugado el rol que le corresponde como verdadero profeta de Dios: anunciar las buenas nuevas y denunciar el pecado de injusticia social. La Iglesia anuncia verdades a medias y en algunas oportunidades se ha parcializado con intereses que no son los del reino de Dios. Muchos ministros religiosos manipulan la fe del pueblo violentando su conciencia y justificándolo desde una falsa y errada interpretación de las sagradas escrituras, no siendo capaces de interpretar las señales de los tiempos, del verdadero amor de los que buscan en el Evangelio una salida a sus problemas cotidianos.

Dios busca verdaderas y verdaderos profetas, comprometidos con la causa de su reino, capaces de levantar su voz de denuncia frente a todo sistema injusto y corrupto y anunciar y sembrar los frutos del reino entre los angustiados y desesperados, es decir, las criaturas de Dios que a diario luchan con esperanza por la sobrevivencia.

* El autor es activista de la Red Nacional de Defensa de los Consumidores.



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